
Por otra parte, encontramos que dentro de la telemedicina
este componente de interconsulta pareciera ser menos
modalidad de teleseguimiento (paciente-profesional) que
ganó legitimidad y adherencia en la atención en contexto
de emergencia sanitaria por Covid-19 (8).
Estos hallazgos se encuentran en sintonía con la
evidencia internacional en materia de análisis de
implementación de proyectos de telemedicina, más
precisamente con las barreras vinculadas al ámbito
organizacional y al ámbito humano (3). Proponemos el
siguiente cuadro comparativo para dar cuenta de los
puntos críticos encontrados:
Por otra parte, encontramos que dentro de la telemedicina
este componente de interconsulta pareciera ser menos
modalidad de teleseguimiento (paciente-profesional) que
ganó legitimidad y adherencia en la atención en contexto
Estos hallazgos se encuentran en sintonía con la
evidencia internacional en materia de análisis de
implementación de proyectos de telemedicina, más
precisamente con las barreras vinculadas al ámbito
organizacional y al ámbito humano (3). Proponemos el
siguiente cuadro comparativo para dar cuenta de los
Informe Especial IE
S A L U D
REVISTA DEL MINISTERIO DE SALUD D E LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES
PLANIFICANDO LA GESTIÓN DEL
CAMBIO
Para dar respuesta a los problemas detectados y adecuar la
herramienta al contexto, fueron revisados distintos
aspectos: marcos organizacionales, conceptuales, así como
también los usos y prácticas habituales del público
destinatario y la posibilidad existente de ofrecer un
producto sincrónico y asincrónico para debilitar la barrera
del horario. El propósito fue adecuar la herramienta de
teleinterconsulta a las necesidades reales de los equipos de
salud.
Desde una perspectiva organizacional y de usos y
costumbres, se indagó en los mecanismos actuales para la
resolución de situaciones clínicas que requieren una
segunda opinión. Se estimó que las/os profesionales suelen
recurrir a redes informales para resolver este tipo de
consultas, utilizando tanto instancias presenciales dentro
de los hospitales —a menudo a través de encuentros con
distintos grados de formalidad— como canales de
comunicación a distancia, especialmente aplicaciones de
mensajería como WhatsApp o redes personales de colegas.
Desde un enfoque conceptual, se exploraron los usos
que favorecen su adopción: la existencia de barreras de
acceso a la consulta presencial, la complementariedad
efectiva entre niveles de atención de quien la ofrece y
quien la recibe, y la posibilidad de vincular al solicitante con
el profesional consultado, a través de una red de referentes
previamente establecidos, entre otras (9, 10). Estas
condiciones podrían ser aplicables también al uso de
a la de telesalud, solo que cambian los actores y el motivo
de la comunicación.
Por otro lado, también se analizó la posibilidad de ofrecer
teleinterconsultas asincrónicas para responder de manera
amplia a las necesidades de horarios de las/os
profesionales.
para ser ofrecida en centros de salud o servicios de baja y
mediana complejidad, con y sin internación, para que los
ejecutores respondan con mayor complejidad y de esta
manera fortalecer la Red Bonaerense de Atención y
Cuidados de la Salud con foco en la atención primaria de la
salud (1).
organizacional para promover el uso de las interconsultas,
rescatando el valor agregado de una teleconsulta de
segunda opinión que genera registro en la historia de salud
integrada del usuario y que sirve de base de un histórico
para futuras consultas de una o varias especialidades.
Por otra parte, se promovieron instancias de trabajo
conjunto con distintos actores para innovar en los circuitos
previamente establecidos que excluían la potencial
incorporación de profesionales que no implementaban la
HSI en sus establecimientos.
cuidado existentes en una única línea denominada
profesional solicitante.
PLANIFICACIÓN DE LA GESTIÓN DEL
CAMBIO: CONSTRUYENDO A LA
TELEINTERCONSULTA COMO UN
PRODUCTO
Aun sin compartir los supuestos fundantes del enfoque de
mercado, en esta experiencia resultó pertinente retomar
ciertos aportes del marketing social como herramienta
estratégica para orientar la comunicación y favorecer la
comprender la lógica de diseño de un producto en salud
implica considerar simultáneamente dos dimensiones: una
tangible y otra intangible. La dimensión tangible abarca las
características funcionales del producto, su operatividad,
aplicaciones concretas, así como también sus atributos
visuales y el atractivo incorporado al diseño. Por su parte,
la dimensión intangible se vincula con los sentidos, valores,
las/os profesionales de la salud reciben, interpretan y
aceptan la herramienta. Esta dimensión incluye tanto los
valores asociados al producto como las percepciones
subjetivas —positivas o negativas— que inciden en su
apropiación y uso, más allá de sus cualidades objetivas (11).
Para construir la teleinterconsulta como un producto
adaptado a las necesidades y que ofrezca una utilidad
tanto práctica como resolutiva para las/os profesionales, es
necesario abordar todos estos aspectos. En este sentido,
las herramientas del marketing social juegan un papel
clave.
El primer paso consiste en renombrar la herramienta de
una manera más accesible y cercana. La denominación
contraproducente, ya que podía generar interpretaciones
equívocas tanto en su dimensión tangible como intangible.
En segundo lugar, es necesario analizar la existencia de la
necesidad. En nuestro contexto, dicha necesidad está
presente, pero actualmente se resuelve por vías
alternativas. El desafío es lograr que esa necesidad latente
se canalice hacia el uso de la herramienta formal y digital, lo
cual requiere una comunicación clara del valor agregado
que esta aporta. Para esto, la comunicación resulta
fundamental. En este sentido, y siguiendo estos
lineamientos, la teleinterconsulta debería ser difundida
como una herramienta con capacidad para responder
preguntas clínicas, en cualquier horario (sincrónica o
asincrónica), con el valor agregado de registro en una
historia de salud integrada, que permite responder de
manera formalizada preguntas provenientes de niveles de
atención inferiores dirigidas a niveles de atención
necesidad de traslado ni del profesional ni del usuario.
Salud Pública 2026 Feb; 5
PLANIFICANDO LA GESTIÓN DEL
CAMBIO
Para dar respuesta a los problemas detectados y adecuar la
herramienta al contexto, fueron revisados distintos
aspectos: marcos organizacionales, conceptuales, así como
también los usos y prácticas habituales del público
destinatario y la posibilidad existente de ofrecer un
producto sincrónico y asincrónico para debilitar la barrera
del horario. El propósito fue adecuar la herramienta de
teleinterconsulta a las necesidades reales de los equipos de
Desde una perspectiva organizacional y de usos y
costumbres, se indagó en los mecanismos actuales para la
resolución de situaciones clínicas que requieren una
segunda opinión. Se estimó que las/os profesionales suelen
recurrir a redes informales para resolver este tipo de
consultas, utilizando tanto instancias presenciales dentro
de los hospitales —a menudo a través de encuentros con
distintos grados de formalidad— como canales de
comunicación a distancia, especialmente aplicaciones de
mensajería como WhatsApp o redes personales de colegas.
Desde un enfoque conceptual, se exploraron los usos
que favorecen su adopción: la existencia de barreras de
acceso a la consulta presencial, la complementariedad
efectiva entre niveles de atención de quien la ofrece y
quien la recibe, y la posibilidad de vincular al solicitante con
el profesional consultado, a través de una red de referentes
previamente establecidos, entre otras (9, 10). Estas
condiciones podrían ser aplicables también al uso de
a la de telesalud, solo que cambian los actores y el motivo
de la comunicación.
Por otro lado, también se analizó la posibilidad de ofrecer
teleinterconsultas asincrónicas para responder de manera
amplia a las necesidades de horarios de las/os
profesionales.
para ser ofrecida en centros de salud o servicios de baja y
mediana complejidad, con y sin internación, para que los
ejecutores respondan con mayor complejidad y de esta
manera fortalecer la Red Bonaerense de Atención y
Cuidados de la Salud con foco en la atención primaria de la
salud (1).
organizacional para promover el uso de las interconsultas,
rescatando el valor agregado de una teleconsulta de
segunda opinión que genera registro en la historia de salud
integrada del usuario y que sirve de base de un histórico
para futuras consultas de una o varias especialidades.
Por otra parte, se promovieron instancias de trabajo
conjunto con distintos actores para innovar en los circuitos
previamente establecidos que excluían la potencial
incorporación de profesionales que no implementaban la
HSI en sus establecimientos.
cuidado existentes en una única línea denominada
profesional solicitante.
PLANIFICACIÓN DE LA GESTIÓN DEL
CAMBIO: CONSTRUYENDO A LA
TELEINTERCONSULTA COMO UN
PRODUCTO
Aun sin compartir los supuestos fundantes del enfoque de
mercado, en esta experiencia resultó pertinente retomar
ciertos aportes del marketing social como herramienta
estratégica para orientar la comunicación y favorecer la
comprender la lógica de diseño de un producto en salud
implica considerar simultáneamente dos dimensiones: una
tangible y otra intangible. La dimensión tangible abarca las
características funcionales del producto, su operatividad,
aplicaciones concretas, así como también sus atributos
visuales y el atractivo incorporado al diseño. Por su parte,
la dimensión intangible se vincula con los sentidos, valores,
las/os profesionales de la salud reciben, interpretan y
aceptan la herramienta. Esta dimensión incluye tanto los
valores asociados al producto como las percepciones
subjetivas —positivas o negativas— que inciden en su
apropiación y uso, más allá de sus cualidades objetivas (11).
Para construir la teleinterconsulta como un producto
adaptado a las necesidades y que ofrezca una utilidad
tanto práctica como resolutiva para las/os profesionales, es
necesario abordar todos estos aspectos. En este sentido,
las herramientas del marketing social juegan un papel
clave.
El primer paso consiste en renombrar la herramienta de
una manera más accesible y cercana. La denominación
contraproducente, ya que podía generar interpretaciones
equívocas tanto en su dimensión tangible como intangible.
En segundo lugar, es necesario analizar la existencia de la
necesidad. En nuestro contexto, dicha necesidad está
presente, pero actualmente se resuelve por vías
alternativas. El desafío es lograr que esa necesidad latente
se canalice hacia el uso de la herramienta formal y digital, lo
cual requiere una comunicación clara del valor agregado
que esta aporta. Para esto, la comunicación resulta
fundamental. En este sentido, y siguiendo estos
lineamientos, la teleinterconsulta debería ser difundida
como una herramienta con capacidad para responder
preguntas clínicas, en cualquier horario (sincrónica o
asincrónica), con el valor agregado de registro en una
historia de salud integrada, que permite responder de
manera formalizada preguntas provenientes de niveles de
atención inferiores dirigidas a niveles de atención
necesidad de traslado ni del profesional ni del usuario.
PLANIFICANDO LA GESTIÓN DEL
Para dar respuesta a los problemas detectados y adecuar la
herramienta al contexto, fueron revisados distintos
aspectos: marcos organizacionales, conceptuales, así como
también los usos y prácticas habituales del público
destinatario y la posibilidad existente de ofrecer un
producto sincrónico y asincrónico para debilitar la barrera
del horario. El propósito fue adecuar la herramienta de
teleinterconsulta a las necesidades reales de los equipos de
Desde una perspectiva organizacional y de usos y
costumbres, se indagó en los mecanismos actuales para la
resolución de situaciones clínicas que requieren una
segunda opinión. Se estimó que las/os profesionales suelen
recurrir a redes informales para resolver este tipo de
consultas, utilizando tanto instancias presenciales dentro
de los hospitales —a menudo a través de encuentros con
distintos grados de formalidad— como canales de
comunicación a distancia, especialmente aplicaciones de
mensajería como WhatsApp o redes personales de colegas.
Desde un enfoque conceptual, se exploraron los usos
que favorecen su adopción: la existencia de barreras de
acceso a la consulta presencial, la complementariedad
efectiva entre niveles de atención de quien la ofrece y
quien la recibe, y la posibilidad de vincular al solicitante con
el profesional consultado, a través de una red de referentes
previamente establecidos, entre otras (9, 10). Estas
condiciones podrían ser aplicables también al uso de
a la de telesalud, solo que cambian los actores y el motivo
Por otro lado, también se analizó la posibilidad de ofrecer
teleinterconsultas asincrónicas para responder de manera
amplia a las necesidades de horarios de las/os
para ser ofrecida en centros de salud o servicios de baja y
mediana complejidad, con y sin internación, para que los
ejecutores respondan con mayor complejidad y de esta
manera fortalecer la Red Bonaerense de Atención y
Cuidados de la Salud con foco en la atención primaria de la
organizacional para promover el uso de las interconsultas,
rescatando el valor agregado de una teleconsulta de
segunda opinión que genera registro en la historia de salud
integrada del usuario y que sirve de base de un histórico
para futuras consultas de una o varias especialidades.
Por otra parte, se promovieron instancias de trabajo
conjunto con distintos actores para innovar en los circuitos
previamente establecidos que excluían la potencial
incorporación de profesionales que no implementaban la
cuidado existentes en una única línea denominada
profesional solicitante.
PLANIFICACIÓN DE LA GESTIÓN DEL
CAMBIO: CONSTRUYENDO A LA
TELEINTERCONSULTA COMO UN
PRODUCTO
Aun sin compartir los supuestos fundantes del enfoque de
mercado, en esta experiencia resultó pertinente retomar
ciertos aportes del marketing social como herramienta
estratégica para orientar la comunicación y favorecer la
comprender la lógica de diseño de un producto en salud
implica considerar simultáneamente dos dimensiones: una
tangible y otra intangible. La dimensión tangible abarca las
características funcionales del producto, su operatividad,
aplicaciones concretas, así como también sus atributos
visuales y el atractivo incorporado al diseño. Por su parte,
la dimensión intangible se vincula con los sentidos, valores,
las/os profesionales de la salud reciben, interpretan y
aceptan la herramienta. Esta dimensión incluye tanto los
valores asociados al producto como las percepciones
subjetivas —positivas o negativas— que inciden en su
apropiación y uso, más allá de sus cualidades objetivas (11).
Para construir la teleinterconsulta como un producto
adaptado a las necesidades y que ofrezca una utilidad
tanto práctica como resolutiva para las/os profesionales, es
necesario abordar todos estos aspectos. En este sentido,
las herramientas del marketing social juegan un papel
clave.
El primer paso consiste en renombrar la herramienta de
una manera más accesible y cercana. La denominación
contraproducente, ya que podía generar interpretaciones
equívocas tanto en su dimensión tangible como intangible.
En segundo lugar, es necesario analizar la existencia de la
necesidad. En nuestro contexto, dicha necesidad está
presente, pero actualmente se resuelve por vías
alternativas. El desafío es lograr que esa necesidad latente
se canalice hacia el uso de la herramienta formal y digital, lo
cual requiere una comunicación clara del valor agregado
que esta aporta. Para esto, la comunicación resulta
fundamental. En este sentido, y siguiendo estos
lineamientos, la teleinterconsulta debería ser difundida
como una herramienta con capacidad para responder
preguntas clínicas, en cualquier horario (sincrónica o
asincrónica), con el valor agregado de registro en una
historia de salud integrada, que permite responder de
manera formalizada preguntas provenientes de niveles de
atención inferiores dirigidas a niveles de atención
necesidad de traslado ni del profesional ni del usuario.
simbólicos, emocionales o sociales, así como los riesgos
agregado: aquello que enriquece la percepción del uso del
producto y constituye un elemento clave para aumentar su
atractivo. Este valor agregado debe ser el eje central de la
estrategia de comunicación dirigida a las/os profesionales
que serán potenciales usuarios de la herramienta, ya que es
valor agregado, la estrategia de cambio se vuelve más clara
y orientada, facilitando su diseño e implementación de
manera coherente con los objetivos propuestos.
Descongelando las prácticas
los servicios de salud para que se pueda implementar el
uso de la herramienta y asegurarnos que se utiliza. Para
crear conciencia crítica sobre lo imperativo de actualizar los
modos de las interconsultas clínicas actuales por el uso
sistemático de la teleinterconsulta como herramienta
formal, trazable y útil. Asimismo, promover una mayor
digital, derribando mitos sobre la lejanía del cambio o la
despersonalización en los encuentros.
Toda gestión de cambio conlleva una dinámica que se inicia
(unfreezing), es decir, el momento en que se comienza a
cuestionar el estado actual y se genera conciencia de la
necesidad de cambio (12). Esta etapa es fundamental para
movilizar a los actores involucrados, ya que implica romper
prejuicios y preparar el terreno para la transformación. Esta
fase requiere no sólo un diagnóstico técnico de la situación,
sino también una estrategia de implicación activa de las
cambios en las organizaciones.
En el caso de la implementación de la teleinterconsulta, el
sus componentes tangibles (como la accesibilidad, rapidez
o funcionalidad percibida), como sus dimensiones
percepciones de utilidad, miedos o resistencias). También
implica reconocer el valor agregado que los equipos
resolución ágil fuera del sistema formal. Al problematizar
estos valores, se abre la posibilidad de construir una
basada en plataforma digital como una solución concreta,
apropiable, trazable y alineada con los sentidos,
necesidades y prácticas de los equipos de salud.
Para dar respuesta a los problemas detectados y adecuar la
herramienta al contexto, fueron revisados distintos
aspectos: marcos organizacionales, conceptuales, así como
también los usos y prácticas habituales del público
destinatario y la posibilidad existente de ofrecer un
producto sincrónico y asincrónico para debilitar la barrera
del horario. El propósito fue adecuar la herramienta de
teleinterconsulta a las necesidades reales de los equipos de
Desde una perspectiva organizacional y de usos y
costumbres, se indagó en los mecanismos actuales para la
resolución de situaciones clínicas que requieren una
segunda opinión. Se estimó que las/os profesionales suelen
recurrir a redes informales para resolver este tipo de
consultas, utilizando tanto instancias presenciales dentro
de los hospitales —a menudo a través de encuentros con
distintos grados de formalidad— como canales de
comunicación a distancia, especialmente aplicaciones de
mensajería como WhatsApp o redes personales de colegas.
Desde un enfoque conceptual, se exploraron los usos
que favorecen su adopción: la existencia de barreras de
acceso a la consulta presencial, la complementariedad
efectiva entre niveles de atención de quien la ofrece y
quien la recibe, y la posibilidad de vincular al solicitante con
el profesional consultado, a través de una red de referentes
previamente establecidos, entre otras (9, 10). Estas
condiciones podrían ser aplicables también al uso de
a la de telesalud, solo que cambian los actores y el motivo
Por otro lado, también se analizó la posibilidad de ofrecer
teleinterconsultas asincrónicas para responder de manera
amplia a las necesidades de horarios de las/os
para ser ofrecida en centros de salud o servicios de baja y
mediana complejidad, con y sin internación, para que los
ejecutores respondan con mayor complejidad y de esta
manera fortalecer la Red Bonaerense de Atención y
Cuidados de la Salud con foco en la atención primaria de la
organizacional para promover el uso de las interconsultas,
rescatando el valor agregado de una teleconsulta de
segunda opinión que genera registro en la historia de salud
integrada del usuario y que sirve de base de un histórico
para futuras consultas de una o varias especialidades.
Por otra parte, se promovieron instancias de trabajo
conjunto con distintos actores para innovar en los circuitos
previamente establecidos que excluían la potencial
incorporación de profesionales que no implementaban la
cuidado existentes en una única línea denominada
profesional solicitante.
PLANIFICACIÓN DE LA GESTIÓN DEL
CAMBIO: CONSTRUYENDO A LA
TELEINTERCONSULTA COMO UN
PRODUCTO
Aun sin compartir los supuestos fundantes del enfoque de
mercado, en esta experiencia resultó pertinente retomar
ciertos aportes del marketing social como herramienta
estratégica para orientar la comunicación y favorecer la
comprender la lógica de diseño de un producto en salud
implica considerar simultáneamente dos dimensiones: una
tangible y otra intangible. La dimensión tangible abarca las
características funcionales del producto, su operatividad,
aplicaciones concretas, así como también sus atributos
visuales y el atractivo incorporado al diseño. Por su parte,
la dimensión intangible se vincula con los sentidos, valores,
las/os profesionales de la salud reciben, interpretan y
aceptan la herramienta. Esta dimensión incluye tanto los
valores asociados al producto como las percepciones
subjetivas —positivas o negativas— que inciden en su
apropiación y uso, más allá de sus cualidades objetivas (11).
Para construir la teleinterconsulta como un producto
adaptado a las necesidades y que ofrezca una utilidad
tanto práctica como resolutiva para las/os profesionales, es
necesario abordar todos estos aspectos. En este sentido,
las herramientas del marketing social juegan un papel
clave.
El primer paso consiste en renombrar la herramienta de
una manera más accesible y cercana. La denominación
contraproducente, ya que podía generar interpretaciones
equívocas tanto en su dimensión tangible como intangible.
En segundo lugar, es necesario analizar la existencia de la
necesidad. En nuestro contexto, dicha necesidad está
presente, pero actualmente se resuelve por vías
alternativas. El desafío es lograr que esa necesidad latente
se canalice hacia el uso de la herramienta formal y digital, lo
cual requiere una comunicación clara del valor agregado
que esta aporta. Para esto, la comunicación resulta
fundamental. En este sentido, y siguiendo estos
lineamientos, la teleinterconsulta debería ser difundida
como una herramienta con capacidad para responder
preguntas clínicas, en cualquier horario (sincrónica o
asincrónica), con el valor agregado de registro en una
historia de salud integrada, que permite responder de
manera formalizada preguntas provenientes de niveles de
atención inferiores dirigidas a niveles de atención
necesidad de traslado ni del profesional ni del usuario.
simbólicos, emocionales o sociales, así como los riesgos
agregado: aquello que enriquece la percepción del uso del
producto y constituye un elemento clave para aumentar su
atractivo. Este valor agregado debe ser el eje central de la
estrategia de comunicación dirigida a las/os profesionales
que serán potenciales usuarios de la herramienta, ya que es
valor agregado, la estrategia de cambio se vuelve más clara
y orientada, facilitando su diseño e implementación de
manera coherente con los objetivos propuestos.
Descongelando las prácticas
los servicios de salud para que se pueda implementar el
uso de la herramienta y asegurarnos que se utiliza. Para
crear conciencia crítica sobre lo imperativo de actualizar los
modos de las interconsultas clínicas actuales por el uso
sistemático de la teleinterconsulta como herramienta
formal, trazable y útil. Asimismo, promover una mayor
digital, derribando mitos sobre la lejanía del cambio o la
despersonalización en los encuentros.
Toda gestión de cambio conlleva una dinámica que se inicia
(unfreezing), es decir, el momento en que se comienza a
cuestionar el estado actual y se genera conciencia de la
necesidad de cambio (12). Esta etapa es fundamental para
movilizar a los actores involucrados, ya que implica romper
prejuicios y preparar el terreno para la transformación. Esta
fase requiere no sólo un diagnóstico técnico de la situación,
sino también una estrategia de implicación activa de las
cambios en las organizaciones.
En el caso de la implementación de la teleinterconsulta, el
sus componentes tangibles (como la accesibilidad, rapidez
o funcionalidad percibida), como sus dimensiones
percepciones de utilidad, miedos o resistencias). También
implica reconocer el valor agregado que los equipos
resolución ágil fuera del sistema formal. Al problematizar
estos valores, se abre la posibilidad de construir una
basada en plataforma digital como una solución concreta,
apropiable, trazable y alineada con los sentidos,
necesidades y prácticas de los equipos de salud.
cuidado existentes en una única línea denominada
profesional solicitante.
PLANIFICACIÓN DE LA GESTIÓN DEL
CAMBIO: CONSTRUYENDO A LA
TELEINTERCONSULTA COMO UN
PRODUCTO
Aun sin compartir los supuestos fundantes del enfoque de
mercado, en esta experiencia resultó pertinente retomar
ciertos aportes del marketing social como herramienta
estratégica para orientar la comunicación y favorecer la
comprender la lógica de diseño de un producto en salud
implica considerar simultáneamente dos dimensiones: una
tangible y otra intangible. La dimensión tangible abarca las
características funcionales del producto, su operatividad,
aplicaciones concretas, así como también sus atributos
visuales y el atractivo incorporado al diseño. Por su parte,
la dimensión intangible se vincula con los sentidos, valores,
las/os profesionales de la salud reciben, interpretan y
aceptan la herramienta. Esta dimensión incluye tanto los
valores asociados al producto como las percepciones
subjetivas —positivas o negativas— que inciden en su
apropiación y uso, más allá de sus cualidades objetivas (11).
Para construir la teleinterconsulta como un producto
adaptado a las necesidades y que ofrezca una utilidad
tanto práctica como resolutiva para las/os profesionales, es
necesario abordar todos estos aspectos. En este sentido,
las herramientas del marketing social juegan un papel
clave.
El primer paso consiste en renombrar la herramienta de
una manera más accesible y cercana. La denominación
contraproducente, ya que podía generar interpretaciones
equívocas tanto en su dimensión tangible como intangible.
En segundo lugar, es necesario analizar la existencia de la
necesidad. En nuestro contexto, dicha necesidad está
presente, pero actualmente se resuelve por vías
alternativas. El desafío es lograr que esa necesidad latente
se canalice hacia el uso de la herramienta formal y digital, lo
cual requiere una comunicación clara del valor agregado
que esta aporta. Para esto, la comunicación resulta
fundamental. En este sentido, y siguiendo estos
lineamientos, la teleinterconsulta debería ser difundida
como una herramienta con capacidad para responder
preguntas clínicas, en cualquier horario (sincrónica o
asincrónica), con el valor agregado de registro en una
historia de salud integrada, que permite responder de
manera formalizada preguntas provenientes de niveles de
atención inferiores dirigidas a niveles de atención
necesidad de traslado ni del profesional ni del usuario.
simbólicos, emocionales o sociales, así como los riesgos
agregado: aquello que enriquece la percepción del uso del
producto y constituye un elemento clave para aumentar su
atractivo. Este valor agregado debe ser el eje central de la
estrategia de comunicación dirigida a las/os profesionales
que serán potenciales usuarios de la herramienta, ya que es
valor agregado, la estrategia de cambio se vuelve más clara
y orientada, facilitando su diseño e implementación de
manera coherente con los objetivos propuestos.
Descongelando las prácticas
los servicios de salud para que se pueda implementar el
uso de la herramienta y asegurarnos que se utiliza. Para
crear conciencia crítica sobre lo imperativo de actualizar los
modos de las interconsultas clínicas actuales por el uso
sistemático de la teleinterconsulta como herramienta
formal, trazable y útil. Asimismo, promover una mayor
digital, derribando mitos sobre la lejanía del cambio o la
despersonalización en los encuentros.
Toda gestión de cambio conlleva una dinámica que se inicia
(unfreezing), es decir, el momento en que se comienza a
cuestionar el estado actual y se genera conciencia de la
necesidad de cambio (12). Esta etapa es fundamental para
movilizar a los actores involucrados, ya que implica romper
prejuicios y preparar el terreno para la transformación. Esta
fase requiere no sólo un diagnóstico técnico de la situación,
sino también una estrategia de implicación activa de las
cambios en las organizaciones.
En el caso de la implementación de la teleinterconsulta, el
sus componentes tangibles (como la accesibilidad, rapidez
o funcionalidad percibida), como sus dimensiones
percepciones de utilidad, miedos o resistencias). También
implica reconocer el valor agregado que los equipos
resolución ágil fuera del sistema formal. Al problematizar
estos valores, se abre la posibilidad de construir una
basada en plataforma digital como una solución concreta,
apropiable, trazable y alineada con los sentidos,
necesidades y prácticas de los equipos de salud.