
Opinión Op
SALUD
REVISTA DEL MINISTERIO DE SALUD DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES
¿QUÉ PASA CON LA SALUD MENTAL
EN ARGENTINA?
Para comenzar a responder esta pregunta, es necesario
señalar la primera asociación que establece el sentido
común: salud mental/ enfermedad. Este destino de la salud
general, implica un largo camino previo, en el que se han
desatendido las variables elementales que permiten un
buen estado de salud.
Dejaremos de lado momentáneamente la especificidad de
la implicancia de “lo mental", para hablar del concepto de
salud general.
La Organización Mundial de la Salud (OMS)1, define la salud
como “un estado de completo bienestar físico, mental y
social, y no solamente la ausencia de afecciones o
enfermedades” (1, p. 1). Agrega:
“La salud implica que todas las necesidades
fundamentales de las personas estén cubiertas: afectivas,
sanitarias, nutricionales, sociales y culturales. La salud
entendida en una doble dimensión como producto de las
condiciones sociales y biológicas y a la vez como
productor de condiciones que permiten el desarrollo
integral a nivel individual y colectivo, se construye en el
marco de las condiciones económicas, sociales,
políticas, culturales, ambientales, de las formas de
relación con los grupos sociales, de las formas en que
cada sociedad se organiza para la distribución de los
bienes, entre ellos los servicios de salud y de cómo a
nivel individual y sobre una base biológica y espiritual se
procesan estas condiciones” (1, p. 1).
Tomaremos como horizonte ético, el consenso que ha
establecido la ONU para pensar la salud de una población.
Se trata de un pacto histórico, internacional y transversal a
todas las posiciones ideológicas que se inscriben en
cualquier sistema democrático. Y coincide con el respeto de
los Derechos Humanos de primera, segunda y tercera
generación.
En su Manual de Salud Pública, Kreplak y Comes (2024)
señalan que el “derecho a la salud es un concepto que
emana de la Declaración Universal de Derechos Humanos2,
ya sea que consideramos su artículo 3, donde se incluye el
derecho a la vida, o el artículo 25” (2, p. 57) que refiere a los
derechos positivos, aquellos que debe garantizar el Estado.
En esta línea, es esencial el abordaje político de los asuntos
de salud. Esto significa que un Estado democrático debe
tener entre sus principales políticas públicas aquellas que
establezcan las condiciones sociales para mantener un
buen estado de salud de sus ciudadanos. La salud mental
se constituye como una dimensión y un campo específico
de intervención profesional de la salud integral.
ACTUALIDAD
Luego de la asunción del presidente Javier Milei y su
equipo, pertenecientes al partido político La libertad
avanza, en el Gobierno Argentino se pusieron en práctica,
desde el Estado, dos operaciones inéditas en la
democracia argentina: por un lado, los discursos de odio
y por otro, las llamadas políticas de crueldad. Los
primeros, en el orden simbólico, y las segundas como
intervenciones concretas. Ambas con consecuencias
subjetivas y materiales en la vida de las personas.
Nuevamente, recurrimos a la ONU para definir el
concepto de discurso de odio. Se trata de cualquier tipo de
comunicación verbal, escrita o conductual, que ataca o
utiliza lenguaje peyorativo o discriminatorio con
referencia a una persona o un grupo sobre la base de sus
rasgos particulares. Es decir, por no estar de acuerdo con
la modalidad de existencia de un otro grupo o individuo;
por su religión, etnia, nacionalidad, color, ascendencia,
género, ideología u otro factor de identidad.
“El discurso de odio debe entenderse como fomento,
promoción o instigación, en cualquiera de sus formas,
del odio, la humillación o el menosprecio de una
persona o grupo de personas, así como el acoso,
descrédito, difusión de estereotipos negativos,
estigmatización o amenaza con respecto a dicha
persona o grupo de personas y la justificación de esas
manifestaciones por razones de raza, color,
ascendencia, origen nacional o étnico, edad,
discapacidad, lengua, religión o creencias, sexo,
género, identidad de género, orientación sexual y otras
características o condición personales” (3).
Si bien el sentimiento de odio y la construcción de un
enemigo perfecto en quien proyectar la culpa por los
sentimientos de insatisfacción humana son estructurales
en los sujetos, lo novedoso es que estos discursos son
sostenidos y legitimados por el Estado. Se instituye así,
parafraseando el Terrorismo de Estado, un Odio de
Estado. Si el Estado benefactor tradicional se preocupó, al
menos en la teoría, por buscar soluciones al sufrimiento
humano mediante la construcción de sociedades más
justas, El Estado Argentino actual se preocupa por
encontrar en los ciudadanos comunes a los culpables del
malestar social. Entonces, cualquiera que reclame un
derecho humano básico, se convierte en un enemigo a
combatir mediante la revictimización por parte del
Estado. Cualquiera que no acepte el rol de engranaje
maquinal en un sistema que promueve la distribución
cada vez más desigual de la riqueza, mediante una
tendencia de trabajo que se parece cada vez más al
trabajo esclavo, está en la mira de este Gobierno que
dispara a matar.
ARK CAICYT: https://id.caicyt.gov.ar/ark:/s30087074/ou5q6zvdl
Por otro lado, en una dimensión concreta, aparece lo que
llamamos políticas de la crueldad. Verónica Gago,
politóloga argentina, se pregunta en qué se diferencian
las nociones de violencia y crueldad. “¿Qué agrega,
concretamente, la noción de crueldad a una
fenomenología de la violencia?” (4). Señala que, si bien los
Estados- Nación siempre tienen zonas de crueldad, se
trata en este caso del señalamiento del traspaso de un
umbral, un límite, e indica que estamos ante un nuevo
tipo de violencia, en sus formas, en su intensidad y sus
efectos. “En principio, la crueldad, señala el disfrute, un
modo de placer asociado a la ejecución de la violencia” (4).
Se instituye un Estado, ya no indolente, sino gozante ante
el sufrimiento de su población más vulnerable.
La política de la crueldad, sostiene Gago, apuesta a la
violencia directa, espectacularizada, como un mecanismo
que produce 'insensibilización'. Los motivos tácitos,
ocultos en las sombras de la historia, siempre son
económicos, y hunden sus raíces en la tradición de
dictaduras y genocidios argentinos, que este gobierno no
ha perdido oportunidad de reivindicar.
¿CONTEXTO DE CATÁSTROFE SOCIAL?
Si bien podemos enmarcar estos cambios en clave de
políticas de la crueldad o necropolíticas, en nuestro país
conforman un marco más amplio que parecería responder
a un cambio de época, que se da siempre caótico, como
todo movimiento instituyente, en los términos de
Catoriadis (5).
Es en ese marco necropolítico y de crueldad, que las
primeras medidas del gobierno nacional tuvieran que ver,
tempranamente, con la disolución del INADI (Instituto
Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el
Racismo), por lo cual la población quedaba allí, al decir de
Fernando Ulloa (6), sin tercero de apelación ante la
discriminación, esconde la importancia de la lógica de lo
uno, porque sostiene en sombras la meritocracia. Todo
aquello distinto se vive diferente o amenazante, aquí se
agrega que todo aquello distinto es posible (se da vía
libre) de ser agredido. Es importante subrayar aquí la
operatoria de normalización hacia un modelo
heteropatriarcal, normativo y occidental que hace poco
tiempo atrás parecía ir debilitándose. Pues no, volvió y
volvió con una fuerza inusitada, descargando en la furia
de su vuelta el intento de reivindicación como único, un
solo modelo posible. Un solo modelo de sociedad posible.
Simultáneamente a esta medida se disolvió el Ministerio
de Mujeres, Géneros y Diversidad. También se
disolvieron las políticas de estado que protegían y daban
soporte material a las víctimas de violencia de género. Se
activa allí una vía libre para la eliminación del otro. Y no,
no es exagerado decir eliminación cuando no hay un
Estado que medie, que desarme la encerrona trágica, en
este caso, de la violencia de género.
Todas estas son condiciones de vida que, por un lado,
producen significaciones imaginarias sociales (por eso
podemos hablar de un cambio de época) y, por otro,
generan condiciones materiales de existencia afectando
directamente a la salud. En términos de Alicia Stolkiner
(7) estas políticas de liberalismo económico apuntan
también a un individualismo extremo que tensa con la
condición gregaria del ser humano, apunta a disolver la
comunidad, atenta contra el lazo social.
Paulatina, pero simultáneamente a estos cambios, se
comenzaban a dejar caer programas nacionales de salud
que habían constituido políticas públicas. También se
comenzaban a desfinanciar a los hospitales nacionales.
Con una idea de pensar la responsabilidad de los
diferentes niveles de gobierno y remitir competencias a
jurisdicciones provinciales y municipales para que
financien los diferentes áreas y dispositivos de salud,
pero sin tomar en cuenta la diversidad regional de las
economías. Cada provincia, cada municipio, maneja
diferentes tipos de presupuesto de acuerdo a los cultivos
locales, las industrias regionales; no todas las provincias
tienen los mismos recursos económicos. Aquí la idea de
“federalizar la salud” entra en tensión con la accesibilidad
en salud y la perspectiva de Derechos Humanos. Así, por
ejemplo, encontramos en diferentes provincias y/o
municipios la idea de un co-pago para no residentes que
sean usuarios del sistema de salud provincial.
Con relación al desfinanciamiento de los hospitales
nacionales toma especial relevancia la situación del
Hospital Laura Bonaparte, desde donde se llevó
adelante una atención en salud en concordancia con la
Ley Nacional de Salud Mental 26.657 (8). Dicha ley
comprende al sujeto como un sujeto de derecho y que
puede tener determinados padecimientos, pero eso no lo
condena a una vida de encierro, a la vez que cuestiona las
internaciones prolongadas que apartan al sujeto de su
comunidad y promueve una mirada de salud ligada a lo
social y comunitario. Este hospital fue el primero en ser
atacado y vaciado. Se ha despedido a más de la mitad de
sus trabajadores y está en plena intervención por parte
del Gobierno Nacional, argumentando irregularidades en
su funcionamiento. Pareciera ser una intervención de
alguna manera ejemplificadora en términos de salud, ya
que desde el inicio de este gobierno hubo críticas
permanentes a la Ley de Salud Mental. Este
posicionamiento del Gobierno Nacional entra en tensión
con la transformación en salud que se está llevando
adelante desde el Gobierno de la provincia de Buenos
Aires.
Otro indicador preocupante son los aumentos de
suicidios, fundamentalmente en jóvenes y adultos
mayores. Poblaciones más frágiles que enfrentan día a
día las mayores consecuencias del ajuste. Entre los
adolescentes y jóvenes hay factores que inciden, como
los consumos problemáticos en entornos digitales,
apuestas en red, ciberbullying y el acoso virtual.
1 Javier Milei, siguiendo los pasos de Donald Trump anunció que retirará a Argentina de la Organización Mundial de la Salud, creada en
1948 con el objetivo de coordinar la respuesta ante amenazas sanitarias globales. Su función principal es brindar cooperación técnica a los
países miembros, y promover mejoras en las condiciones sanitarias, en la regulación de medicamentos esenciales, la cobertura de vacunas
y el desarrollo de recursos humanos en salud, entre otros aspectos.
2 Primera declaración internacional de Derechos Humanos. En nuestro país tiene valor constitucional.
Salud Publica 2025 Oct; 4