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Artículo original AO
SALUD
REVISTA DEL MINISTERIO DE SALUD DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES
Salud Publica 2026 Feb; 5
MATERIALES Y MÉTODOS
La investigación se llevó adelante entre 2023 y 2024, con
datos de primera mano producidos para la investigación
durante el mismo período y con el análisis de datos de
dependencias del hospital correspondientes al periodo
2020-2022. Se seleccionó una metodología de estudio
descriptiva y transversal. Se utilizó el diseño cualitativo
para las entrevistas semiestructuradas a agentes de salud
y cuantitativo para las encuestas individuales anónimas al
personal de la institución y análisis de los datos aportados
por el área de Recursos Humanos del hospital. A nivel
metodológico, se triangularon tres técnicas de recolección
de datos: entrevistas semiestructuradas, encuestas
individuales anónimas y análisis propio del relevamiento
de personal hecho por el hospital.
En relación con las entrevistas, la población seleccionada
para la muestra fue realizada por el equipo de
investigación y se propició una muestra representativa
con relación a: distribución de géneros, tipo de
contratación (becarios/as, residentes, personal de planta,
coordinadores de área y jefes/as de servicio) y área de
trabajo (administrativa, profesional, técnica). Se
seleccionaron 10 personas para incluir en la muestra3, se
desarrollaron entrevistas presenciales y virtuales con un
proceso de desgrabación posterior y análisis discursivo
del contenido en base a categorías predefinidas
establecidas de acuerdo con los objetivos de
investigación.
RESULTADOS
Desigualdades de género por
segregación horizontal y vertical
Segregación horizontal
La segregación horizontal en el mercado laboral se refiere a
la concentración diferenciada de hombres y mujeres en
distintos sectores o tipos de ocupaciones, basada
fundamentalmente en construcciones socioculturales de
género. Refiere a la presencia predominante de mujeres en
empleos arquetípicamente femeninos, mientras que los
hombres se concentran en sectores de acuerdo con
imaginarios sobre la masculinidad y que en general tienen
mayor reconocimiento económico (4).
En base a los datos construidos a partir del relevamiento
del personal del hospital6, se distingue que hay un
predominio femenino en roles profesionales y técnicos7.
Entre los roles profesionales las mujeres representan
aproximadamente el 66% del personal. De manera similar,
en los roles técnicos, las mujeres constituyen una mayoría
aún más significativa, aproximadamente el 78% del total.
Asimismo, hay equilibrio en roles de servicio; están casi
equitativamente divididos entre hombres y mujeres, con 73
hombres y 74 mujeres de un total de 147 trabajadores/as en
esta área. En el caso de los puestos administrativos,
nuevamente, las mujeres son aproximadamente el 62% del
personal. En lo que respecta a las becas, se reitera la
4 La tasa de finalización de la encuesta fue de 97.14%, y la tasa de respuesta parcial con al menos 40 preguntas fue de 94.29%.
5 A nivel de género, 74% con universitario/terciario completo en el relevamiento, un 76%. A nivel de segmentación por edad en la encuesta,
42%; de 31 a 45 años 43% relevamiento, frente a 42% en la encuesta; de 46 a 60 años 14% encuesta, frente a un 26% en el relevamiento.
6 Los primeros resultados corresponden al análisis hecho a partir de los datos brindados por el área de Recursos Humanos del hopistal. En
la medida en que se trata de una grilla de uso interno del área con datos sobre cada trabajador/a, en muchos casos, varía el número total
disponible para cada dato agrupado. En total se contabilizan 1.447 trabajadores/as y los datos incluyen: datos personales y de contacto, nivel
de formación, título, fecha de ingreso, régimen legal, tipo de planta, cargo de revista, horas de trabajo, cargo real, tipo de servicio, horario
laboral y de guardia, licencias, etc. Sobre estos distintos registros se consrtruyeron agrupamientos analizados cuando se habla de datos del
relevamiento.
7 En su relevamiento, el hospital distingue y agrupa diferencialmente entre quienes han completado una carrera universitaria, y no están
llevando adelante una residencia o beca (como Profesionales), de quienes trabajan en la institución y tienen títulos terciarios o
técnico-universitarios (como Técnicos/as). Asimismo, agrupa como Servicio a ayudantes de laboratorio, de cocina y de lavadero,
camilleros/as, choferes, costureras, guardianes y cuidadores hospitalarios, electricistas, encargados del oxígeno, mucamas/os, preparadores
instrumentistas y radio operadores.
preponderancia de mujeres. En promedio, las mujeres son
un 69% de las y los becarios/as. Acerca de los roles
jerárquicos en el hospital, el agrupamiento se presenta
equitativo, con tres mujeres entre cinco puestos.
Prácticamente, el único sector en el que hay un casi
exclusivo predominio masculino es en el sector obrero,
con un 83% de hombres8.
En las carreras profesionales, por otro lado, hay
feminización del personal en áreas históricamente
feminizadas como la enfermería, con 237 mujeres frente
a 40 hombres en enfermería general y 66 mujeres
frente a 18 hombres entre auxiliares de enfermería. Los
roles como ayudante de mantenimiento (27 hombres) y
chofer (6 hombres), son exclusivamente masculinos.
Esta distribución generalizada de profesiones se
condice con estereotipos de género que siguen
plenamente vigentes, de acuerdo con las percepciones
identificadas en las entrevistas acerca de los trabajos
físicos o técnicos designados para hombres en el
hospital.
A pesar de que hay una distribución más equilibrada en
muchos campos, los puestos como jefe y subjefe de
servicio son ocupados mayoritariamente por hombres
(Gráfico 1). En el caso de los roles médicos, hay una mayor
cantidad de mujeres en roles especializados (163 mujeres
frente a 120 hombres) y entre residentes en general (261
mujeres frente a 140 hombres). En campos como
bioquímica y obstetricia las mujeres también predominan,
lo que sugiere una feminización de estas disciplinas del
campo de la salud.
Así, de acuerdo con el relevamiento de del período
2020-2022, las especialidades más claramente
feminizadas son obstetricia, neonatología, pediatría,
dermatología, clínica médica, ginecología, diagnóstico
por imágenes, hemoterapia y hematología, emergencia y
catástrofe y neurología. En el caso de las especialidades
más claramente masculinizadas aparecen las
especialidades de internación-emergencia, neurocirugía,
UTI, cardiología, cirugía plástica y otorrinolaringología.
En relación con la distribución del personal y el género, la
mayoría de los y las entrevistados/as identifica una
feminización del personal del hospital. Ninguno/a
menciona diversidades en el género ni tampoco realiza
alguna apreciación respecto a la mayoría de mujeres
trabajando. Sí dan cuenta de que persisten servicios o
áreas de trabajo completamente masculinizados o
feminizados, que responden a la asignación de tareas
por género que tradicionalmente opera en salud (cirugía,
mantenimiento y traslado para los hombres; servicio
social y enfermería, para las mujeres).
Con respecto a las percepciones sobre la segregación
horizontal de género, a partir de las entrevistas
cualitativas, se identifica que las mujeres enfrentan
En cuanto a las encuestas, fueron desarrolladas a través
de un formulario de Google -para mayor accesibilidad- y
se distribuyeron a través de las jefaturas de servicio y
coordinaciones de área para su posterior difusión a todo
el personal de salud. En el análisis posterior del impacto
de la encuesta (en diálogo con personas que participaron
del Comité de Género y de la oficina de comunicación
institucional), se observó que existe una resistencia por
parte del personal en general a la hora de participar (en
menor o mayor medida) de las cuestiones, actividades o
propuestas que se vinculan a “cuestiones de género”. El
formulario se diseñó con 45 preguntas4 sobre los ejes:
datos demográficos y de ingresos, condiciones de trabajo
en el hospital, conciliación trabajo-hogar, capacitaciones,
cargos jerárquicos, clima laboral y comunicación inclusiva
no sexista. Para los datos obtenidos en base a 35
encuestas anónimas, se empleó un análisis descriptivo
con el cálculo de frecuencia de respuestas y porcentajes
para identificar patrones dentro de las categorías de
análisis mencionadas. Se trata de un muestreo por
conveniencia no probabilístico, dado por la intención
espontánea para participar del estudio. Los criterios de
representatividad estadística de la muestra de la encuesta
están dados por el correlato de la proporción de género,
etaria y porcentual de nivel educativo alcanzado
declarados en contraste con la información provista por el
relevamiento de personal utilizado5.
Los datos aportados por la oficina de Recursos Humanos
muestran la composición del personal del hospital, la
utilización de licencias por parte del personal de salud y la
información acerca de los tipos de licencias que existen.
Con el fin de conocer aspectos generales de la fuerza de
trabajo del hospital, se sistematizó y analizó el
relevamiento iniciado en 2020 y actualizado hasta 2022. A
partir de esta fuente, se generaron datos específicos por
distinción de género acerca del número de trabajadores,
nivel de formación, régimen de contratación, cargos de
revista, puestos jerárquicos, personal por servicio, por
especialidad y por disciplina, y por condiciones de
permanencia en el cargo. Se resguardó la identidad de
los/as participantes (protocolo de investigación aprobado
por el Comité de Ética en Investigación del Hospital
Interzonal General de Agudos “San Roque” de Gonnet, el
2 de mayo de 2023; IP registrado en la Comisión Conjunta
de Investigaciones en Salud.
NO-2024-29845964-GDEBA-DPEGSFFMSALGP).
barreras por su género y la falta de reconocimiento de
sus roles laborales, como lo ilustra una camillera que
recibe tanto elogios por ser una mujer en un puesto
inusual, como críticas por su género. Otra barrera
percibida se asocia a mayores desafíos para conciliar el
trabajo con las responsabilidades familiares, al decir de
una médica, como mujer siempre siente “presión desde
el hogar”, a diferencia de sus colegas varones que “viven
para su trabajo”. Además, los estereotipos influyen en las
percepciones sobre quién es adecuado para cada rol,
llevando a que las mujeres realicen tareas desvalorizadas
o percibidas como "tareas de secretaria" en los servicios.
Entre otros estereotipos, existe la percepción de que las
mujeres aportan una sensibilidad particular en la gestión
de pacientes, lo que refuerza los roles de género
históricamente asociados a las especialidades y
profesiones de la salud. Pueden existir matices, pero de
distintas maneras se sostiene una marcada vigencia de
los roles de género históricamente asociados a las
especialidades y profesiones de la salud.
SEGREGACIÓN VERTICAL
La segregación vertical se refiere a las barreras
estructurales que limitan el acceso de las mujeres a puestos
de mayor jerarquía dentro de una organización o sector, a
pesar de su formación y experiencia. Este fenómeno está
impulsado por factores como sesgos de género en los
procesos de promoción, normas culturales que asocian el
liderazgo con lo masculino y la penalización de las
responsabilidades de cuidado en la trayectoria profesional
de las mujeres (7).
En la encuesta de la investigación se planteó al personal la
pregunta acerca de si se visualizan ocupando algún lugar
de dirección en la institución (Gráfico 2) en relación con la
posibilidad de ocupar un cargo jerárquico. Si bien la
encuesta toma una muestra reducida del personal, se
destaca como resultado que prácticamente 3 de cada 4
varones se ve así mismo como capaz de alcanzar un puesto
jerárquico. Mientras que, para las mujeres, prácticamente la
mitad declara que “nunca se le ocurrió”. Si a esto le
sumamos aquellas que directamente no se visualizan
ocupando un puesto directivo/jerárquico, obtenemos que
un 85% de las trabajadoras de la encuesta no se ven así
mismas en una carrera hacia ocupar un puesto de liderazgo
en la institución.
En el recorrido cualitativo de la investigación, la mayoría
de los entrevistados/as perciben que, aunque hay una
presencia significativa de mujeres en puestos de
liderazgo, todavía no hay un equilibrio de paridad. Hay
una percepción acerca de que los hombres siguen siendo
mayoría en los roles jerárquicos, aunque la presencia de
mujeres ha aumentado.
También, en base a las entrevistas, se reconstruye que en
cuanto a la distribución por áreas se distingue una
segregación de género, sobre todo en las especialidades
clínicas y quirúrgicas donde los roles de liderazgo están
mayoritariamente ocupados por hombres. Aunque hay
mujeres en roles de liderazgo (direcciones, jefaturas de
servicios), los hombres siguen predominando en las
posiciones más altas y en ciertas especialidades. Por otra
parte, se distingue que en áreas tradicionalmente
dominadas por mujeres, como pediatría y servicios de
cuidado, las mujeres siguen siendo predominantes.
Los y las trabajadores/as perciben que, aunque la
institución tiene políticas para promover la igualdad de
género, la implementación de estas políticas tiene los
límites habituales de los concursos estatales. Una
entrevistada menciona: “El hospital como institución
general está atravesado por perspectiva de género y trata
de que esos lugares [de liderazgo] tengan igual acceso,
pero el momento de definir esos espacios son lugares
concursados en donde no hay el tema género”9. Aunque no
existen políticas afirmativas que favorezcan a un género
sobre otro, algunos/as trabajadores/as sienten que las
responsabilidades familiares, como la crianza de los/as
hijos/as, pueden limitar las oportunidades de las mujeres
para asumir roles de mayor exigencia.
Acerca de políticas de género en la selección y las
oportunidades ofrecidas en la carrera profesional, los y las
trabajadores/as valoran positivamente las políticas e
iniciativas del hospital para promover una mayor equidad,
pero también aparecen críticas sobre la falta de
transparencia en los procesos de selección y promoción.
Para otros, la antigüedad se pondera por sobre otros
factores y méritos, lo que en alguna medida opera como
una barrera para el progreso profesional10.
Por otro lado, la falta de reconocimiento formal de ciertas
formaciones académicas también es vista como un
impedimento. Una trabajadora explica: “Tengo una
formación de grado, que no está reconocida en la ley, eso
figura en la otra ley, te permite un crecimiento incluso de
presentarte a otros concursos o a una jefatura de
servicio”11. De esta forma, si bien algunas personas
identifican aspectos del género como barreras para la
carrera profesional, muchas otras tienen más presentes
otros criterios, como la edad y el tiempo en el puesto, o la
valoración relativa a antecedentes de formación que no
son tenidos en cuenta.
RELACIONES CONDICIONANTES ENTRE TRABAJO
PRODUCTIVO-REPRODUCTIVO
Trabajar remunerada y no remuneradamente,
condicionantes entre producción y reproducción
El punto de partida de este apartado es la
problematización sobre las relaciones condicionantes
entre trabajo productivo y reproductivo entre
trabajadores/as del hospital. A través del instrumento de
encuestas individuales, se pudo relevar que la mayoría de
las mujeres encuestadas llevan adelante las tareas de sus
hogares (Gráfico 3). La respuesta predominante en el caso
de los varones acerca de quien se responsabilizaba de las
mismas era “su pareja”.
En esta dirección, en las entrevistas en profundidad se
evidencian de manera más concreta y precisa las
percepciones de conciliación entre trabajo remunerado,
responsabilidades familiares y afectivas y posibilidades
de tiempo libre. En relación con la caracterización de la
vida familiar/afectiva y la relación con el trabajo, se
distingue que los varones no perciben tener personas a
cargo de cuidado o incluso la esfera del cuidado aparece
muy alejada en sus identificaciones de tareas cotidianas.
Analizan la familia o las relaciones interpersonales como
vínculos de afecto y apoyo, pero no con alguna
obligatoriedad en el sostén del mismo. Es necesario
destacar que en este caso, los entrevistados varones no
tenían hijos/as a cargo ni parejas con hijos/as a cargo. En
el caso de las mujeres entrevistadas, al relatar su
trayectoria vital en todos los casos han identificado que
tienen o han tenido (dependiendo la edad) personas a
cargo de su cuidado y tareas de sostén, hayan o no
tenido hijos/as.
Si comparamos una mujer cis y un varón cis12 sin hijos/as
que realizan las mismas tareas, son pares
generacionalmente y tienen familiares de edades
similares, la entrevistada mujer puede identificar en sus
padres sujetos con autonomía pero que requieren y
requerirán de su cuidado. Por otro lado, el entrevistado
varón de similares características identifica ese escenario
como lejano y caracteriza a su red familiar independiente
y autónoma de necesidades.
CONDICIONES INSTITUCIONALES PARA LA
CONCILIACIÓN
Este segmento de la investigación indaga cómo las
políticas institucionales pueden apoyar a los individuos
para manejar de manera efectiva tanto sus compromisos
laborales como el cuidado fuera del trabajo. La totalidad
de los entrevistados y las entrevistadas reconocen tener
apoyo familiar en relación con sus necesidades de
cuidado y, a la par, refieren al apoyo institucional cuando
tienen necesidades de su vida fuera del ámbito laboral.
Dos entrevistadas reconocen el apoyo institucional más
vinculado con su servicio o área de trabajo más próxima,
mientras el resto reconoce una estructura institucional
más amplia de apoyo a los y las trabajadores/as. Ningún
entrevistado o entrevistada mencionó la necesidad u
opción de toma de licencias por tarea de cuidado a la
hora de buscar un apoyo institucional, sino que se
sostiene en la buena relación con la gestión institucional
más próxima.
Las instituciones u organizaciones donde se desempeña
el trabajo remunerado pueden realizar acciones o
construir espacios donde se acompañen las trayectorias
laborales-personales de los y las agentes que
desempeñan sus tareas, reconociendo de esta manera el
impacto de ambas esferas de la vida entre sí. Las
instituciones u organizaciones donde se desempeña el
trabajo remunerado no solo regulan las condiciones
formales de empleo, sino que también pueden
implementar acciones concretas y generar espacios
específicos para acompañar de manera activa la
articulación entre la vida laboral y la vida personal de los
y las agentes, reconociendo que lo que ocurre en una de
esas esferas impacta directamente sobre la otra. En este
sentido, espacios como los lactarios o los espacios de
cuidado para niños/as en las instituciones laborales
aminoran la carga mental y económica de los
trabajadores/as. En el instrumento de relevamiento, la
mayoría de las mujeres y de los varones reconocen la
existencia de espacios y herramientas para tal fin en el
Hospital San Roque.
Por otra parte, se destaca que quienes se autoperciben
con una identidad no binaria13 declaran no reconocer que
haya un espacio de acompañamiento para sus tareas de
cuidado desde el trabajo.
Un ítem fundamental para considerar sobre el manejo
efectivo de los tiempos de trabajo y cuidado tiene que
ver con la disponibilidad y gestión de las licencias
utilizables. En el instrumento de relevamiento y encuesta
que analizado en este apartado, existen varios ítems
relacionados con las licencias que solicita (o no) el
personal para poder abocarse a las tareas de cuidado. En
todos los casos, son en su mayoría mujeres quienes
solicitan dichas licencias en el hospital (Gráfico 4).
Este dato quizás sea uno de los más relevantes a la hora
de evaluar la existencia de la brecha de género. El
personal que presta servicios para el Ministerio de Salud
de la provincia de Buenos Aires, ya sea de la Ley 10.430 o
10.471, tiene una serie de descuentos en la percepción de
sus haberes en relación con las novedades que existan
mensualmente en su desempeño, Por “novedades”, se
entiende todas aquellas eventualidades que pueda tener
un/a trabajador/a que impidan que concurra a su espacio
de trabajo: artículos personales (Ley 10.430, art. 51),
licencias de todo tipo, ausentes, vacaciones, paro, etc.
Cuando una persona concurre a más de dos “novedades”
al mes, comienzan a descontar algunos incentivos
salariales o incluso el propio salario. En principio, pierde
la percepción del SAMO14, luego el plus profesional, y así
sucesivamente. Es en este eje donde una diferencia en la
necesidad de atención de familiares o personas a cargo
comienza a dar cuenta del impacto diferencial y desigual
en la percepción de haberes y, por lo tanto, en la realidad
económica entre mujeres y varones.
DESIGUALDADES POR INGRESO Y
BRECHA SALARIAL
Feminización histórica sostenida
Sobre la base de los datos analizados del relevamiento
de personal, aparece una característica que sirve parte
de los argumentos de esta investigación. La histórica
feminización de las tareas de cuidado, tanto en el ámbito
doméstico como en el institucional, se refleja en el sector
de la salud, donde estas labores son realizadas
mayoritariamente por mujeres que conforman, así, la
mayor parte de la fuerza laboral. Esta premisa histórica,
sumada a la inserción sostenida de las mujeres en
profesiones y áreas de la salud, se corresponde con las
curvas etarias del personal del hospital.
En base a los datos acerca del número y porcentaje de
mujeres y hombres en la institución por grupos etarios
(18-30 años; 31-45 años; 46-60 años; más de 60 años),
se distingue una tendencia a la feminización de manera
consistente a través de todas las cohortes de edad. Es
decir, la feminización en la fuerza de trabajo de la salud
se sostiene como una constante establecida de la fuerza
laboral del hospital.
Respecto a las condiciones de contratación, entre
contrataciones permanentes, temporales, interinas, por
concurrencia y por beca, en todos los casos la
distribución de género se sostiene aproximadamente
con dos mujeres por cada varón trabajador en el hospital.
Esto señala que, por régimen de contratación, hay una
inclinación de género femenino en la plantilla de
personal de la institución.
En la investigación se distingue la práctica preeminencia
de las mujeres en número, por mayoría de
especialidades, en cada régimen de contratación. Por
otra parte, se constata que los niveles de formación por
género (de acuerdo tanto con el relevamiento como con
la encuesta) dan cuenta de los niveles educativos más
altos alcanzados proporcionalmente por las mujeres en
la institución. Sin embargo, ni el número histórico y
presente, ni los niveles formativos, ni la evidente
feminización de la profesión son un peso suficiente como
para que las dinámicas sistémicas repliquen las barreras
que llevan a no acceder a ciertas posiciones. Al analizar
las cifras, encontramos que las mujeres ocupan solo el
40% de los cargos de jefatura y subjefatura, aunque
constituyen el 60% de los puestos directivos. Esta
situación destaca que las barreras a la igualdad no
siempre son evidentes, incluso en campos dominados
numéricamente por mujeres, y siguen limitando
significativamente el avance profesional de las mujeres y
personas de diversas identidades de género15.
BRECHAS SALARIALES
En las encuestas (Gráficos 5 y 6), las mujeres declaran en
líneas generales ganar más que los varones, al menos en
proporciones generales entre personas encuestadas por
género. Acerca de los ingresos declarados por los
hombres, que el 72% declare ganar entre $250.000 y
$500.000 para marzo de 2024 supone que dicho ingreso
no supera los ingresos de la línea de pobreza para un
hogar (de acuerdo con la canasta básica del INDEC para
ese período). Por otro lado, esto parece suplirse con
condiciones altas de pluriempleo entre los hombres (un
71% de los encuestados declara tener otro ingreso). Es
fundamental señalar que en estos casos un 60% de los
varones de la encuesta no son el principal sostén de sus
hogares.
Para el caso de las mujeres, dos de cada tres de ellas son
el principal ingreso económico en sus hogares. De
acuerdo con las encuestadas, los ingresos son
relativamente superiores a los de sus pares varones,
motivo por el cual probablemente también disminuye
porcentualmente el número de ellas que sostiene otro
empleo además del hospital. Tres de cada cinco de ellas
sostienen un segundo empleo. En el caso de las personas
no binarias, sus ingresos declarados se establecen en la
franja intermedia de la encuesta, además de que
declaran tener otros trabajos
Las diferencias de ingresos entre géneros, además de
las cargas de pluriactividad, dan cuenta de que en
estas condiciones los hombres pueden estar
enfrentando más presión para buscar ingresos
adicionales. Las mujeres tienen una tasa menor de
pluriempleo, lo que puede deberse tanto a que sus
ingresos del hospital son suficientes para sus
necesidades, como a que las responsabilidades del
hogar limitan su capacidad de horas disponibles para
buscar empleos adicionales.
Se revelan varias capas de desigualdad de ingresos que
no solo son producto de diferencias directas en salarios,
sino también de estructuras laborales y expectativas de
género que afectan las oportunidades y necesidades
económicas de hombres y mujeres de manera diferencial.
Las brechas económicas no solo tienen que ver con los
niveles de ingresos, sino también con las interrupciones
en la carrera, los efectos sobre las cargas de cuidado
(como las licencias solicitadas para ello mencionadas), la
segregación vertical que libra techos de cristal
imperceptibles, la doble y triple jornada que enfrentan
muchas trabajadoras, entre otros motivos.