
INTRODUCCIÓN
El VIH y las infecciones de transmisión sexual (ITS)
continúan constituyendo un desafío para la salud pública.
Según el Boletín N.° 42 de Respuesta al VIH y las ITS en la
Argentina, publicado por el Ministerio de Salud de la Nación
en diciembre de 2025, se estima que alrededor de 140.000
personas viven con VIH en el país, aproximadamente el 13%
desconoce su diagnóstico y cerca de la mitad de los
diagnósticos se realiza en estadios avanzados de la
infección (1). El diagnóstico temprano permite iniciar
oportunamente el tratamiento, evitar infecciones
oportunistas y fortalecer las estrategias de prevención.
Las recomendaciones contemporáneas sobre servicios de
testeo de VIH proponen superar una concepción centrada
exclusivamente en la realización de la prueba. La
Organización Mundial de la Salud sostiene que los servicios
de testeo deben garantizar consentimiento,
confidencialidad, consejería, resultados correctos y
vinculación efectiva con prevención, atención y
tratamiento. Asimismo, promueve la integración del testeo
con otros servicios relevantes (2-3).
En la provincia de Buenos Aires, la estrategia de
implementación de pruebas rápidas de VIH, sífilis y
hepatitis C plantea el diagnóstico rápido como una política
de acceso oportuno y define el asesoramiento como una
herramienta para fortalecer la autonomía en el cuidado.
También propone aprovechar la consulta para abordar
otras ITS, vacunación, prácticas sexuales cuidadas y
circuitos de derivación, tratamiento y seguimiento (4).
Este enfoque dialoga con los atributos de la Atención
Primaria de la Salud (APS). La APS comprende el primer
contacto, la accesibilidad, la integralidad, la
longitudinalidad y la coordinación como dimensiones
centrales del cuidado (5). La Organización Panamericana de
la Salud ubica a las redes integradas como una expresión
operativa de la APS, orientada a reducir fragmentación,
garantizar continuidad y organizar servicios centrados en
las personas, familias y comunidades (6).
Desde esta perspectiva, un dispositivo de testeo puede
constituir mucho más que una práctica diagnóstica. La
interacción breve generada alrededor de la prueba puede
convertirse en una oportunidad para escuchar necesidades,
identificar barreras de acceso y articular respuestas dentro y
fuera de la institución. El trabajo interdisciplinario resulta
especialmente relevante cuando las demandas exceden los
límites de una disciplina o servicio y requieren construir
respuestas frente a problemas complejos (7).
El presente artículo documenta la experiencia del dispositivo
de testeos rápidos del Servicio de Área Programática y
Redes en Salud (SAPS) del Hospital Mariano y Luciano de la
Vega de Moreno. Su objetivo es describir y analizar el
proceso mediante el cual una estrategia inicialmente
centrada en el diagnóstico rápido se transformó
progresivamente en una puerta de entrada al cuidado
integral, destacando sus adaptaciones, articulaciones,
aprendizajes, limitaciones y posibilidades de replicabilidad.
Descripción de la buena práctica
Contexto y origen
La experiencia se desarrolla en el Servicio de Área
Programática y Redes en Salud del Hospital Mariano y
Luciano de la Vega, en el partido de Moreno, provincia de
Buenos Aires. El dispositivo comenzó a funcionar en
septiembre de 2021, en el marco de la implementación de la
estrategia provincial de pruebas rápidas de VIH, sífilis y
hepatitis C.
Su puesta en marcha se produjo en un contexto sanitario
todavía atravesado por la pandemia de COVID-19, en el que
la circulación de las personas y la organización de los
espacios y servicios asistenciales continuaban
condicionadas. En ese escenario, la atención vinculada a las
interrupciones voluntarias y legales del embarazo (IVE/ILE)
constituía una de las prácticas priorizadas por el equipo, al
mismo tiempo que comenzaban a recuperarse
progresivamente otras prestaciones y modalidades de
atención. En esta primera etapa, el dispositivo de testeo
funcionó físicamente en consultorios externos, articulado
con el espacio de atención de IVE/ILE, ambos
correspondientes al Servicio de Área Programática y Redes
en Salud. Luego de la consejería correspondiente a esa
consulta, se ofrecía a las personas la posibilidad de realizar
pruebas rápidas de VIH y sífilis. El equipo había
desarrollado previamente instancias de capacitación para
personal de enfermería y de los servicios involucrados.
Esta modalidad permitió iniciar la estrategia en un contexto
todavía restrictivo y organizar circuitos ante resultados
reactivos. Sin embargo, a medida que se recuperaba la
circulación dentro del hospital y se ampliaban las
posibilidades de atención, comenzó a evidenciarse la
necesidad de extender la estrategia hacia una población
más amplia. Durante los primeros meses se observó que la
oferta permanecía fuertemente vinculada a personas que
ya habían logrado acceder al consultorio de IVE/ILE. Si bien
el dispositivo resultaba cómodo y protegido para el equipo,
su capacidad de alcanzar a la población general era
reducida. Esta observación condujo al equipo de
enfermería que lo sostenía a revisar la estrategia desde la
perspectiva de la accesibilidad.
Primera adaptación: del consultorio al hall central
A comienzos de 2022 el dispositivo fue trasladado al hall
central del hospital y comenzó a funcionar como un
dispositivo de demanda espontánea. La decisión buscó
1 Prueba no treponémica en VDRL (Venereal Disease Research Laboratory), cuyo resultado cuantitativo, expresado en títulos, se interpreta
junto con los antecedentes de diagnóstico y tratamiento de sífilis. Esto permite orientar la valoración de la actividad de la infección,
reinfección o posible cicatriz serológica, de acuerdo con el algoritmo provincial vigente.
Figura 2. Instancia de testeo y consejería en un espacio de atención del Hospital Mariano y Luciano de la Vega
Fuente: Archivo fotográfico del Servicio de Área Programática y Redes en Salud (SAPS).
aprovechar un espacio de circulación y acercar la oferta de
testeo a personas que concurrían al establecimiento por
motivos diversos (Figura 1).
La utilización de un espacio abierto obligó a resolver una
tensión entre visibilidad y confidencialidad. La posta se
organizó delimitando físicamente el sector mediante
mobiliario y cartelería, separando el lugar de consejería
del espacio de espera para el procedimiento y los
resultados. Una integrante del equipo colaboraba en la
organización de la circulación, con el objetivo de preservar
la intimidad en un entorno público.
El proyecto institucional definió posteriormente como
población objetivo a las personas que accedieran al
servicio mediante la demanda espontánea y explicitó
objetivos vinculados con la accesibilidad, la promoción de
la salud, la construcción de entramados institucionales y
la captación de situaciones complejas que requirieran
abordaje interdisciplinario.
Buenas Prácticas BP
SALUD
REVISTA DEL MINISTERIO DE SALUD DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES
Salud Publica 2026 Oct; 5
La consejería como espacio de escucha, cuidado y
acompañamiento
El traslado al hall central modificó no sólo el volumen sino
también la heterogeneidad de las consultas. A partir de esta
experiencia, la consejería pretest fue ampliando su alcance.
Junto con las preguntas sobre testeos previos, antecedentes
de sífilis, período ventana, prácticas sexuales y redes de
apoyo, el equipo comenzó a incorporar una pregunta
sencilla: qué había llevado a la persona al hospital ese día.
Esta pregunta permitió reconocer necesidades que no
necesariamente se relacionaban con VIH o sífilis.
Aparecieron personas con dificultades para obtener turnos,
acceder a medicación o sostener el seguimiento de
enfermedades crónicas no transmisibles, demandas de
salud mental, situaciones de violencia y vulnerabilidad
social, otras ITS, necesidades de anticoncepción y
prevención y personas que llevaban períodos prolongados
sin contacto con el sistema de salud. Sin embargo, este
proceso no se limitó a ampliar el tamizaje o la pesquisa de
otros problemas. La escucha comenzó a constituirse como
una dimensión central de la práctica de cuidado.
De este modo, una intervención inicialmente organizada
alrededor de una prueba diagnóstica se transformó
progresivamente en una oportunidad para escuchar, alojar
y acompañar. Cuando se identificaba una necesidad
adicional, el equipo procuraba construir simultáneamente
una respuesta posible, evitando reducir la intervención a
una orientación o derivación administrativa. Esta
transformación permitió comprender la accesibilidad desde
una perspectiva relacional: como un vínculo que se
construye entre los sujetos y los servicios de salud y que
involucra tanto las condiciones y discursos institucionales
como las condiciones y representaciones de las personas
(7). Desde esta perspectiva, la consejería adquiere valor
como tecnología de cuidado y el testeo puede constituirse
en el punto de partida de una vinculación más amplia con el
sistema de salud (Figura 2).
Circuitos asistenciales y gestión del cuidado
El dispositivo incluye consejería pretest, consentimiento
informado, realización de la prueba rápida y consejería
postest. Ante un resultado preliminar reactivo para VIH se
activa una derivación protegida a Infectología para la
confirmación diagnóstica y la continuidad del cuidado. Frente
a un resultado reactivo para sífilis se articula el tratamiento
oportuno con penicilina, la realización de serología no
treponémica1 y el seguimiento según antecedentes y
evaluación clínica. En personas con antecedentes de sífilis, la
interpretación considera la posibilidad de cicatriz serológica o
reinfección y evita utilizar de manera aislada una prueba
treponémica para definir la actividad de la infección, de
acuerdo con las recomendaciones provinciales (4). Como
parte del mismo circuito, el equipo responsable del dispositivo
realiza el registro y la notificación correspondiente en el
sistema de vigilancia epidemiológica (SISA).
La ampliación de las necesidades identificadas mostró que
Enfermería no podía responder de manera aislada a todas las
situaciones. Esto impulsó el fortalecimiento del trabajo con
otros equipos y la consolidación de un consultorio de salud
sexual articulado con el dispositivo. Actualmente, se
construyen circuitos con Infectología para la atención de
personas con resultados reactivos para VIH y el acceso a
profilaxis preexposición (PrEP) y posexposición (PEP), con
Laboratorio para la confirmación diagnóstica y el seguimiento,
con Enfermería para el tratamiento de la sífilis y con Medicina
General y el consultorio de salud sexual para el seguimiento
clínico. Según las necesidades identificadas, se articulan
además respuestas con Trabajo Social, Salud Mental y el
Equipo Descentralizado de Violencias Relacionadas al Género.
En este proceso, Enfermería asumió un papel central en la
coordinación de la línea de cuidado. Su intervención no se
limita a la realización del procedimiento técnico, sino que
comprende la consejería, la identificación de necesidades, el
acompañamiento de las personas, la articulación con otros
equipos y la construcción de circuitos que permitan sostener
la continuidad del cuidado. Esta ampliación del campo de
intervención permite reconocer una dimensión de gestión
del cuidado, que incluye planificación, coordinación,
liderazgo e integración de respuestas centradas en las
necesidades de las personas. Experiencias recientes en APS
han vinculado estas dimensiones con el desarrollo de
prácticas avanzadas de enfermería (8). En este artículo, esta
referencia se utiliza como marco para analizar dimensiones
de la práctica y no para afirmar que el dispositivo constituya
formalmente un modelo de Enfermería de Práctica
Avanzada. La organización de los principales componentes y
circuitos del dispositivo se sintetiza en la Figura 3.
Construcción de redes y ampliación de los espacios de
acceso
La ampliación del dispositivo por fuera del espacio
hospitalario se desarrolló progresivamente a partir de la
construcción de vínculos con instituciones y organizaciones
de Moreno. Más que el simple traslado de la práctica hacia
otros espacios, la experiencia fue consolidando una red de
articulaciones que permitió ampliar los ámbitos de acceso
al testeo y sostener circuitos de cuidado vinculados con el
hospital.
Durante 2025 se conformó en Moreno la Mesa
Intersectorial de VIH, otras ITS y hepatitis virales, a partir
del encuentro entre actores institucionales y comunitarios
en un contexto de preocupación por la sostenibilidad de las
políticas vinculadas al VIH y otras ITS. La Mesa reúne
actores de distintos niveles y sectores, entre ellos la
Secretaría de Salud municipal, áreas de Desarrollo Social, el
Hospital Mariano y Luciano de la Vega —dependiente de la
provincia de Buenos Aires— y organizaciones sociales y
comunitarias vinculadas al acompañamiento de personas
que viven con VIH.
La participación en esta red favoreció el encuentro entre
actores que desarrollan acciones vinculadas con VIH e ITS y
permitió ampliar los espacios en los que se ofrece el
dispositivo. A partir de estas articulaciones se realizan
actividades en organizaciones sociales y comunitarias,
instituciones municipales, espacios educativos y otros
ámbitos que convocan al equipo. Estas intervenciones
mantienen vinculación con el dispositivo hospitalario y con
el consultorio de salud sexual, de manera que las
necesidades identificadas puedan incorporarse a los
circuitos asistenciales construidos. La Dirección de
Prevención de VIH, ITS y Hepatitis Virales del Ministerio de
Salud de la provincia de Buenos Aires provee los insumos
necesarios para el desarrollo de la estrategia.
Resultados y transformaciones observadas
La transformación más evidente fue la ampliación del
acceso. En la etapa inicial, asociada al consultorio de
IVE/ILE, el número de personas testeadas por jornada era
reducido. Luego del traslado al hall central, el equipo
observó un aumento marcado de la demanda, con jornadas
que habitualmente alcanzaban aproximadamente entre 15
y 20 consultas. Dado que estos valores provienen del
registro operativo del equipo y requieren consolidación
para su análisis cuantitativo, en este artículo se presentan
como un indicador descriptivo de la ampliación del alcance
y no como una estimación de impacto.
Más allá de esta ampliación cuantitativa, una de las
principales transformaciones observadas fue de carácter
cualitativo y se relacionó con el modo de concebir y
organizar el cuidado. El dispositivo dejó progresivamente
de estructurarse alrededor de la realización de una prueba
para constituirse en un espacio de escucha,
acompañamiento y vinculación con diferentes respuestas
del sistema de salud. Esta transformación implicó modificar
no sólo el contenido de la consejería, sino también los
procesos de trabajo del equipo y los circuitos construidos
alrededor de las necesidades identificadas.
Las demandas emergentes impulsaron la consolidación del
consultorio de salud sexual y de circuitos más estables con
otras áreas. Algunas prestaciones que inicialmente no
formaban parte de los circuitos disponibles pudieron
incorporarse progresivamente a la red de cuidado. La
identificación de personas potencialmente candidatas a
profilaxis preexposición (PrEP), por ejemplo, requirió construir
mecanismos de articulación con Infectología para facilitar su
evaluación y acceso. De manera similar, las necesidades
vinculadas con otras ITS, enfermedades crónicas, acceso a
medicación, salud mental, violencias y vulnerabilidad social
promovieron nuevas articulaciones con otros equipos y
servicios. En este sentido, uno de los resultados de la
experiencia puede reconocerse en la capacidad del propio
dispositivo para ampliar y transformar la red de respuestas
disponible a partir de las necesidades de las personas.
Estos resultados deben interpretarse como resultados de
implementación y aprendizaje organizacional. Tampoco se
dispone aún de una sistematización consolidada que
permita informar con precisión cuántas personas lograron
vinculación efectiva con cada uno de los servicios
posteriores al testeo. Avanzar en este análisis constituye
una línea necesaria para la evaluación futura. El aporte de
esta experiencia radica en documentar una modalidad
concreta para ampliar accesibilidad, transformar prácticas
de cuidado y construir continuidad.
Elementos innovadores
La innovación de la experiencia no reside en la prueba
rápida como tecnología, ya incorporada a las políticas
sanitarias, sino en el modo en que el equipo la adaptó a un
ámbito hospitalario y la utilizó como organizadora del
cuidado. La estrategia provincial fue diseñada para
favorecer el acceso al diagnóstico y la atención integral.
Además, la adaptación local trasladó esos principios a una
posta visible, de demanda espontánea y territorial.
Un segundo elemento innovador fue ampliar el contenido
de la consejería. Preguntar por el motivo de presencia en el
hospital permitió que una consulta aparentemente
específica funcionara como oportunidad para reconocer
otras necesidades. Este desplazamiento evita reducir el
encuentro a un resultado de laboratorio y recupera
dimensiones sociales, subjetivas y asistenciales del proceso
salud-enfermedad-atención-cuidado.
Finalmente, la experiencia convirtió la identificación de
problemas en una responsabilidad de articulación. La
persona no es simplemente derivada: el equipo procura
construir un circuito posible y reducir pasos innecesarios.
Esta lógica es consistente con modelos integrados y
centrados en las personas que buscan mejorar acceso,
coordinación y continuidad (3,6).
Factores de éxito
Entre los factores que favorecieron la sostenibilidad de la
práctica se identifican la capacitación del personal, el
protagonismo de enfermería, la disponibilidad de pruebas
e insumos, la existencia de servicios hospitalarios con los
cuales articular, la construcción progresiva del consultorio
de salud sexual, la capacidad del equipo para revisar la
práctica a partir de lo observado, la construcción de
acuerdos interdisciplinarios y el desarrollo de redes con
actores institucionales y comunitarios.
La accesibilidad física y organizacional resultó
especialmente relevante. El cambio de ubicación disminuyó
la dependencia de un turno o de una consulta previa
específica. Al mismo tiempo, la visibilidad del dispositivo
requirió desarrollar estrategias para proteger la
confidencialidad e intimidad.
Otro factor relevante fue la construcción progresiva de un
modo de trabajo interdisciplinario. La incorporación de
diferentes disciplinas no se limitó a ampliar las
posibilidades de derivación ni a sumar servicios al circuito
asistencial. La complejidad de las situaciones que
comenzaron a emerger durante la consejería requirió
generar intercambios entre Enfermería, Medicina General,
Infectología, Trabajo Social, Salud Mental y otros equipos,
desde los cuales fue posible construir lecturas compartidas
de las necesidades y acordar formas de abordaje,
seguimiento y acompañamiento. Desde la perspectiva de
Stolkiner (9), la interdisciplina supone un posicionamiento
teórico y práctico que interpela los saberes disciplinares
frente a problemas complejos y requiere construir formas
de trabajo compartidas. En esta experiencia, esa
construcción se expresó en acuerdos sobre procesos de
trabajo, circuitos compartidos y formas de
acompañamiento que fueron modificándose a partir de las
situaciones concretas. Los circuitos asistenciales pueden
comprenderse, así, como un resultado organizativo de esa
construcción interdisciplinaria y no como su equivalente.
Limitaciones y desafíos
La experiencia presenta limitaciones y desafíos que deben
ser explicitados. En primer lugar, si bien el dispositivo
cuenta con registros sistemáticos de su actividad, persisten
dificultades para su procesamiento, análisis e
interpretación desde una perspectiva epidemiológica. La
disponibilidad de tiempo destinado específicamente al
análisis de la información y la necesidad de fortalecer las
capacidades del equipo para el manejo e interpretación de
los datos constituyen barreras para aprovechar
plenamente la información producida. En este sentido, uno
de los principales desafíos es avanzar en la sistematización
de los registros y en la construcción y análisis de
indicadores que permitan caracterizar con mayor precisión
la población alcanzada, el acceso al dispositivo, las
derivaciones realizadas, la vinculación efectiva con otros
servicios, la continuidad del cuidado y la resolución de las
necesidades identificadas. A partir de lo desarrollado
anteriormente, se piensa como posibilidad la ampliación de
la mirada generando acuerdos con otros actores a nivel
local dentro de la Secretaría de Salud del Municipio de
Moreno, específicamente el área de epidemiología con la
cual ya existe vínculo para la viabilización de situaciones
relacionadas a salud sexual.
En segundo lugar, la ubicación en el hall central favorece la
visibilidad y accesibilidad del dispositivo, pero exige
sostener medidas organizativas que garanticen la
privacidad y confidencialidad durante todo el proceso de
atención. Asimismo, su continuidad requiere disponibilidad
de recursos humanos e insumos y depende, en parte, de la
capacidad de respuesta de los diferentes servicios con los
que se construyen los circuitos de cuidado.
Otro desafío consiste en profundizar la participación de las
personas usuarias y de las organizaciones comunitarias en
el diseño, evaluación y mejora de la estrategia. Si bien
existe una construcción de redes con actores
institucionales y comunitarios, la incorporación sistemática
de la perspectiva de las personas que viven con VIH y de
otras poblaciones alcanzadas por el dispositivo constituye
una línea de desarrollo a fortalecer.
Finalmente, la ampliación de los espacios de acceso plantea
el desafío de evitar que las acciones por fuera del hospital
se constituyan únicamente como intervenciones aisladas.
La participación de los distintos actores de la red no
siempre puede sostenerse de manera regular y, en algunos
casos, depende de la disponibilidad y del compromiso de
personas concretas dentro de las instituciones. Las
diferencias entre tiempos, recursos y lógicas institucionales
de organismos provinciales, municipales y organizaciones
comunitarias también desafían la continuidad de los
acuerdos. Por ello, resulta necesario sostener mecanismos
de referencia, contrarreferencia y seguimiento que
vinculen cada actividad con una red asistencial efectiva.
Lecciones aprendidas
La experiencia permitió reconocer que aumentar la oferta
de testeo no garantiza por sí mismo una accesibilidad
integral. La localización del dispositivo, la modalidad de
ingreso, las condiciones de confidencialidad y,
especialmente, la capacidad de responder a las
necesidades que emergen durante la consulta condicionan
el alcance real de la estrategia.
Asimismo, la consejería puede constituirse en una
tecnología de cuidado. La incorporación de preguntas
abiertas sobre las necesidades actuales de las personas
permitió reconocer barreras y problemáticas que
permanecían invisibilizadas cuando la consulta se
estructuraba exclusivamente alrededor de la realización de
la prueba. En este sentido, ampliar la escucha implica
también ampliar la capacidad de respuesta. Reconocer
situaciones sin construir respuestas capaces de alojarlas
puede generar nuevas barreras o frustraciones. Por ello, la
articulación entre equipos y la construcción de redes no
constituyen un complemento del dispositivo, sino
condiciones para que la integralidad pueda traducirse
efectivamente en cuidado.
La experiencia también mostró que las buenas prácticas
pueden construirse mediante adaptaciones sucesivas. El
dispositivo no fue diseñado desde el inicio con su
configuración actual, sino que se transformó a partir de las
limitaciones identificadas, las demandas expresadas por las
personas usuarias y los aprendizajes construidos por el
propio equipo. Esta capacidad de revisar la práctica y
modificarla en función de las necesidades detectadas,
constituyó uno de los elementos centrales de su desarrollo.
Finalmente, el testeo rápido puede constituirse como un
primer contacto con el sistema de salud incluso dentro de
un hospital de mayor complejidad. Esta experiencia
permite recuperar la APS no exclusivamente como un nivel
de atención o un espacio físico determinado, sino como una
estrategia capaz de orientar prácticas accesibles,
integrales, coordinadas y continuas y de promover la
construcción de redes entre servicios, instituciones y
actores comunitarios.
Sostenibilidad y replicabilidad
La práctica presenta condiciones favorables para su
adaptación en otros efectores porque utiliza una
tecnología sencilla y circuitos que pueden construirse
progresivamente. Sin embargo, la replicabilidad no
depende de reproducir una mesa de testeo en un hall, sino
de preservar los componentes que le otorgan sentido:
acceso espontáneo, confidencialidad, consejería centrada
en la persona, disponibilidad de insumos, capacitación,
tratamiento o derivación protegida y articulación con una
red capaz de responder a necesidades diversas.
Para sostenerla se requieren acuerdos institucionales,
responsables identificables de coordinación, registros que
permitan monitorear el recorrido de las personas, provisión
continua de insumos y espacios periódicos de revisión del
funcionamiento. La integración con organizaciones sociales
y la participación de personas usuarias deberían fortalecerse
como componentes de sostenibilidad y mejora.
La OMS recomienda que los servicios de testeo se integren
con prevención, atención y tratamiento y se adapten a las
necesidades de las personas y de los contextos (2-3). En ese
sentido, esta experiencia puede ser transferible como
lógica de organización, más que como un formato rígido.
CONCLUSIONES
La experiencia del Servicio de Área Programática y Redes
en Salud del Hospital Mariano y Luciano de la Vega de
Moreno muestra que un dispositivo de testeo rápido puede
trascender su función diagnóstica cuando se organiza
desde una perspectiva de APS y cuidado integral. El
traslado hacia un espacio de demanda espontánea amplió
el contacto con una población más heterogénea. Del
mismo modo, la transformación de la consejería permitió
construir un espacio de escucha, cuidado y
acompañamiento y los acuerdos entre equipos
favorecieron la construcción de circuitos asistenciales
capaces de vincular las necesidades identificadas con
diferentes respuestas del sistema de salud.
El principal aprendizaje no es que el testeo resuelva
problemas complejos, sino que puede crear un encuentro
de escucha, orientación y coordinación. En este sentido, su
valor no debería evaluarse únicamente por el número de
pruebas realizadas, sino también por su capacidad para
reducir barreras organizacionales, favorecer continuidad y
conectar a las personas con respuestas sanitarias
pertinentes.
Documentar esta experiencia permite recuperar una
práctica construida progresivamente por los equipos y
señalar una posibilidad concreta: transformar una
intervención puntual en una puerta de entrada al cuidado.
Su consolidación futura requiere fortalecer registros,
evaluación, participación comunitaria y mecanismos de
seguimiento, sin perder el principio que orientó su
evolución: organizar la respuesta a partir de las
necesidades de las personas.
AGRADECIMIENTOS
A los equipos de Laboratorio, Infectología, Consultorios
Externos de Enfermería y del Consultorio de Salud Sexual
del Hospital Mariano y Luciano de la Vega, por su
participación y compromiso en la construcción y
sostenimiento de los circuitos de cuidado que acompañan
al dispositivo. A la Dirección de Prevención de VIH, ITS y
Hepatitis Virales del Ministerio de Salud de la provincia de
Buenos Aires, por el acompañamiento y la provisión de
insumos necesarios para el desarrollo de la estrategia. A la
Mesa Intersectorial de VIH, otras ITS y hepatitis virales de
Moreno. A las organizaciones sociales y comunitarias del
territorio que, mediante la articulación sostenida y la
generación de espacios de trabajo conjunto, contribuyen al
desarrollo de la práctica y posibilitan acercarla a diferentes
ámbitos de la comunidad.