
INTRODUCCIÓN
La salud bucal comprende un conjunto de condiciones
objetivas y subjetivas que permiten a las personas ejercer
funciones esenciales como la masticación, deglución y
fonación e implica una dimensión estética y relacional
vinculada a la posibilidad de sonreír, hablar y expresarse.
En este sentido, la salud bucal es parte inseparable de la
salud general y se encuentra estrechamente relacionada
con las condiciones de vida, el acceso a los servicios de
salud, la educación, los ingresos y la información, es decir,
con la determinación social de la salud. En la misma línea, la
Organización Mundial de la Salud (OMS) reafirma que la
salud bucal es parte de la salud general y es esencial para
alcanzar el bienestar de las personas, ya que las
enfermedades bucales traen aparejadas restricciones en
las actividades escolares, laborales y en la vida doméstica,
tienen impacto psicológico y reducen la calidad de vida (1).
La caries dental es considerada una enfermedad crónica no
transmisible (ECNT) que afecta a las personas de todas las
edades y constituye la ECNT más frecuente en las
infancias. Su importancia radica en que son prevenibles y
se reducen así sus variadas y frecuentes consecuencias
como dolor, abscesos, riesgo de retraso en el desarrollo y
crecimiento físico, restricción de actividades y deterioro de
la calidad de vida (2).
En salud bucal, la determinación social origina mayor
prevalencia de enfermedades en las poblaciones de bajo
nivel socioeconómico. Sin embargo, la principal
desigualdad se genera por el tipo de respuesta que
encuentran los diferentes grupos sociales en el sistema de
salud, tanto en prevención como en la atención de los
problemas de salud bucal. En los últimos años, se
reportaron malos resultados en salud bucal a edades
tempranas y problemas de accesibilidad, lo que provoca
que, en la mayoría de los casos, la única respuesta posible
en el sector público sea la extracción de piezas dentarias (3).
El acceso oportuno a información de calidad, así como la
educación para la salud, puede influir sobre las creencias y
los conocimientos en salud bucal de las personas, ya que
estas son construidas y modificadas por la cultura y la
condición social. Las enfermedades orales, como parte de
las ECNT, pueden prevenirse o modificar su curso a través
de acciones de promoción de la salud y prevención de la
enfermedad. En ello juegan un rol fundamental los
gobiernos, y aún más la articulación intersectorial del
sistema de salud y el sistema educativo. En tal sentido, las
intervenciones comunitarias deben contemplar los
determinantes sociales de la salud tanto para una mejor
comprensión de la situación de salud de cada persona o
grupo social, como para elaborar respuestas equitativas y
adecuadas a las necesidades, además de garantizar el
acceso oportuno a los servicios de salud (4).
Desde la perspectiva de la determinación social, la atención
de la salud bucal incluye acciones clínicas y no clínicas,
razón por la cual no puede limitarse sólo al ámbito
odontológico, sino que debe pensarse como una acción de
salud colectiva. Implica contemplar las causas de las
enfermedades que no solo son biológicas, sino que están
determinadas por aspectos económicos, políticos y
sociales. En este sentido, la salud bucal y la prevalencia de
caries son un reflejo de las diferencias de clase (5).
En este punto, se adhiere con la propuesta conceptual
brasileña que sugiere la concepción de una Salud Bucal
Colectiva que entiende que la salud bucal de las
poblaciones es el resultado de las construcciones sociales
que las personas realizan más que de las prácticas
odontológicas. Esto trae aparejada una ruptura
epistemológica con la odontología hegemónica, donde
priman los aspectos biológicos e individuales para poner
énfasis en los procesos sociales complejos. Se requiere
entonces, desarrollar una nueva praxis centrada en las
necesidades de las personas (1).
La OMS respalda firmemente el uso de fluoruro como
agente clave para disminuir la prevalencia y gravedad de la
caries dental. Éste puede ser suministrado de forma
sistémica, por ejemplo a través de la suplementación del
agua potable, o mediante la exposición tópica (2). Los
fluoruros constituyen una defensa para evitar la aparición
de las caries y, además, pueden revertir o frenar el avance
en lesiones precoces, a través de tres mecanismos de
acción: el aumento de la mineralización dental, la
disminución de la desmineralización y la inhibición de la
actividad de las bacterias productoras de ácidos
cariogénicos. Diferentes asociaciones científicas han
emitido recomendaciones al respecto, como la Fuerza de
Tareas Preventivas de Estados Unidos que recomienda con
grado de evidencia B (moderada) aplicar fluoruro tópico a
los dientes primarios de todos los bebés y niños a partir de
la aparición del primer diente (6). Por su parte, la Sociedad
Argentina de Pediatría aconseja la aplicación de fluoruro
tópico como el método recomendado para administrar
fuentes adicionales a niñas y niños menores de 6 años (7).
En este contexto, la escuela se presenta como un espacio
social privilegiado para el desarrollo de acciones de
promoción de la salud bucal, al permitir el trabajo sostenido
y la transmisión de información adecuada a niños, familias
y docentes en torno a hábitos de cuidado, prevención y
autocuidado, además de permitir la interacción con la
comunidad en su conjunto.
La Declaración de Bangkok (2024) reconoce a las
enfermedades bucodentales como un problema prioritario
de salud pública por su elevada y desigual carga global,
estrechamente vinculada a las enfermedades no
transmisibles, y afirma que no puede alcanzarse la salud ni
la cobertura sanitaria universal sin integrar plenamente la
salud bucal. El documento reafirma el derecho a la salud
Mt
1 El índice CPOD se utiliza a nivel mundial para medir enfermedad dental en la dentición permanente. Sus iniciales significan: dientes (D)
con caries (C) perdidos (P) y obturados (O).
bucodental y el compromiso de los Estados Miembros de la
OMS de avanzar hacia su inclusión efectiva en la atención
primaria de la salud y en los paquetes de beneficios de la
cobertura sanitaria universal al 2030, con énfasis en la
promoción de la salud, la prevención a lo largo del curso de
vida y la reducción de desigualdades sociales y territoriales.
Asimismo, impulsa acciones intersectoriales sobre los
determinantes sociales, comerciales y ambientales —en
particular el consumo de azúcares, tabaco y alcohol—, el
fortalecimiento de los sistemas de salud, la formación de la
fuerza laboral, el uso de intervenciones costo-efectivas
basadas en evidencia y la participación comunitaria. En
este marco, la Declaración insta a los gobiernos a
desarrollar políticas y programas integrales de promoción
de la salud bucal, alineados con las agendas de
enfermedades no transmisibles (ENT), como parte de una
respuesta sanitaria centrada en las personas y las
comunidades, lo que refuerza el rol de los gobiernos locales
en la implementación de estrategias de promoción y
prevención (8).
En esta línea, la Secretaría de Salud de Bahía Blanca
(Buenos Aires, Argentina) implementó en el año 2024 el
Programa de Salud Bucal Comunitaria con el objetivo de
promover el hábito de higiene dental en infancias,
disminuir las barreras de accesibilidad a la salud
bucodental en el primer nivel de atención y generar, en
muchos casos, el primer contacto de las infancias con la
atención odontológica a través de la revisación y la
fluoración.
Buenas Prácticas BP
SALUD
REVISTA DEL MINISTERIO DE SALUD DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES
Salud Publica 2026 Ago; 5
METODOLOGÍA
La intervención sanitaria se diseñó como una estrategia
territorial, preventiva e intersectorial. Fue llevada a cabo
desde abril de 2024 a diciembre 2025.
La población objetivo estuvo constituida por aproximadamente
4.800 niñas y niños escolarizados en primer grado de la ciudad
de Bahía Blanca, con una edad promedio de 6 años.
El programa fue dirigido a la matrícula escolar en general,
por lo que se considera que beneficia a las infancias sin
distinción de género. No se realizó un análisis diferenciado
por sexo/género, dado que el objetivo de la estrategia estuvo
centrado en la cobertura universal de la población escolar.
Durante el año 2024, como parte de una estrategia de
implementación gradual del programa, se decidió en primer
término hacer la oferta a las escuelas que ya mantenían algún
tipo de vínculo previo con la Secretaría de Salud por haber
participado de otros programas de promoción y prevención
que habitualmente se ofrecen. Se coordinó la fecha de visita y
la solicitud a la escuela de la documentación necesaria, que
consistió en la nómina de alumnas/os (nombre y apellido
completo, documento nacional de identidad y domicilio) así
como la autorización de la madre o el padre para realizar la
revisación odontológica y la topicación con flúor fosfato
acidulado. El mismo procedimiento se llevó a cabo en las
colonias de verano municipales, que se llevan a cabo en el mes
de enero y febrero en la ciudad de manera gratuita. La
participación de las/os madres/padres se limitó a la
aceptación de la intervención mediante la firma del
consentimiento.
Durante el año 2025, el programa fue difundido a través de las
redes y los canales de comunicación oficiales del municipio,
invitando a las escuelas interesadas a que activamente se
pusieran en contacto con la Secretaría de Salud para
manifestar la necesidad o el deseo de ser incluidas en el
cronograma. Así, una vez conocido el programa por la
ciudadanía general y el ámbito escolar en particular, se trabajó
a partir de la demanda recibida por parte de las escuelas,
mediante una solicitud cursada a través de una casilla de mail
institucional proporcionado por la Secretaría de Salud.
La intervención fue realizada por una odontóloga durante el
2024 y dos odontólogas durante el 2025, todas profesionales
pertenecientes al sistema público municipal y consistió en:
a) Intervención educativa: realización de un taller de
promoción del hábito de higiene bucal con diferentes
elementos educativos pensados para las infancias en
conjunto con la institución educativa.
b) Entrega de cepillos de dientes, insumos provistos por
la Secretaría de Salud de Bahía Blanca.
c) Revisión odontológica para rastreo de caries y
problemas odontológicos. Se realizó en las
instituciones educativas, en aulas con buena
iluminación. La variable principal utilizada fue la
cantidad de lesiones de caries detectadas mediante
examen clínico. Se calculó el promedio de caries por
niño, correspondiente al componente C del índice
CPOD1. Dado que no se relevaron las variables de
piezas perdidas ni las obturadas, se consideraron
valores nulos para dichos componentes, con el
objetivo de describir la intensidad de caries en la
población evaluada.
d) Aplicación tópica de flúor.
e) Coordinación interinstitucional: en caso de ser necesario,
se gestionó la derivación al servicio de odontología del
centro de salud más cercano a la escuela.
Los indicadores de seguimiento fueron: número de
escuelas visitadas, cantidad de niñas/os alcanzados,
prevalencia de caries y promedio de lesiones de caries por
escolar evaluado durante las revisiones odontológicas.