Abordaje grupal de pacientes con amputación de
miembros inferiores: una mirada interdisciplinaria
en una institución de salud pública (2023-2024)
A group-based approach to patients with lower limb amputation: an
interdisciplinary perspective in a public health institution (2023–2024)
Recibido:20 de agosto 2025.Aceptado:12 de noviembre 2025.Aprobado:7 de enero 2026. Publicado:6 de abril 2026.
Au Martina Arabi 1 Licenciada en Servicio Social
María Candela García Sánchez 1 Licenciada en Psicología
1 Instituto Nacional de Rehabilitación Psicofísica del Sur de Mar del Plata, Argentina
psicgarciasanchez@gmail.com
RESUMEN
El presente trabajo pretende recopilar experiencias y saberes a partir
del desarrollo de un abordaje grupal destinado a personas que
presentan diagnóstico de amputación en el Instituto Nacional de
Rehabilitación Psicofísica del Sur de Mar del Plata. El dispositivo se
coordina desde las áreas de psicología y trabajo social, enmarcado en
una institución monovalente pública del tercer nivel de atención,
dirigida a la rehabilitación psicofísica. En la actualidad, cuenta con un
grupo de adultos mayores y un grupo de jóvenes, con dinámicas,
presentaciones, intereses y problemáticas distintas.
La coordinación del grupo está orientada a fomentar la producción de
un discurso emergente y no dirigido, generando un espacio para que
quienes participan puedan decidir sobre qué se trabaja en cada
encuentro.
Este dispositivo se constituye en una buena práctica en salud, donde
los protagonistas tienen una producción activa de sentidos en los
distintos momentos de la rehabilitación. Se considera que la
posibilidad de replicar la experiencia puede resultar beneficiosa tanto
para los usuarios, como así también para los equipos de salud.
Palabras clave: Amputación Quirúrgica; Rehabilitación; Dinámica de
Grupo; Intervención Psicosocial; Psicología; Trabajo Social
Rs ABSTRACT
This study aims to document experiences and lessons learned from
the development of a group-based approach for people with lower
limb amputation at the National Institute of Psychophysical
Rehabilitation of the South in Mar del Plata. The intervention is
coordinated by the Psychology and Social Work departments within
the framework of a public single-specialty tertiary care institution
dedicated to psychophysical rehabilitation. Currently, the program
includes one group of older adults and one group of younger adults,
with different dynamics, profiles, interests, and challenges.
Group coordination aims to foster the emergence of an open,
non-directive discourse, creating a space in which participants can
decide which topics to address in each session.
This intervention constitutes a good practice in healthcare, in which
participants actively construct meaning throughout different stages
of rehabilitation. The possibility of replicating this experience may be
beneficial for both patients and healthcare teams.
Keywords: Amputation, Surgical; Rehabilitation; Group Dynamics;
Psychosocial Intervention; Psychology; Social Work
Ab
1 Hoffman L. Fundamentos de la terapia familiar. Buenos Aires: Amorrortu; 1992.
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Investigaciones o intervenciones en salud con resultados beneficiosos para la comunidad
Salud Publica 2026 Abr; 5
“Parece que no existe un agente más
eficaz que otra persona para dar vida a un
mundo propio, o para marchitar la realidad en
la que uno habita mediante una mirada, un
gesto o un comentario” 1.
INTRODUCCIÓN
El Instituto Nacional de Rehabilitación Psicofísica del Sur
(INAREPS) de Mar del Plata, es el único centro de
referencia en rehabilitación psicofísica dependiente del
Ministerio de Salud de la Nación. Destina su atención a
infancias, adolescencias y adultos con secuelas
neuromotoras de diversa etiología, ofreciendo tres
modalidades de atención para la rehabilitación:
ambulatoria, internación y en domicilio.
La atención integral de personas con amputación es una de
las diversas propuestas que ofrece el INAREPS a la
población de todo el país. Este abordaje se realiza a través
de un equipo interdisciplinario conformado por Fisiatría,
Kinesiología, Terapia Ocupacional, Ortesis y Prótesis,
Psicología y Trabajo Social, donde se realiza una evaluación
conjunta de cada paciente que ingresa, definiendo una
propuesta particular, según los objetivos que plantea el
equipo tratante y las necesidades de cada caso.
A su vez, se entiende a la rehabilitación teniendo en cuenta
los aportes de la Organización Mundial de la Salud (OMS)
(1), como un conjunto de intervenciones encaminadas a
optimizar el funcionamiento y reducir la discapacidad en
personas con afecciones de salud en la interacción con su
entorno.
Dentro de las diversas estrategias planteadas por el equipo
tratante, surge un taller de autocuidado para quienes
presentan diagnóstico de amputación de etiología
diabética, en primera instancia, considerando su abordaje
como un modo de promover estrategias que propicien una
mejora en la calidad de vida, desde una perspectiva integral
de la salud. Esta primera experiencia, dio lugar a
participantes con otros diagnósticos.
En esos encuentros se observó la necesidad de las
personas participantes de contar con un espacio que de
intercambio de experiencias y sentires singulares que
aparecen a partir de la situación de salud que se
encuentran transitando. En esta coyuntura, se comenzó a
gestar y materializar un espacio para la reflexión, desde
una mirada interdisciplinaria, haciendo foco en el
acompañamiento, intercambio y coincidencias entre pares
a partir de un dispositivo concreto (Figura 1).
In
xxxxxx
PRESENTACIÓN DEL ABORDAJE GRUPAL
El lugar
La dinámica grupal se desarrolla en el salón de conferencias
de la institución. Las y los pacientes se acomodan en círculo
en sus sillas de ruedas. Algunas personas que ya se
encuentran equipadas con sus prótesis, utilizan muletas,
andador o bastón. Las coordinadoras se suman al espacio
en distintos lugares entre los participantes. La disposición
en ronda permite el desplazamiento del lenguaje verbal y
no verbal, dando lugar a expresiones del cuerpo, posturas
y, sobre todo, ver al otro.
La gran mayoría de las personas participantes concurre en
transporte que provee su obra social, otras en transporte
institucional2 y otras, en menor medida, en colectivos
urbanos o movilidad propia.
La propuesta
El objetivo que guía el dispositivo grupal es brindar un
espacio de reflexión, acompañamiento y escucha atenta,
tanto en aspectos asociados al proceso de rehabilitación,
como así también en el impacto que esta condición de
salud provoca en la subjetividad y vida cotidiana de esta
población en particular. La amputación de un miembro del
cuerpo trae aparejados efectos en la calidad de vida de
quienes forman parte del dispositivo, presentando
alteraciones en distintas esferas de la vida cotidiana,
siendo singular en cada individuo el modo de transitar la
nueva condición de salud. De este modo, según Soto et al.
(2), se define a la calidad de vida como la percepción del
individuo de su situación en la vida, dentro del contexto
cultural y de valores en que vive, y en relación con sus
objetivos, expectativas, valores e intereses.
Proceso de admisión
El ingreso al grupo es a través de una entrevista realizada
de forma conjunta desde la coordinación, evaluando el
perfil de agrupabilidad de la persona, el beneficio de ser
incluida en esta dinámica grupal y la posibilidad de contar
con medios para concurrir a la institución.
Si bien todas las personas que concurren al espacio
presentan diagnóstico de amputación de uno o ambos
miembros inferiores, las etiologías de la misma son
diversas: secuela de diabetes, complicaciones vasculares y
traumáticas (accidentes de tránsito, herida de arma de
fuego, entre otras). El paso del tiempo, la demanda de
participación en el espacio grupal y la revisión continua de
las coordinadoras, llevó a la necesidad de dividir el grupo en
dos franjas etarias. En la actualidad, se cuenta con un
grupo de adultos mayores y un grupo de jóvenes con
distintas dinámicas de presentaciones, intereses y
problemáticas, según cada espacio.
Se considera que la heterogeneidad de perfiles (etiologías
de las amputaciones, situación socioeconómica, etaria, etc.)
de las y los participantes que confluyen en ambos grupos,
enriquece las miradas, aportes intersubjetivos y, por
consiguiente, la retroalimentación mutua, favoreciendo
procesos identificatorios que se constituye en estímulo
para la realización de actividades de modo colectivo. De
este modo, López Cruchet (3) expresa que la
intersubjetividad se constituye como un proceso dinámico
que se construye y deconstruye de modo continuo en la
interacción con otros, incluyendo aspectos en donde los
espacios diversos internos y externos forman parte de la
realidad de una persona en particular.
Dinámica grupal
Cada grupo funciona una vez por semana con una duración
de una hora. Actualmente, la cantidad de asistentes al
grupo de adultos mayores es más amplia, con buena
adherencia y concurrencia regular al espacio en ambos
casos. Si bien la cantidad de participantes (entre 7 y 10)
supera a la sugerida por la bibliografía de referencia (4, 5),
existe una elevada demanda de atención a pacientes con
diagnóstico de amputación en la institución, siendo el
trabajo grupal una de las estrategias implementadas por el
equipo dentro de las propuestas de abordaje. Se considera
que dicha intervención es efectiva, teniendo en cuenta la
adherencia al espacio, el trabajo reflexivo obtenido y el
cumplimiento del encuadre por parte de los y las
participantes.
Dentro de la dinámica grupal se despliegan distintos roles,
los cuales no necesariamente son fijos. Se destaca el
liderazgo vinculado al tiempo de amputación y trayectoria
institucional; los portavoces, los reflexivos y aquellos que
desde el humor alivianan el sufrimiento grupal. Dichos
roles se fueron desplegando de modo natural a partir de
características singulares de las y los participantes.
La dinámica de ambos grupos es fluida, predomina el
sentido de pertenencia, con presencia de un discurso en
común, en donde prevalece la ilusión y producción grupal a
partir de un nosotros. La ilusión grupal, según Anzieu (6),
es un estado psíquico compartido que se expresa en la idea:
estamos bien juntos, formamos un buen grupo.
Esta característica predominante en la dinámica grupal
presentada, tiene efectos en el estado de ánimo de las
personas que forman parte del dispositivo a partir de
conductas ligadas a sentimientos de euforia y completitud,
coincidiendo en reexiones, sensaciones y modos de
asimilar una situación. Se observa en los encuentros en
donde predominan y circulan en el discurso expresiones de
pertenencia, fomentando el deseo de querer habitar el
espacio en común. También, se presentan momentos de
resistencia que obturan la producción de nuevos sentidos.
Se percibe como estrategia grupal la necesidad de
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disminuir los momentos en los cuales se hace presente la
angustia como modo de dar cuenta de la pérdida real de un
miembro del cuerpo. Es en este contexto que se hace
evidente el conflicto de intereses entre quienes se
encuentran en condiciones de poder escuchar y acompañar
el padecimiento y aquellos que necesitan salir de la
situación, evitando compartir su realidad, minimizando
pesares y emociones de las/os otras/os o irrumpiendo
desde el humor la tensión grupal. En estas situaciones, la
coordinación aborda desde el respeto el momento singular
del proceso de duelo y la asimilación de la condición actual
que cada participante atraviesa.
A lo largo de los encuentros comienzan a circular los
motivos de amputación de las y los participantes, dando
cuenta de lo diverso y complejo de la realidad presente en
cada caso. En la variedad de discursos y experiencias es
donde comienza a aparecer un punto en común: la falta de
autocuidado previo a la amputación. Las/os participantes
ponen en palabras lo que circula en la coyuntura de lo no
dicho: “muchos somos responsables de lo que nos pasó, es
una frase recurrente. Dicha intervención comienza a
entretejer una nueva trama grupal, el empezar a pensar las
responsabilidades de cada una/o en lo que concierne a su
salud, bienestar y cuidado del propio cuerpo. Desde la
coordinación, se propician nuevos modos de repensar a
partir de lo que se problematiza en el espacio, apostando a
la producción grupal de sentido en los encuentros y
desencuentros discursivos.
En algunos casos la amputación se vivencia de modo
sorpresivo, ya sea por desconocimiento de su patología y
presentar falencias en el autocuidado o por eventos
traumáticos asociados a accidentes de tránsito, laborales,
etc. En estas experiencias se destaca el orden de lo
inesperado, es decir el orden de lo abrupto que no puede
ser asimilado y simbolizado en un primer momento por el
sujeto. También están los casos en los que la amputación
es vivenciada como cancelación de dolor: llega luego de un
proceso, en la mayoría de los casos dolorosos, de úlceras,
infecciones, intervenciones de toilette3 y amputaciones
sucesivas en el mismo miembro. Algunas/os pacientes
solicitan ellas/os mismas/os que se les realice la amputación
del miembro.
El efecto que generó la amputación en cada participante es
una temática recurrente en ambos grupos. Se sitúan
algunas posiciones de resistencia, en donde todo sigue
igual, sin dar cuenta de la presencia de malestar a partir del
evento de salud: “no me cambió en nada, estoy como
antes, suelen decir. Dicha perspectiva tiene efecto en
las/os participantes que no se perciben de ese modo,
generando intercambios que ponen en evidencia a quienes
no logran aceptar su condición actual, en quienes
predomina una actitud de indiferencia ante las nuevas
limitaciones. Otras/os integrantes pueden dar cuenta de las
dificultades reales en sus actividades de la vida diaria a
partir del evento de salud. También están aquellos sujetos
en donde la angustia, la incertidumbre y el enojo
predominan en su discurso.
Muchas personas con diagnóstico de amputación suponen
sus rutinas pausadas transitoriamente, considerando que
la prótesis permitirá el retorno al estado anterior,
cancelando de este modo el proceso de duelo necesario
para la elaboración de la pérdida real de una parte de su
propio cuerpo. En este contexto, el grupo funciona como
sostén imaginario para los distintos participantes, sus
singularidades y modos de tramitar su condición actual,
dando lugar a la trama grupal que propone Jasiner (4), ese
tejido colectivo que produce morada en el escuchar al otro
y donde aparece la coordinadora como una tejedora. Es
decir, se pasa de lo homogéneo a lo heterogéneo, condición
necesaria para que emerja lo singular. En este sentido, tejer
trama es necesario para el anudamiento de subjetividades,
además de bordear el malestar, la incertidumbre, hacer
más llevaderos los tiempos de espera y permitir producir
nuevos modos de sostener y sostenerse, no sólo en el
proceso de rehabilitación, sino también en la vida cotidiana.
Cada sujeto realiza su propio proceso de duelo frente a la
pérdida real de un miembro de su cuerpo. En algunas/os la
angustia y el enojo se hacen protagonistas de la situación,
como se mencionó anteriormente, mientras que en
otras/os predominan aspectos de índole renegatorio como
recurso defensivo. En este sentido, se entiende a la
renegación como modo de defensa consistente en que el
sujeto rehúsa reconocer la realidad de una percepción
traumatizante (8).
Durante el tiempo que transcurre desde el inicio de ambos
grupos, hay participantes que adquieren su prótesis y este
acontecimiento inaugura un nuevo abanico de
posibilidades, representaciones y mitos respecto al uso de
la misma. Emerge una narrativa vinculada al temor de esta
nueva configuración corporal y los miedos propios de esta
circunstancia. Aparece la desilusión de la tan esperada
prótesis, donde las y los participantes comienzan a asimilar
que el uso del equipamiento no es tarea sencilla, ya que hay
exposición a nuevos riesgos: caídas, dolores y heridas. Así
como también surge la esperanza de volver al estado
previo a la amputación recuperando la autonomía,
independencia y retorno a las rutinas previas. En
contraposición, se presentan algunas dificultades ligadas a
la internalización del nuevo patrón de marcha4 y de la
adaptación al equipamiento.
Es en esta coyuntura que la experiencia de quienes están
s avanzadas/os con los tiempos de la rehabilitación
repercute en las/os demás integrantes del grupo,
generando momentos de ansiedad y también de decepción
en quienes empiezan a escuchar relatos que no coinciden
con lo que anhelan en el proceso de rehabilitación.
Es recurrente que en los encuentros grupales se compartan
experiencias y estrategias que cada una/o fue encontrando
ante vicisitudes que se van presentando en la vida
cotidiana a partir de la amputación. Ejemplo de ello es el
abordaje de la sensación fantasma o dolor de miembro
fantasma en una amputación adquirida, es decir, la
percepción de que existe algún sentimiento desagradable o
dolor en la amputación (10). Esta temática en particular
está presente en los encuentros donde se comparten las
estrategias que cada una/o fue encontrando para hacer
s tolerable dicha percepción.
Encuentro tras encuentro aparece una multiplicidad de
voces que da lugar a la posibilidad de narrar en el grupo
aquello que en el círculo familiar no se puede decir. Porque
expresar el propio malestar produce dolor, culpa, angustia.
En muchos casos se presenta el temor de que dichas
sensaciones se extiendan a su círculo íntimo produciendo
una carga. También se encuentran situaciones en donde el
vínculo con su red de apoyo estaba resquebrajado
previamente, exacerbando aún s los conflictos y
tensiones a partir de la demanda de cuidado y atención,
causando sensación de ser una molestia para los demás.
Se escucha en estos casos en particular el rol de los
familiares y parejas en la toma de decisión de la
amputación, vivenciada en la mayoría de los casos como un
modo de resistencia, siendo la misma persona amputada
quien otorga sostén y contención a las/os demás. En el
grupo se reactualizan las relaciones externas y lo que ellas
producen a partir del evento. Cuando se ingresa a un
contexto terapéutico grupal, se brinda la oportunidad de
desarrollar nuevas y diferentes narraciones que permiten
una gama ampliada de mediación alternativa a la
disolución del problema (11).
Rol de las coordinadoras
Desde el lugar de profesionales de la salud en general, y
particularmente desde la psicología y el trabajo social, el
equipo apuesta a acompañar la convergencia de
singularidades, permitiendo encontrar modos alternativos
de entramar nuevos sentidos a la realidad actual de cada
participante desde un dispositivo grupal. De esta manera,
se habilita la posibilidad de cuestionar y reeditar maneras
de transitar la cotidianeidad, dando apertura a la
intersubjetividad. Se entiende aquí por intersubjetividad a
la relación establecida entre varios seres con el objetivo de
llegar al conocimiento, cuyas características principales se
reducen a la comparecencia actual de los interlocutores, a
la proximidad y a la permuta de opiniones entre los sujetos.
Lo intersubjetivo apela a la disposición del yo a los otros, a
la interacción mutua, donde la interdependencia gobierna
los lazos rectores de los hombres, de los grupos y de sus
actividades (3).
El equipo propicia la construcción de nuevos sentidos,
haciendo hincapié en las particularidades de cada
participante, entendiendo que cada proceso de
rehabilitación es único para esa persona y su contexto en
ese momento, habilitando la posibilidad de compartir
experiencias individuales y fomentando nuevas
interpretaciones a partir del acontecer grupal.
Desde la coordinación del espacio, se considera
fundamental problematizar lo que les está ocurriendo a las
y los participantes, evitar el cierre de sentidos y validar la
presencia de angustia como parte de un proceso de duelo
que esn vivenciando, siendo necesaria la circulación de
esas manifestaciones dentro de la dinámica grupal.
Generar el espacio para que las personas participantes
puedan decidir sobre qué se trabaja en cada encuentro, es
central para que el propio grupo sea protagonista de la
producción de nuevos sentidos. Se considera a esta
característica como fundamental para implementar el
dispositivo como una buena práctica, siendo las/os
mismas/os usuarias/os quienes de un modo activo
fomentan y transmiten aquello que se gesta dentro de la
dinámica grupal.
Este tipo de abordaje se correlaciona con una orientación
no directiva, donde la/el profesional permite la expresión
libre y creativa del grupo, conduciendo a partir de los
fenómenos y contenidos que van surgiendo, para que
las/os participantes puedan expresar sus emociones y
comprender sus comportamientos y actitudes para
alcanzar sus objetivos (11).
REFLEXIONES FINALES
El abordaje grupal interdisciplinario para pacientes con
diagnóstico de amputación resulta propicio para habilitar
nuevos sentidos a la pérdida. Se considera que el
dispositivo facilita a quienes participan a partir de la
resignificación del evento de salud como un modo
compartido, desde el entrelazamiento de historias
singulares. Si bien el grupo se conforma a partir de una
trayectoria de salud común, el modo de transitar es
particular en cada caso. El intercambio de los avatares,
incertidumbres y también satisfacciones que cada
momento del proceso implica para quien se encuentra
inmersa/o en el mismo, se logra a partir del dispositivo
grupal, situación que en el abordaje individual no aparece
dado. De este modo, el poder encontrar un grupo de
pertenencia, en el cual confiar y compartir las
particularidades que la nueva condición de salud genera,
así como también nutrirse de la experiencia de pares y
constituirse en un espacio de reexión común, resulta
beneficioso y facilita el proceso de rehabilitación de cada
sujeto.
Se considera que la posibilidad de replicar el dispositivo
puede resultar beneficiosa tanto para las/os usuarias/os,
como así también para los equipos de salud. Asimismo, se
apuesta a la reinvención de sentidos a partir del efecto que
la grupalidad genera en la subjetividad de cada integrante.
Poder repensar el posicionamiento y la presentación inicial
Figura 1: Profesionales y participantes del dispositivo en actividad
Fuente: Elaboración propia.
de cada una/o frente al evento de salud, habilitando nuevas
preguntas, nuevos modos de verse en situación, así como
también siendo más permeables a la posibilidad de permitir
ser ayudados, escuchados y acompañados en el proceso de
rehabilitación, es necesario para llevar adelante sus pesares
y traumas.
Este tipo de experiencias irrumpe lo instituido dentro las
dinámicas hospitalarias, rompiendo con la rutina y la
enajenación diaria, generando movimiento en pos de la
necesidad de apropiarse de espacios y conquistarlos y
favoreciendo el dinamismo en los abordajes. En este
sentido, aparece el encuentro que permite la mirada de
otras y otros, dando lugar a la empatía, a la solidaridad y,
sobre todo, a la escucha atenta.
INTRODUCCIÓN
El Instituto Nacional de Rehabilitación Psicofísica del Sur
(INAREPS) de Mar del Plata, es el único centro de
referencia en rehabilitación psicofísica dependiente del
Ministerio de Salud de la Nación. Destina su atención a
infancias, adolescencias y adultos con secuelas
neuromotoras de diversa etiología, ofreciendo tres
modalidades de atención para la rehabilitación:
ambulatoria, internación y en domicilio.
La atención integral de personas con amputación es una de
las diversas propuestas que ofrece el INAREPS a la
población de todo el país. Este abordaje se realiza a través
de un equipo interdisciplinario conformado por Fisiatría,
Kinesiología, Terapia Ocupacional, Ortesis y Prótesis,
Psicología y Trabajo Social, donde se realiza una evaluación
conjunta de cada paciente que ingresa, definiendo una
propuesta particular, según los objetivos que plantea el
equipo tratante y las necesidades de cada caso.
A su vez, se entiende a la rehabilitación teniendo en cuenta
los aportes de la Organización Mundial de la Salud (OMS)
(1), como un conjunto de intervenciones encaminadas a
optimizar el funcionamiento y reducir la discapacidad en
personas con afecciones de salud en la interacción con su
entorno.
Dentro de las diversas estrategias planteadas por el equipo
tratante, surge un taller de autocuidado para quienes
presentan diagnóstico de amputación de etiología
diabética, en primera instancia, considerando su abordaje
como un modo de promover estrategias que propicien una
mejora en la calidad de vida, desde una perspectiva integral
de la salud. Esta primera experiencia, dio lugar a
participantes con otros diagnósticos.
En esos encuentros se observó la necesidad de las
personas participantes de contar con un espacio que de
intercambio de experiencias y sentires singulares que
aparecen a partir de la situación de salud que se
encuentran transitando. En esta coyuntura, se comenzó a
gestar y materializar un espacio para la reflexión, desde
una mirada interdisciplinaria, haciendo foco en el
acompañamiento, intercambio y coincidencias entre pares
a partir de un dispositivo concreto (Figura 1).
2 El transporte institucional es un recurso valioso y escaso con el que cuenta el instituto, cuyo principal objetivo es garantizar el acceso a
rehabilitación. Está destinado a pacientes sin obra social, que no cuentan con otro medio de transporte posible.
PRESENTACIÓN DEL ABORDAJE GRUPAL
El lugar
La dinámica grupal se desarrolla en el salón de conferencias
de la institución. Las y los pacientes se acomodan en círculo
en sus sillas de ruedas. Algunas personas que ya se
encuentran equipadas con sus prótesis, utilizan muletas,
andador o bastón. Las coordinadoras se suman al espacio
en distintos lugares entre los participantes. La disposición
en ronda permite el desplazamiento del lenguaje verbal y
no verbal, dando lugar a expresiones del cuerpo, posturas
y, sobre todo, ver al otro.
La gran mayoría de las personas participantes concurre en
transporte que provee su obra social, otras en transporte
institucional2 y otras, en menor medida, en colectivos
urbanos o movilidad propia.
La propuesta
El objetivo que guía el dispositivo grupal es brindar un
espacio de reflexión, acompañamiento y escucha atenta,
tanto en aspectos asociados al proceso de rehabilitación,
como así también en el impacto que esta condición de
salud provoca en la subjetividad y vida cotidiana de esta
población en particular. La amputación de un miembro del
cuerpo trae aparejados efectos en la calidad de vida de
quienes forman parte del dispositivo, presentando
alteraciones en distintas esferas de la vida cotidiana,
siendo singular en cada individuo el modo de transitar la
nueva condición de salud. De este modo, según Soto et al.
(2), se define a la calidad de vida como la percepción del
individuo de su situación en la vida, dentro del contexto
cultural y de valores en que vive, y en relación con sus
objetivos, expectativas, valores e intereses.
Proceso de admisión
El ingreso al grupo es a través de una entrevista realizada
de forma conjunta desde la coordinación, evaluando el
perfil de agrupabilidad de la persona, el beneficio de ser
incluida en esta dinámica grupal y la posibilidad de contar
con medios para concurrir a la institución.
Si bien todas las personas que concurren al espacio
presentan diagnóstico de amputación de uno o ambos
miembros inferiores, las etiologías de la misma son
diversas: secuela de diabetes, complicaciones vasculares y
traumáticas (accidentes de tránsito, herida de arma de
fuego, entre otras). El paso del tiempo, la demanda de
participación en el espacio grupal y la revisión continua de
las coordinadoras, llevó a la necesidad de dividir el grupo en
dos franjas etarias. En la actualidad, se cuenta con un
grupo de adultos mayores y un grupo de jóvenes con
distintas dinámicas de presentaciones, intereses y
problemáticas, según cada espacio.
Se considera que la heterogeneidad de perfiles (etiologías
de las amputaciones, situación socioeconómica, etaria, etc.)
de las y los participantes que confluyen en ambos grupos,
enriquece las miradas, aportes intersubjetivos y, por
consiguiente, la retroalimentación mutua, favoreciendo
procesos identificatorios que se constituye en estímulo
para la realización de actividades de modo colectivo. De
este modo, López Cruchet (3) expresa que la
intersubjetividad se constituye como un proceso dinámico
que se construye y deconstruye de modo continuo en la
interacción con otros, incluyendo aspectos en donde los
espacios diversos internos y externos forman parte de la
realidad de una persona en particular.
Dinámica grupal
Cada grupo funciona una vez por semana con una duración
de una hora. Actualmente, la cantidad de asistentes al
grupo de adultos mayores es más amplia, con buena
adherencia y concurrencia regular al espacio en ambos
casos. Si bien la cantidad de participantes (entre 7 y 10)
supera a la sugerida por la bibliografía de referencia (4, 5),
existe una elevada demanda de atención a pacientes con
diagnóstico de amputación en la institución, siendo el
trabajo grupal una de las estrategias implementadas por el
equipo dentro de las propuestas de abordaje. Se considera
que dicha intervención es efectiva, teniendo en cuenta la
adherencia al espacio, el trabajo reflexivo obtenido y el
cumplimiento del encuadre por parte de los y las
participantes.
Dentro de la dinámica grupal se despliegan distintos roles,
los cuales no necesariamente son fijos. Se destaca el
liderazgo vinculado al tiempo de amputación y trayectoria
institucional; los portavoces, los reflexivos y aquellos que
desde el humor alivianan el sufrimiento grupal. Dichos
roles se fueron desplegando de modo natural a partir de
características singulares de las y los participantes.
La dinámica de ambos grupos es fluida, predomina el
sentido de pertenencia, con presencia de un discurso en
común, en donde prevalece la ilusión y producción grupal a
partir de un nosotros. La ilusión grupal, según Anzieu (6),
es un estado psíquico compartido que se expresa en la idea:
estamos bien juntos, formamos un buen grupo.
Esta característica predominante en la dinámica grupal
presentada, tiene efectos en el estado de ánimo de las
personas que forman parte del dispositivo a partir de
conductas ligadas a sentimientos de euforia y completitud,
coincidiendo en reflexiones, sensaciones y modos de
asimilar una situación. Se observa en los encuentros en
donde predominan y circulan en el discurso expresiones de
pertenencia, fomentando el deseo de querer habitar el
espacio en común. También, se presentan momentos de
resistencia que obturan la producción de nuevos sentidos.
Se percibe como estrategia grupal la necesidad de
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disminuir los momentos en los cuales se hace presente la
angustia como modo de dar cuenta de la pérdida real de un
miembro del cuerpo. Es en este contexto que se hace
evidente el conflicto de intereses entre quienes se
encuentran en condiciones de poder escuchar y acompañar
el padecimiento y aquellos que necesitan salir de la
situación, evitando compartir su realidad, minimizando
pesares y emociones de las/os otras/os o irrumpiendo
desde el humor la tensión grupal. En estas situaciones, la
coordinación aborda desde el respeto el momento singular
del proceso de duelo y la asimilación de la condición actual
que cada participante atraviesa.
A lo largo de los encuentros comienzan a circular los
motivos de amputación de las y los participantes, dando
cuenta de lo diverso y complejo de la realidad presente en
cada caso. En la variedad de discursos y experiencias es
donde comienza a aparecer un punto en común: la falta de
autocuidado previo a la amputación. Las/os participantes
ponen en palabras lo que circula en la coyuntura de lo no
dicho: “muchos somos responsables de lo que nos pasó, es
una frase recurrente. Dicha intervención comienza a
entretejer una nueva trama grupal, el empezar a pensar las
responsabilidades de cada una/o en lo que concierne a su
salud, bienestar y cuidado del propio cuerpo. Desde la
coordinación, se propician nuevos modos de repensar a
partir de lo que se problematiza en el espacio, apostando a
la producción grupal de sentido en los encuentros y
desencuentros discursivos.
En algunos casos la amputación se vivencia de modo
sorpresivo, ya sea por desconocimiento de su patología y
presentar falencias en el autocuidado o por eventos
traumáticos asociados a accidentes de tránsito, laborales,
etc. En estas experiencias se destaca el orden de lo
inesperado, es decir el orden de lo abrupto que no puede
ser asimilado y simbolizado en un primer momento por el
sujeto. También están los casos en los que la amputación
es vivenciada como cancelación de dolor: llega luego de un
proceso, en la mayoría de los casos dolorosos, de úlceras,
infecciones, intervenciones de toilette3 y amputaciones
sucesivas en el mismo miembro. Algunas/os pacientes
solicitan ellas/os mismas/os que se les realice la amputación
del miembro.
El efecto que generó la amputación en cada participante es
una temática recurrente en ambos grupos. Se sitúan
algunas posiciones de resistencia, en donde todo sigue
igual, sin dar cuenta de la presencia de malestar a partir del
evento de salud: “no me cambió en nada, estoy como
antes, suelen decir. Dicha perspectiva tiene efecto en
las/os participantes que no se perciben de ese modo,
generando intercambios que ponen en evidencia a quienes
no logran aceptar su condición actual, en quienes
predomina una actitud de indiferencia ante las nuevas
limitaciones. Otras/os integrantes pueden dar cuenta de las
dificultades reales en sus actividades de la vida diaria a
partir del evento de salud. También están aquellos sujetos
en donde la angustia, la incertidumbre y el enojo
predominan en su discurso.
Muchas personas con diagnóstico de amputación suponen
sus rutinas pausadas transitoriamente, considerando que
la prótesis permitirá el retorno al estado anterior,
cancelando de este modo el proceso de duelo necesario
para la elaboración de la pérdida real de una parte de su
propio cuerpo. En este contexto, el grupo funciona como
sostén imaginario para los distintos participantes, sus
singularidades y modos de tramitar su condición actual,
dando lugar a la trama grupal que propone Jasiner (4), ese
tejido colectivo que produce morada en el escuchar al otro
y donde aparece la coordinadora como una tejedora. Es
decir, se pasa de lo homogéneo a lo heterogéneo, condición
necesaria para que emerja lo singular. En este sentido, tejer
trama es necesario para el anudamiento de subjetividades,
además de bordear el malestar, la incertidumbre, hacer
más llevaderos los tiempos de espera y permitir producir
nuevos modos de sostener y sostenerse, no sólo en el
proceso de rehabilitación, sino también en la vida cotidiana.
Cada sujeto realiza su propio proceso de duelo frente a la
pérdida real de un miembro de su cuerpo. En algunas/os la
angustia y el enojo se hacen protagonistas de la situación,
como se mencionó anteriormente, mientras que en
otras/os predominan aspectos de índole renegatorio como
recurso defensivo. En este sentido, se entiende a la
renegación como modo de defensa consistente en que el
sujeto rehúsa reconocer la realidad de una percepción
traumatizante (8).
Durante el tiempo que transcurre desde el inicio de ambos
grupos, hay participantes que adquieren su prótesis y este
acontecimiento inaugura un nuevo abanico de
posibilidades, representaciones y mitos respecto al uso de
la misma. Emerge una narrativa vinculada al temor de esta
nueva configuración corporal y los miedos propios de esta
circunstancia. Aparece la desilusión de la tan esperada
prótesis, donde las y los participantes comienzan a asimilar
que el uso del equipamiento no es tarea sencilla, ya que hay
exposición a nuevos riesgos: caídas, dolores y heridas. Así
como también surge la esperanza de volver al estado
previo a la amputación recuperando la autonomía,
independencia y retorno a las rutinas previas. En
contraposición, se presentan algunas dificultades ligadas a
la internalización del nuevo patrón de marcha4 y de la
adaptación al equipamiento.
Es en esta coyuntura que la experiencia de quienes están
s avanzadas/os con los tiempos de la rehabilitación
repercute en las/os demás integrantes del grupo,
generando momentos de ansiedad y también de decepción
en quienes empiezan a escuchar relatos que no coinciden
con lo que anhelan en el proceso de rehabilitación.
Es recurrente que en los encuentros grupales se compartan
experiencias y estrategias que cada una/o fue encontrando
ante vicisitudes que se van presentando en la vida
cotidiana a partir de la amputación. Ejemplo de ello es el
abordaje de la sensación fantasma o dolor de miembro
fantasma en una amputación adquirida, es decir, la
percepción de que existe algún sentimiento desagradable o
dolor en la amputación (10). Esta temática en particular
está presente en los encuentros donde se comparten las
estrategias que cada una/o fue encontrando para hacer
s tolerable dicha percepción.
Encuentro tras encuentro aparece una multiplicidad de
voces que da lugar a la posibilidad de narrar en el grupo
aquello que en el círculo familiar no se puede decir. Porque
expresar el propio malestar produce dolor, culpa, angustia.
En muchos casos se presenta el temor de que dichas
sensaciones se extiendan a su círculo íntimo produciendo
una carga. También se encuentran situaciones en donde el
vínculo con su red de apoyo estaba resquebrajado
previamente, exacerbando aún s los conflictos y
tensiones a partir de la demanda de cuidado y atención,
causando sensación de ser una molestia para los demás.
Se escucha en estos casos en particular el rol de los
familiares y parejas en la toma de decisión de la
amputación, vivenciada en la mayoría de los casos como un
modo de resistencia, siendo la misma persona amputada
quien otorga sostén y contención a las/os demás. En el
grupo se reactualizan las relaciones externas y lo que ellas
producen a partir del evento. Cuando se ingresa a un
contexto terapéutico grupal, se brinda la oportunidad de
desarrollar nuevas y diferentes narraciones que permiten
una gama ampliada de mediación alternativa a la
disolución del problema (11).
Rol de las coordinadoras
Desde el lugar de profesionales de la salud en general, y
particularmente desde la psicología y el trabajo social, el
equipo apuesta a acompañar la convergencia de
singularidades, permitiendo encontrar modos alternativos
de entramar nuevos sentidos a la realidad actual de cada
participante desde un dispositivo grupal. De esta manera,
se habilita la posibilidad de cuestionar y reeditar maneras
de transitar la cotidianeidad, dando apertura a la
intersubjetividad. Se entiende aquí por intersubjetividad a
la relación establecida entre varios seres con el objetivo de
llegar al conocimiento, cuyas características principales se
reducen a la comparecencia actual de los interlocutores, a
la proximidad y a la permuta de opiniones entre los sujetos.
Lo intersubjetivo apela a la disposición del yo a los otros, a
la interacción mutua, donde la interdependencia gobierna
los lazos rectores de los hombres, de los grupos y de sus
actividades (3).
El equipo propicia la construcción de nuevos sentidos,
haciendo hincapié en las particularidades de cada
participante, entendiendo que cada proceso de
rehabilitación es único para esa persona y su contexto en
ese momento, habilitando la posibilidad de compartir
experiencias individuales y fomentando nuevas
interpretaciones a partir del acontecer grupal.
Desde la coordinación del espacio, se considera
fundamental problematizar lo que les está ocurriendo a las
y los participantes, evitar el cierre de sentidos y validar la
presencia de angustia como parte de un proceso de duelo
que esn vivenciando, siendo necesaria la circulación de
esas manifestaciones dentro de la dinámica grupal.
Generar el espacio para que las personas participantes
puedan decidir sobre qué se trabaja en cada encuentro, es
central para que el propio grupo sea protagonista de la
producción de nuevos sentidos. Se considera a esta
característica como fundamental para implementar el
dispositivo como una buena práctica, siendo las/os
mismas/os usuarias/os quienes de un modo activo
fomentan y transmiten aquello que se gesta dentro de la
dinámica grupal.
Este tipo de abordaje se correlaciona con una orientación
no directiva, donde la/el profesional permite la expresión
libre y creativa del grupo, conduciendo a partir de los
fenómenos y contenidos que van surgiendo, para que
las/os participantes puedan expresar sus emociones y
comprender sus comportamientos y actitudes para
alcanzar sus objetivos (11).
REFLEXIONES FINALES
El abordaje grupal interdisciplinario para pacientes con
diagnóstico de amputación resulta propicio para habilitar
nuevos sentidos a la pérdida. Se considera que el
dispositivo facilita a quienes participan a partir de la
resignificación del evento de salud como un modo
compartido, desde el entrelazamiento de historias
singulares. Si bien el grupo se conforma a partir de una
trayectoria de salud común, el modo de transitar es
particular en cada caso. El intercambio de los avatares,
incertidumbres y también satisfacciones que cada
momento del proceso implica para quien se encuentra
inmersa/o en el mismo, se logra a partir del dispositivo
grupal, situación que en el abordaje individual no aparece
dado. De este modo, el poder encontrar un grupo de
pertenencia, en el cual confiar y compartir las
particularidades que la nueva condición de salud genera,
así como también nutrirse de la experiencia de pares y
constituirse en un espacio de reexión común, resulta
beneficioso y facilita el proceso de rehabilitación de cada
sujeto.
Se considera que la posibilidad de replicar el dispositivo
puede resultar beneficiosa tanto para las/os usuarias/os,
como así también para los equipos de salud. Asimismo, se
apuesta a la reinvención de sentidos a partir del efecto que
la grupalidad genera en la subjetividad de cada integrante.
Poder repensar el posicionamiento y la presentación inicial
de cada una/o frente al evento de salud, habilitando nuevas
preguntas, nuevos modos de verse en situación, así como
también siendo más permeables a la posibilidad de permitir
ser ayudados, escuchados y acompañados en el proceso de
rehabilitación, es necesario para llevar adelante sus pesares
y traumas.
Este tipo de experiencias irrumpe lo instituido dentro las
dinámicas hospitalarias, rompiendo con la rutina y la
enajenación diaria, generando movimiento en pos de la
necesidad de apropiarse de espacios y conquistarlos y
favoreciendo el dinamismo en los abordajes. En este
sentido, aparece el encuentro que permite la mirada de
otras y otros, dando lugar a la empatía, a la solidaridad y,
sobre todo, a la escucha atenta.
INTRODUCCIÓN
El Instituto Nacional de Rehabilitación Psicofísica del Sur
(INAREPS) de Mar del Plata, es el único centro de
referencia en rehabilitación psicofísica dependiente del
Ministerio de Salud de la Nación. Destina su atención a
infancias, adolescencias y adultos con secuelas
neuromotoras de diversa etiología, ofreciendo tres
modalidades de atención para la rehabilitación:
ambulatoria, internación y en domicilio.
La atención integral de personas con amputación es una de
las diversas propuestas que ofrece el INAREPS a la
población de todo el país. Este abordaje se realiza a través
de un equipo interdisciplinario conformado por Fisiatría,
Kinesiología, Terapia Ocupacional, Ortesis y Prótesis,
Psicología y Trabajo Social, donde se realiza una evaluación
conjunta de cada paciente que ingresa, definiendo una
propuesta particular, según los objetivos que plantea el
equipo tratante y las necesidades de cada caso.
A su vez, se entiende a la rehabilitación teniendo en cuenta
los aportes de la Organización Mundial de la Salud (OMS)
(1), como un conjunto de intervenciones encaminadas a
optimizar el funcionamiento y reducir la discapacidad en
personas con afecciones de salud en la interacción con su
entorno.
Dentro de las diversas estrategias planteadas por el equipo
tratante, surge un taller de autocuidado para quienes
presentan diagnóstico de amputación de etiología
diabética, en primera instancia, considerando su abordaje
como un modo de promover estrategias que propicien una
mejora en la calidad de vida, desde una perspectiva integral
de la salud. Esta primera experiencia, dio lugar a
participantes con otros diagnósticos.
En esos encuentros se observó la necesidad de las
personas participantes de contar con un espacio que de
intercambio de experiencias y sentires singulares que
aparecen a partir de la situación de salud que se
encuentran transitando. En esta coyuntura, se comenzó a
gestar y materializar un espacio para la reflexión, desde
una mirada interdisciplinaria, haciendo foco en el
acompañamiento, intercambio y coincidencias entre pares
a partir de un dispositivo concreto (Figura 1).
3 El desbridamiento consiste en la eliminación del tejido necrótico y la carga bacteriana del lecho de la herida con el fin de disminuir la
infección, el dolor, olor y complicaciones (7).
4 El patrón de marcha humana es un proceso aprendido que está influenciado por numerosos factores medioambientales. La marcha
puede definirse como una sucesión de pasos, entendiéndose por pasos aquellas acciones y movimientos que se producen entre el choque
de talón de un pie y el choque de talón del pie contralateral (9).
PRESENTACIÓN DEL ABORDAJE GRUPAL
El lugar
La dinámica grupal se desarrolla en el salón de conferencias
de la institución. Las y los pacientes se acomodan en círculo
en sus sillas de ruedas. Algunas personas que ya se
encuentran equipadas con sus prótesis, utilizan muletas,
andador o bastón. Las coordinadoras se suman al espacio
en distintos lugares entre los participantes. La disposición
en ronda permite el desplazamiento del lenguaje verbal y
no verbal, dando lugar a expresiones del cuerpo, posturas
y, sobre todo, ver al otro.
La gran mayoría de las personas participantes concurre en
transporte que provee su obra social, otras en transporte
institucional2 y otras, en menor medida, en colectivos
urbanos o movilidad propia.
La propuesta
El objetivo que guía el dispositivo grupal es brindar un
espacio de reflexión, acompañamiento y escucha atenta,
tanto en aspectos asociados al proceso de rehabilitación,
como así también en el impacto que esta condición de
salud provoca en la subjetividad y vida cotidiana de esta
población en particular. La amputación de un miembro del
cuerpo trae aparejados efectos en la calidad de vida de
quienes forman parte del dispositivo, presentando
alteraciones en distintas esferas de la vida cotidiana,
siendo singular en cada individuo el modo de transitar la
nueva condición de salud. De este modo, según Soto et al.
(2), se define a la calidad de vida como la percepción del
individuo de su situación en la vida, dentro del contexto
cultural y de valores en que vive, y en relación con sus
objetivos, expectativas, valores e intereses.
Proceso de admisión
El ingreso al grupo es a través de una entrevista realizada
de forma conjunta desde la coordinación, evaluando el
perfil de agrupabilidad de la persona, el beneficio de ser
incluida en esta dinámica grupal y la posibilidad de contar
con medios para concurrir a la institución.
Si bien todas las personas que concurren al espacio
presentan diagnóstico de amputación de uno o ambos
miembros inferiores, las etiologías de la misma son
diversas: secuela de diabetes, complicaciones vasculares y
traumáticas (accidentes de tránsito, herida de arma de
fuego, entre otras). El paso del tiempo, la demanda de
participación en el espacio grupal y la revisión continua de
las coordinadoras, llevó a la necesidad de dividir el grupo en
dos franjas etarias. En la actualidad, se cuenta con un
grupo de adultos mayores y un grupo de jóvenes con
distintas dinámicas de presentaciones, intereses y
problemáticas, según cada espacio.
Se considera que la heterogeneidad de perfiles (etiologías
de las amputaciones, situación socioeconómica, etaria, etc.)
de las y los participantes que confluyen en ambos grupos,
enriquece las miradas, aportes intersubjetivos y, por
consiguiente, la retroalimentación mutua, favoreciendo
procesos identificatorios que se constituye en estímulo
para la realización de actividades de modo colectivo. De
este modo, López Cruchet (3) expresa que la
intersubjetividad se constituye como un proceso dinámico
que se construye y deconstruye de modo continuo en la
interacción con otros, incluyendo aspectos en donde los
espacios diversos internos y externos forman parte de la
realidad de una persona en particular.
Dinámica grupal
Cada grupo funciona una vez por semana con una duración
de una hora. Actualmente, la cantidad de asistentes al
grupo de adultos mayores es más amplia, con buena
adherencia y concurrencia regular al espacio en ambos
casos. Si bien la cantidad de participantes (entre 7 y 10)
supera a la sugerida por la bibliografía de referencia (4, 5),
existe una elevada demanda de atención a pacientes con
diagnóstico de amputación en la institución, siendo el
trabajo grupal una de las estrategias implementadas por el
equipo dentro de las propuestas de abordaje. Se considera
que dicha intervención es efectiva, teniendo en cuenta la
adherencia al espacio, el trabajo reflexivo obtenido y el
cumplimiento del encuadre por parte de los y las
participantes.
Dentro de la dinámica grupal se despliegan distintos roles,
los cuales no necesariamente son fijos. Se destaca el
liderazgo vinculado al tiempo de amputación y trayectoria
institucional; los portavoces, los reflexivos y aquellos que
desde el humor alivianan el sufrimiento grupal. Dichos
roles se fueron desplegando de modo natural a partir de
características singulares de las y los participantes.
La dinámica de ambos grupos es fluida, predomina el
sentido de pertenencia, con presencia de un discurso en
común, en donde prevalece la ilusión y producción grupal a
partir de un nosotros. La ilusión grupal, según Anzieu (6),
es un estado psíquico compartido que se expresa en la idea:
estamos bien juntos, formamos un buen grupo.
Esta característica predominante en la dinámica grupal
presentada, tiene efectos en el estado de ánimo de las
personas que forman parte del dispositivo a partir de
conductas ligadas a sentimientos de euforia y completitud,
coincidiendo en reflexiones, sensaciones y modos de
asimilar una situación. Se observa en los encuentros en
donde predominan y circulan en el discurso expresiones de
pertenencia, fomentando el deseo de querer habitar el
espacio en común. También, se presentan momentos de
resistencia que obturan la producción de nuevos sentidos.
Se percibe como estrategia grupal la necesidad de
Buenas Prácticas BP
SALUD
REVISTA DEL MINISTERIO DE SALUD DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES
Salud Publica 2026 Abr; 5
disminuir los momentos en los cuales se hace presente la
angustia como modo de dar cuenta de la pérdida real de un
miembro del cuerpo. Es en este contexto que se hace
evidente el conflicto de intereses entre quienes se
encuentran en condiciones de poder escuchar y acompañar
el padecimiento y aquellos que necesitan salir de la
situación, evitando compartir su realidad, minimizando
pesares y emociones de las/os otras/os o irrumpiendo
desde el humor la tensión grupal. En estas situaciones, la
coordinación aborda desde el respeto el momento singular
del proceso de duelo y la asimilación de la condición actual
que cada participante atraviesa.
A lo largo de los encuentros comienzan a circular los
motivos de amputación de las y los participantes, dando
cuenta de lo diverso y complejo de la realidad presente en
cada caso. En la variedad de discursos y experiencias es
donde comienza a aparecer un punto en común: la falta de
autocuidado previo a la amputación. Las/os participantes
ponen en palabras lo que circula en la coyuntura de lo no
dicho: “muchos somos responsables de lo que nos pasó”, es
una frase recurrente. Dicha intervención comienza a
entretejer una nueva trama grupal, el empezar a pensar las
responsabilidades de cada una/o en lo que concierne a su
salud, bienestar y cuidado del propio cuerpo. Desde la
coordinación, se propician nuevos modos de repensar a
partir de lo que se problematiza en el espacio, apostando a
la producción grupal de sentido en los encuentros y
desencuentros discursivos.
En algunos casos la amputación se vivencia de modo
sorpresivo, ya sea por desconocimiento de su patología y
presentar falencias en el autocuidado o por eventos
traumáticos asociados a accidentes de tránsito, laborales,
etc. En estas experiencias se destaca el orden de lo
inesperado, es decir el orden de lo abrupto que no puede
ser asimilado y simbolizado en un primer momento por el
sujeto. También están los casos en los que la amputación
es vivenciada como cancelación de dolor: llega luego de un
proceso, en la mayoría de los casos dolorosos, de úlceras,
infecciones, intervenciones de toilette3 y amputaciones
sucesivas en el mismo miembro. Algunas/os pacientes
solicitan ellas/os mismas/os que se les realice la amputación
del miembro.
El efecto que generó la amputación en cada participante es
una temática recurrente en ambos grupos. Se sitúan
algunas posiciones de resistencia, en donde todo sigue
igual, sin dar cuenta de la presencia de malestar a partir del
evento de salud: “no me cambió en nada, estoy como
antes”, suelen decir. Dicha perspectiva tiene efecto en
las/os participantes que no se perciben de ese modo,
generando intercambios que ponen en evidencia a quienes
no logran aceptar su condición actual, en quienes
predomina una actitud de indiferencia ante las nuevas
limitaciones. Otras/os integrantes pueden dar cuenta de las
dificultades reales en sus actividades de la vida diaria a
partir del evento de salud. También están aquellos sujetos
en donde la angustia, la incertidumbre y el enojo
predominan en su discurso.
Muchas personas con diagnóstico de amputación suponen
sus rutinas pausadas transitoriamente, considerando que
la prótesis permitirá el retorno al estado anterior,
cancelando de este modo el proceso de duelo necesario
para la elaboración de la pérdida real de una parte de su
propio cuerpo. En este contexto, el grupo funciona como
sostén imaginario para los distintos participantes, sus
singularidades y modos de tramitar su condición actual,
dando lugar a la trama grupal que propone Jasiner (4), ese
tejido colectivo que produce morada en el escuchar al otro
y donde aparece la coordinadora como una tejedora. Es
decir, se pasa de lo homogéneo a lo heterogéneo, condición
necesaria para que emerja lo singular. En este sentido, tejer
trama es necesario para el anudamiento de subjetividades,
además de bordear el malestar, la incertidumbre, hacer
más llevaderos los tiempos de espera y permitir producir
nuevos modos de sostener y sostenerse, no sólo en el
proceso de rehabilitación, sino también en la vida cotidiana.
Cada sujeto realiza su propio proceso de duelo frente a la
pérdida real de un miembro de su cuerpo. En algunas/os la
angustia y el enojo se hacen protagonistas de la situación,
como se mencionó anteriormente, mientras que en
otras/os predominan aspectos de índole renegatorio como
recurso defensivo. En este sentido, se entiende a la
renegación como modo de defensa consistente en que el
sujeto rehúsa reconocer la realidad de una percepción
traumatizante (8).
Durante el tiempo que transcurre desde el inicio de ambos
grupos, hay participantes que adquieren su prótesis y este
acontecimiento inaugura un nuevo abanico de
posibilidades, representaciones y mitos respecto al uso de
la misma. Emerge una narrativa vinculada al temor de esta
nueva configuración corporal y los miedos propios de esta
circunstancia. Aparece la desilusión de la tan esperada
prótesis, donde las y los participantes comienzan a asimilar
que el uso del equipamiento no es tarea sencilla, ya que hay
exposición a nuevos riesgos: caídas, dolores y heridas. Así
como también surge la esperanza de volver al estado
previo a la amputación recuperando la autonomía,
independencia y retorno a las rutinas previas. En
contraposición, se presentan algunas dificultades ligadas a
la internalización del nuevo patrón de marcha4 y de la
adaptación al equipamiento.
Es en esta coyuntura que la experiencia de quienes están
más avanzadas/os con los tiempos de la rehabilitación
repercute en las/os demás integrantes del grupo,
generando momentos de ansiedad y también de decepción
en quienes empiezan a escuchar relatos que no coinciden
con lo que anhelan en el proceso de rehabilitación.
Es recurrente que en los encuentros grupales se compartan
experiencias y estrategias que cada una/o fue encontrando
ante vicisitudes que se van presentando en la vida
cotidiana a partir de la amputación. Ejemplo de ello es el
abordaje de la sensación fantasma o dolor de miembro
fantasma en una amputación adquirida, es decir, la
percepción de que existe algún sentimiento desagradable o
dolor en la amputación (10). Esta temática en particular
es presente en los encuentros donde se comparten las
estrategias que cada una/o fue encontrando para hacer
más tolerable dicha percepción.
Encuentro tras encuentro aparece una multiplicidad de
voces que da lugar a la posibilidad de narrar en el grupo
aquello que en el círculo familiar no se puede decir. Porque
expresar el propio malestar produce dolor, culpa, angustia.
En muchos casos se presenta el temor de que dichas
sensaciones se extiendan a su círculo íntimo produciendo
una carga. También se encuentran situaciones en donde el
vínculo con su red de apoyo estaba resquebrajado
previamente, exacerbando aún s los conflictos y
tensiones a partir de la demanda de cuidado y atención,
causando sensación de ser una molestia para los demás.
Se escucha en estos casos en particular el rol de los
familiares y parejas en la toma de decisión de la
amputación, vivenciada en la mayoría de los casos como un
modo de resistencia, siendo la misma persona amputada
quien otorga sostén y contención a las/os demás. En el
grupo se reactualizan las relaciones externas y lo que ellas
producen a partir del evento. Cuando se ingresa a un
contexto terapéutico grupal, se brinda la oportunidad de
desarrollar nuevas y diferentes narraciones que permiten
una gama ampliada de mediación alternativa a la
disolución del problema (11).
Rol de las coordinadoras
Desde el lugar de profesionales de la salud en general, y
particularmente desde la psicología y el trabajo social, el
equipo apuesta a acompañar la convergencia de
singularidades, permitiendo encontrar modos alternativos
de entramar nuevos sentidos a la realidad actual de cada
participante desde un dispositivo grupal. De esta manera,
se habilita la posibilidad de cuestionar y reeditar maneras
de transitar la cotidianeidad, dando apertura a la
intersubjetividad. Se entiende aquí por intersubjetividad a
la relación establecida entre varios seres con el objetivo de
llegar al conocimiento, cuyas características principales se
reducen a la comparecencia actual de los interlocutores, a
la proximidad y a la permuta de opiniones entre los sujetos.
Lo intersubjetivo apela a la disposición del yo a los otros, a
la interacción mutua, donde la interdependencia gobierna
los lazos rectores de los hombres, de los grupos y de sus
actividades (3).
El equipo propicia la construcción de nuevos sentidos,
haciendo hincapié en las particularidades de cada
participante, entendiendo que cada proceso de
rehabilitación es único para esa persona y su contexto en
ese momento, habilitando la posibilidad de compartir
experiencias individuales y fomentando nuevas
interpretaciones a partir del acontecer grupal.
Desde la coordinación del espacio, se considera
fundamental problematizar lo que les está ocurriendo a las
y los participantes, evitar el cierre de sentidos y validar la
presencia de angustia como parte de un proceso de duelo
que esn vivenciando, siendo necesaria la circulación de
esas manifestaciones dentro de la dinámica grupal.
Generar el espacio para que las personas participantes
puedan decidir sobre qué se trabaja en cada encuentro, es
central para que el propio grupo sea protagonista de la
producción de nuevos sentidos. Se considera a esta
característica como fundamental para implementar el
dispositivo como una buena práctica, siendo las/os
mismas/os usuarias/os quienes de un modo activo
fomentan y transmiten aquello que se gesta dentro de la
dinámica grupal.
Este tipo de abordaje se correlaciona con una orientación
no directiva, donde la/el profesional permite la expresión
libre y creativa del grupo, conduciendo a partir de los
fenómenos y contenidos que van surgiendo, para que
las/os participantes puedan expresar sus emociones y
comprender sus comportamientos y actitudes para
alcanzar sus objetivos (11).
REFLEXIONES FINALES
El abordaje grupal interdisciplinario para pacientes con
diagnóstico de amputación resulta propicio para habilitar
nuevos sentidos a la pérdida. Se considera que el
dispositivo facilita a quienes participan a partir de la
resignificación del evento de salud como un modo
compartido, desde el entrelazamiento de historias
singulares. Si bien el grupo se conforma a partir de una
trayectoria de salud común, el modo de transitar es
particular en cada caso. El intercambio de los avatares,
incertidumbres y también satisfacciones que cada
momento del proceso implica para quien se encuentra
inmersa/o en el mismo, se logra a partir del dispositivo
grupal, situación que en el abordaje individual no aparece
dado. De este modo, el poder encontrar un grupo de
pertenencia, en el cual confiar y compartir las
particularidades que la nueva condición de salud genera,
así como también nutrirse de la experiencia de pares y
constituirse en un espacio de reexión común, resulta
beneficioso y facilita el proceso de rehabilitación de cada
sujeto.
Se considera que la posibilidad de replicar el dispositivo
puede resultar beneficiosa tanto para las/os usuarias/os,
como así también para los equipos de salud. Asimismo, se
apuesta a la reinvención de sentidos a partir del efecto que
la grupalidad genera en la subjetividad de cada integrante.
Poder repensar el posicionamiento y la presentación inicial
de cada una/o frente al evento de salud, habilitando nuevas
preguntas, nuevos modos de verse en situación, así como
también siendo más permeables a la posibilidad de permitir
ser ayudados, escuchados y acompañados en el proceso de
rehabilitación, es necesario para llevar adelante sus pesares
y traumas.
Este tipo de experiencias irrumpe lo instituido dentro las
dinámicas hospitalarias, rompiendo con la rutina y la
enajenación diaria, generando movimiento en pos de la
necesidad de apropiarse de espacios y conquistarlos y
favoreciendo el dinamismo en los abordajes. En este
sentido, aparece el encuentro que permite la mirada de
otras y otros, dando lugar a la empatía, a la solidaridad y,
sobre todo, a la escucha atenta.
INTRODUCCIÓN
El Instituto Nacional de Rehabilitación Psicofísica del Sur
(INAREPS) de Mar del Plata, es el único centro de
referencia en rehabilitación psicofísica dependiente del
Ministerio de Salud de la Nación. Destina su atención a
infancias, adolescencias y adultos con secuelas
neuromotoras de diversa etiología, ofreciendo tres
modalidades de atención para la rehabilitación:
ambulatoria, internación y en domicilio.
La atención integral de personas con amputación es una de
las diversas propuestas que ofrece el INAREPS a la
población de todo el país. Este abordaje se realiza a través
de un equipo interdisciplinario conformado por Fisiatría,
Kinesiología, Terapia Ocupacional, Ortesis y Prótesis,
Psicología y Trabajo Social, donde se realiza una evaluación
conjunta de cada paciente que ingresa, definiendo una
propuesta particular, según los objetivos que plantea el
equipo tratante y las necesidades de cada caso.
A su vez, se entiende a la rehabilitación teniendo en cuenta
los aportes de la Organización Mundial de la Salud (OMS)
(1), como un conjunto de intervenciones encaminadas a
optimizar el funcionamiento y reducir la discapacidad en
personas con afecciones de salud en la interacción con su
entorno.
Dentro de las diversas estrategias planteadas por el equipo
tratante, surge un taller de autocuidado para quienes
presentan diagnóstico de amputación de etiología
diabética, en primera instancia, considerando su abordaje
como un modo de promover estrategias que propicien una
mejora en la calidad de vida, desde una perspectiva integral
de la salud. Esta primera experiencia, dio lugar a
participantes con otros diagnósticos.
En esos encuentros se observó la necesidad de las
personas participantes de contar con un espacio que de
intercambio de experiencias y sentires singulares que
aparecen a partir de la situación de salud que se
encuentran transitando. En esta coyuntura, se comenzó a
gestar y materializar un espacio para la reflexión, desde
una mirada interdisciplinaria, haciendo foco en el
acompañamiento, intercambio y coincidencias entre pares
a partir de un dispositivo concreto (Figura 1).
PRESENTACIÓN DEL ABORDAJE GRUPAL
El lugar
La dinámica grupal se desarrolla en el salón de conferencias
de la institución. Las y los pacientes se acomodan en círculo
en sus sillas de ruedas. Algunas personas que ya se
encuentran equipadas con sus prótesis, utilizan muletas,
andador o bastón. Las coordinadoras se suman al espacio
en distintos lugares entre los participantes. La disposición
en ronda permite el desplazamiento del lenguaje verbal y
no verbal, dando lugar a expresiones del cuerpo, posturas
y, sobre todo, ver al otro.
La gran mayoría de las personas participantes concurre en
transporte que provee su obra social, otras en transporte
institucional2 y otras, en menor medida, en colectivos
urbanos o movilidad propia.
La propuesta
El objetivo que guía el dispositivo grupal es brindar un
espacio de reflexión, acompañamiento y escucha atenta,
tanto en aspectos asociados al proceso de rehabilitación,
como así también en el impacto que esta condición de
salud provoca en la subjetividad y vida cotidiana de esta
población en particular. La amputación de un miembro del
cuerpo trae aparejados efectos en la calidad de vida de
quienes forman parte del dispositivo, presentando
alteraciones en distintas esferas de la vida cotidiana,
siendo singular en cada individuo el modo de transitar la
nueva condición de salud. De este modo, según Soto et al.
(2), se define a la calidad de vida como la percepción del
individuo de su situación en la vida, dentro del contexto
cultural y de valores en que vive, y en relación con sus
objetivos, expectativas, valores e intereses.
Proceso de admisión
El ingreso al grupo es a través de una entrevista realizada
de forma conjunta desde la coordinación, evaluando el
perfil de agrupabilidad de la persona, el beneficio de ser
incluida en esta dinámica grupal y la posibilidad de contar
con medios para concurrir a la institución.
Si bien todas las personas que concurren al espacio
presentan diagnóstico de amputación de uno o ambos
miembros inferiores, las etiologías de la misma son
diversas: secuela de diabetes, complicaciones vasculares y
traumáticas (accidentes de tránsito, herida de arma de
fuego, entre otras). El paso del tiempo, la demanda de
participación en el espacio grupal y la revisión continua de
las coordinadoras, llevó a la necesidad de dividir el grupo en
dos franjas etarias. En la actualidad, se cuenta con un
grupo de adultos mayores y un grupo de jóvenes con
distintas dinámicas de presentaciones, intereses y
problemáticas, según cada espacio.
Se considera que la heterogeneidad de perfiles (etiologías
de las amputaciones, situación socioeconómica, etaria, etc.)
de las y los participantes que confluyen en ambos grupos,
enriquece las miradas, aportes intersubjetivos y, por
consiguiente, la retroalimentación mutua, favoreciendo
procesos identificatorios que se constituye en estímulo
para la realización de actividades de modo colectivo. De
este modo, López Cruchet (3) expresa que la
intersubjetividad se constituye como un proceso dinámico
que se construye y deconstruye de modo continuo en la
interacción con otros, incluyendo aspectos en donde los
espacios diversos internos y externos forman parte de la
realidad de una persona en particular.
Dinámica grupal
Cada grupo funciona una vez por semana con una duración
de una hora. Actualmente, la cantidad de asistentes al
grupo de adultos mayores es más amplia, con buena
adherencia y concurrencia regular al espacio en ambos
casos. Si bien la cantidad de participantes (entre 7 y 10)
supera a la sugerida por la bibliografía de referencia (4, 5),
existe una elevada demanda de atención a pacientes con
diagnóstico de amputación en la institución, siendo el
trabajo grupal una de las estrategias implementadas por el
equipo dentro de las propuestas de abordaje. Se considera
que dicha intervención es efectiva, teniendo en cuenta la
adherencia al espacio, el trabajo reflexivo obtenido y el
cumplimiento del encuadre por parte de los y las
participantes.
Dentro de la dinámica grupal se despliegan distintos roles,
los cuales no necesariamente son fijos. Se destaca el
liderazgo vinculado al tiempo de amputación y trayectoria
institucional; los portavoces, los reflexivos y aquellos que
desde el humor alivianan el sufrimiento grupal. Dichos
roles se fueron desplegando de modo natural a partir de
características singulares de las y los participantes.
La dinámica de ambos grupos es fluida, predomina el
sentido de pertenencia, con presencia de un discurso en
común, en donde prevalece la ilusión y producción grupal a
partir de un nosotros. La ilusión grupal, según Anzieu (6),
es un estado psíquico compartido que se expresa en la idea:
estamos bien juntos, formamos un buen grupo.
Esta característica predominante en la dinámica grupal
presentada, tiene efectos en el estado de ánimo de las
personas que forman parte del dispositivo a partir de
conductas ligadas a sentimientos de euforia y completitud,
coincidiendo en reflexiones, sensaciones y modos de
asimilar una situación. Se observa en los encuentros en
donde predominan y circulan en el discurso expresiones de
pertenencia, fomentando el deseo de querer habitar el
espacio en común. También, se presentan momentos de
resistencia que obturan la producción de nuevos sentidos.
Se percibe como estrategia grupal la necesidad de
disminuir los momentos en los cuales se hace presente la
angustia como modo de dar cuenta de la pérdida real de un
miembro del cuerpo. Es en este contexto que se hace
evidente el conflicto de intereses entre quienes se
encuentran en condiciones de poder escuchar y acompañar
el padecimiento y aquellos que necesitan salir de la
situación, evitando compartir su realidad, minimizando
pesares y emociones de las/os otras/os o irrumpiendo
desde el humor la tensión grupal. En estas situaciones, la
coordinación aborda desde el respeto el momento singular
del proceso de duelo y la asimilación de la condición actual
que cada participante atraviesa.
A lo largo de los encuentros comienzan a circular los
motivos de amputación de las y los participantes, dando
cuenta de lo diverso y complejo de la realidad presente en
cada caso. En la variedad de discursos y experiencias es
donde comienza a aparecer un punto en común: la falta de
autocuidado previo a la amputación. Las/os participantes
ponen en palabras lo que circula en la coyuntura de lo no
dicho: “muchos somos responsables de lo que nos pasó”, es
una frase recurrente. Dicha intervención comienza a
entretejer una nueva trama grupal, el empezar a pensar las
responsabilidades de cada una/o en lo que concierne a su
salud, bienestar y cuidado del propio cuerpo. Desde la
coordinación, se propician nuevos modos de repensar a
partir de lo que se problematiza en el espacio, apostando a
la producción grupal de sentido en los encuentros y
desencuentros discursivos.
En algunos casos la amputación se vivencia de modo
sorpresivo, ya sea por desconocimiento de su patología y
presentar falencias en el autocuidado o por eventos
traumáticos asociados a accidentes de tránsito, laborales,
etc. En estas experiencias se destaca el orden de lo
inesperado, es decir el orden de lo abrupto que no puede
ser asimilado y simbolizado en un primer momento por el
sujeto. También están los casos en los que la amputación
es vivenciada como cancelación de dolor: llega luego de un
proceso, en la mayoría de los casos dolorosos, de úlceras,
infecciones, intervenciones de toilette3 y amputaciones
sucesivas en el mismo miembro. Algunas/os pacientes
solicitan ellas/os mismas/os que se les realice la amputación
del miembro.
El efecto que generó la amputación en cada participante es
una temática recurrente en ambos grupos. Se sitúan
algunas posiciones de resistencia, en donde todo sigue
igual, sin dar cuenta de la presencia de malestar a partir del
evento de salud: “no me cambió en nada, estoy como
antes”, suelen decir. Dicha perspectiva tiene efecto en
las/os participantes que no se perciben de ese modo,
generando intercambios que ponen en evidencia a quienes
no logran aceptar su condición actual, en quienes
predomina una actitud de indiferencia ante las nuevas
limitaciones. Otras/os integrantes pueden dar cuenta de las
dificultades reales en sus actividades de la vida diaria a
partir del evento de salud. También están aquellos sujetos
en donde la angustia, la incertidumbre y el enojo
predominan en su discurso.
Muchas personas con diagnóstico de amputación suponen
sus rutinas pausadas transitoriamente, considerando que
la prótesis permitirá el retorno al estado anterior,
cancelando de este modo el proceso de duelo necesario
para la elaboración de la pérdida real de una parte de su
propio cuerpo. En este contexto, el grupo funciona como
sostén imaginario para los distintos participantes, sus
singularidades y modos de tramitar su condición actual,
dando lugar a la trama grupal que propone Jasiner (4), ese
tejido colectivo que produce morada en el escuchar al otro
y donde aparece la coordinadora como una tejedora. Es
decir, se pasa de lo homogéneo a lo heterogéneo, condición
necesaria para que emerja lo singular. En este sentido, tejer
trama es necesario para el anudamiento de subjetividades,
además de bordear el malestar, la incertidumbre, hacer
más llevaderos los tiempos de espera y permitir producir
nuevos modos de sostener y sostenerse, no sólo en el
proceso de rehabilitación, sino también en la vida cotidiana.
Cada sujeto realiza su propio proceso de duelo frente a la
pérdida real de un miembro de su cuerpo. En algunas/os la
angustia y el enojo se hacen protagonistas de la situación,
como se mencionó anteriormente, mientras que en
otras/os predominan aspectos de índole renegatorio como
recurso defensivo. En este sentido, se entiende a la
renegación como modo de defensa consistente en que el
sujeto rehúsa reconocer la realidad de una percepción
traumatizante (8).
Durante el tiempo que transcurre desde el inicio de ambos
grupos, hay participantes que adquieren su prótesis y este
acontecimiento inaugura un nuevo abanico de
posibilidades, representaciones y mitos respecto al uso de
la misma. Emerge una narrativa vinculada al temor de esta
nueva configuración corporal y los miedos propios de esta
circunstancia. Aparece la desilusión de la tan esperada
prótesis, donde las y los participantes comienzan a asimilar
que el uso del equipamiento no es tarea sencilla, ya que hay
exposición a nuevos riesgos: caídas, dolores y heridas. Así
como también surge la esperanza de volver al estado
previo a la amputación recuperando la autonomía,
independencia y retorno a las rutinas previas. En
contraposición, se presentan algunas dificultades ligadas a
la internalización del nuevo patrón de marcha4 y de la
adaptación al equipamiento.
Es en esta coyuntura que la experiencia de quienes están
más avanzadas/os con los tiempos de la rehabilitación
repercute en las/os demás integrantes del grupo,
generando momentos de ansiedad y también de decepción
en quienes empiezan a escuchar relatos que no coinciden
con lo que anhelan en el proceso de rehabilitación.
Es recurrente que en los encuentros grupales se compartan
experiencias y estrategias que cada una/o fue encontrando
ante vicisitudes que se van presentando en la vida
cotidiana a partir de la amputación. Ejemplo de ello es el
abordaje de la sensación fantasma o dolor de miembro
fantasma en una amputación adquirida, es decir, la
percepción de que existe algún sentimiento desagradable o
dolor en la amputación (10). Esta temática en particular
está presente en los encuentros donde se comparten las
estrategias que cada una/o fue encontrando para hacer
más tolerable dicha percepción.
Encuentro tras encuentro aparece una multiplicidad de
voces que da lugar a la posibilidad de narrar en el grupo
aquello que en el círculo familiar no se puede decir. Porque
expresar el propio malestar produce dolor, culpa, angustia.
En muchos casos se presenta el temor de que dichas
sensaciones se extiendan a su círculo íntimo produciendo
una carga. También se encuentran situaciones en donde el
vínculo con su red de apoyo estaba resquebrajado
previamente, exacerbando aún más los conflictos y
tensiones a partir de la demanda de cuidado y atención,
causando sensación de ser una molestia para los demás.
Se escucha en estos casos en particular el rol de los
familiares y parejas en la toma de decisión de la
amputación, vivenciada en la mayoría de los casos como un
modo de resistencia, siendo la misma persona amputada
quien otorga sostén y contención a las/os demás. En el
grupo se reactualizan las relaciones externas y lo que ellas
producen a partir del evento. Cuando se ingresa a un
contexto terapéutico grupal, se brinda la oportunidad de
desarrollar nuevas y diferentes narraciones que permiten
una gama ampliada de mediación alternativa a la
disolución del problema (11).
Rol de las coordinadoras
Desde el lugar de profesionales de la salud en general, y
particularmente desde la psicología y el trabajo social, el
equipo apuesta a acompañar la convergencia de
singularidades, permitiendo encontrar modos alternativos
de entramar nuevos sentidos a la realidad actual de cada
participante desde un dispositivo grupal. De esta manera,
se habilita la posibilidad de cuestionar y reeditar maneras
de transitar la cotidianeidad, dando apertura a la
intersubjetividad. Se entiende aquí por intersubjetividad a
la relación establecida entre varios seres con el objetivo de
llegar al conocimiento, cuyas características principales se
reducen a la comparecencia actual de los interlocutores, a
la proximidad y a la permuta de opiniones entre los sujetos.
Lo intersubjetivo apela a la disposición del yo a los otros, a
la interacción mutua, donde la interdependencia gobierna
los lazos rectores de los hombres, de los grupos y de sus
actividades (3).
El equipo propicia la construcción de nuevos sentidos,
haciendo hincapié en las particularidades de cada
participante, entendiendo que cada proceso de
rehabilitación es único para esa persona y su contexto en
ese momento, habilitando la posibilidad de compartir
experiencias individuales y fomentando nuevas
interpretaciones a partir del acontecer grupal.
Desde la coordinación del espacio, se considera
fundamental problematizar lo que les está ocurriendo a las
y los participantes, evitar el cierre de sentidos y validar la
presencia de angustia como parte de un proceso de duelo
que están vivenciando, siendo necesaria la circulación de
esas manifestaciones dentro de la dinámica grupal.
Generar el espacio para que las personas participantes
puedan decidir sobre qué se trabaja en cada encuentro, es
central para que el propio grupo sea protagonista de la
producción de nuevos sentidos. Se considera a esta
característica como fundamental para implementar el
dispositivo como una buena práctica, siendo las/os
mismas/os usuarias/os quienes de un modo activo
fomentan y transmiten aquello que se gesta dentro de la
dinámica grupal.
Este tipo de abordaje se correlaciona con una orientación
no directiva, donde la/el profesional permite la expresión
libre y creativa del grupo, conduciendo a partir de los
fenómenos y contenidos que van surgiendo, para que
las/os participantes puedan expresar sus emociones y
comprender sus comportamientos y actitudes para
alcanzar sus objetivos (11).
REFLEXIONES FINALES
El abordaje grupal interdisciplinario para pacientes con
diagnóstico de amputación resulta propicio para habilitar
nuevos sentidos a la pérdida. Se considera que el
dispositivo facilita a quienes participan a partir de la
resignificación del evento de salud como un modo
compartido, desde el entrelazamiento de historias
singulares. Si bien el grupo se conforma a partir de una
trayectoria de salud común, el modo de transitar es
particular en cada caso. El intercambio de los avatares,
incertidumbres y también satisfacciones que cada
momento del proceso implica para quien se encuentra
inmersa/o en el mismo, se logra a partir del dispositivo
grupal, situación que en el abordaje individual no aparece
dado. De este modo, el poder encontrar un grupo de
pertenencia, en el cual confiar y compartir las
particularidades que la nueva condición de salud genera,
así como también nutrirse de la experiencia de pares y
constituirse en un espacio de reflexión común, resulta
beneficioso y facilita el proceso de rehabilitación de cada
sujeto.
Se considera que la posibilidad de replicar el dispositivo
puede resultar beneficiosa tanto para las/os usuarias/os,
como así también para los equipos de salud. Asimismo, se
apuesta a la reinvención de sentidos a partir del efecto que
la grupalidad genera en la subjetividad de cada integrante.
Poder repensar el posicionamiento y la presentación inicial
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SALUD
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Salud Publica 2026 Abr; 5
de cada una/o frente al evento de salud, habilitando nuevas
preguntas, nuevos modos de verse en situación, así como
también siendo más permeables a la posibilidad de permitir
ser ayudados, escuchados y acompañados en el proceso de
rehabilitación, es necesario para llevar adelante sus pesares
y traumas.
Este tipo de experiencias irrumpe lo instituido dentro las
dinámicas hospitalarias, rompiendo con la rutina y la
enajenación diaria, generando movimiento en pos de la
necesidad de apropiarse de espacios y conquistarlos y
favoreciendo el dinamismo en los abordajes. En este
sentido, aparece el encuentro que permite la mirada de
otras y otros, dando lugar a la empatía, a la solidaridad y,
sobre todo, a la escucha atenta.
INTRODUCCIÓN
El Instituto Nacional de Rehabilitación Psicofísica del Sur
(INAREPS) de Mar del Plata, es el único centro de
referencia en rehabilitación psicofísica dependiente del
Ministerio de Salud de la Nación. Destina su atención a
infancias, adolescencias y adultos con secuelas
neuromotoras de diversa etiología, ofreciendo tres
modalidades de atención para la rehabilitación:
ambulatoria, internación y en domicilio.
La atención integral de personas con amputación es una de
las diversas propuestas que ofrece el INAREPS a la
población de todo el país. Este abordaje se realiza a través
de un equipo interdisciplinario conformado por Fisiatría,
Kinesiología, Terapia Ocupacional, Ortesis y Prótesis,
Psicología y Trabajo Social, donde se realiza una evaluación
conjunta de cada paciente que ingresa, definiendo una
propuesta particular, según los objetivos que plantea el
equipo tratante y las necesidades de cada caso.
A su vez, se entiende a la rehabilitación teniendo en cuenta
los aportes de la Organización Mundial de la Salud (OMS)
(1), como un conjunto de intervenciones encaminadas a
optimizar el funcionamiento y reducir la discapacidad en
personas con afecciones de salud en la interacción con su
entorno.
Dentro de las diversas estrategias planteadas por el equipo
tratante, surge un taller de autocuidado para quienes
presentan diagnóstico de amputación de etiología
diabética, en primera instancia, considerando su abordaje
como un modo de promover estrategias que propicien una
mejora en la calidad de vida, desde una perspectiva integral
de la salud. Esta primera experiencia, dio lugar a
participantes con otros diagnósticos.
En esos encuentros se observó la necesidad de las
personas participantes de contar con un espacio que de
intercambio de experiencias y sentires singulares que
aparecen a partir de la situación de salud que se
encuentran transitando. En esta coyuntura, se comenzó a
gestar y materializar un espacio para la reflexión, desde
una mirada interdisciplinaria, haciendo foco en el
acompañamiento, intercambio y coincidencias entre pares
a partir de un dispositivo concreto (Figura 1).
PRESENTACIÓN DEL ABORDAJE GRUPAL
El lugar
La dinámica grupal se desarrolla en el salón de conferencias
de la institución. Las y los pacientes se acomodan en círculo
en sus sillas de ruedas. Algunas personas que ya se
encuentran equipadas con sus prótesis, utilizan muletas,
andador o bastón. Las coordinadoras se suman al espacio
en distintos lugares entre los participantes. La disposición
en ronda permite el desplazamiento del lenguaje verbal y
no verbal, dando lugar a expresiones del cuerpo, posturas
y, sobre todo, ver al otro.
La gran mayoría de las personas participantes concurre en
transporte que provee su obra social, otras en transporte
institucional2 y otras, en menor medida, en colectivos
urbanos o movilidad propia.
La propuesta
El objetivo que guía el dispositivo grupal es brindar un
espacio de reflexión, acompañamiento y escucha atenta,
tanto en aspectos asociados al proceso de rehabilitación,
como así también en el impacto que esta condición de
salud provoca en la subjetividad y vida cotidiana de esta
población en particular. La amputación de un miembro del
cuerpo trae aparejados efectos en la calidad de vida de
quienes forman parte del dispositivo, presentando
alteraciones en distintas esferas de la vida cotidiana,
siendo singular en cada individuo el modo de transitar la
nueva condición de salud. De este modo, según Soto et al.
(2), se define a la calidad de vida como la percepción del
individuo de su situación en la vida, dentro del contexto
cultural y de valores en que vive, y en relación con sus
objetivos, expectativas, valores e intereses.
Proceso de admisión
El ingreso al grupo es a través de una entrevista realizada
de forma conjunta desde la coordinación, evaluando el
perfil de agrupabilidad de la persona, el beneficio de ser
incluida en esta dinámica grupal y la posibilidad de contar
con medios para concurrir a la institución.
Si bien todas las personas que concurren al espacio
presentan diagnóstico de amputación de uno o ambos
miembros inferiores, las etiologías de la misma son
diversas: secuela de diabetes, complicaciones vasculares y
traumáticas (accidentes de tránsito, herida de arma de
fuego, entre otras). El paso del tiempo, la demanda de
participación en el espacio grupal y la revisión continua de
las coordinadoras, llevó a la necesidad de dividir el grupo en
dos franjas etarias. En la actualidad, se cuenta con un
grupo de adultos mayores y un grupo de jóvenes con
distintas dinámicas de presentaciones, intereses y
problemáticas, según cada espacio.
Se considera que la heterogeneidad de perfiles (etiologías
de las amputaciones, situación socioeconómica, etaria, etc.)
de las y los participantes que confluyen en ambos grupos,
enriquece las miradas, aportes intersubjetivos y, por
consiguiente, la retroalimentación mutua, favoreciendo
procesos identificatorios que se constituye en estímulo
para la realización de actividades de modo colectivo. De
este modo, López Cruchet (3) expresa que la
intersubjetividad se constituye como un proceso dinámico
que se construye y deconstruye de modo continuo en la
interacción con otros, incluyendo aspectos en donde los
espacios diversos internos y externos forman parte de la
realidad de una persona en particular.
Dinámica grupal
Cada grupo funciona una vez por semana con una duración
de una hora. Actualmente, la cantidad de asistentes al
grupo de adultos mayores es más amplia, con buena
adherencia y concurrencia regular al espacio en ambos
casos. Si bien la cantidad de participantes (entre 7 y 10)
supera a la sugerida por la bibliografía de referencia (4, 5),
existe una elevada demanda de atención a pacientes con
diagnóstico de amputación en la institución, siendo el
trabajo grupal una de las estrategias implementadas por el
equipo dentro de las propuestas de abordaje. Se considera
que dicha intervención es efectiva, teniendo en cuenta la
adherencia al espacio, el trabajo reflexivo obtenido y el
cumplimiento del encuadre por parte de los y las
participantes.
Dentro de la dinámica grupal se despliegan distintos roles,
los cuales no necesariamente son fijos. Se destaca el
liderazgo vinculado al tiempo de amputación y trayectoria
institucional; los portavoces, los reflexivos y aquellos que
desde el humor alivianan el sufrimiento grupal. Dichos
roles se fueron desplegando de modo natural a partir de
características singulares de las y los participantes.
La dinámica de ambos grupos es fluida, predomina el
sentido de pertenencia, con presencia de un discurso en
común, en donde prevalece la ilusión y producción grupal a
partir de un nosotros. La ilusión grupal, según Anzieu (6),
es un estado psíquico compartido que se expresa en la idea:
estamos bien juntos, formamos un buen grupo.
Esta característica predominante en la dinámica grupal
presentada, tiene efectos en el estado de ánimo de las
personas que forman parte del dispositivo a partir de
conductas ligadas a sentimientos de euforia y completitud,
coincidiendo en reflexiones, sensaciones y modos de
asimilar una situación. Se observa en los encuentros en
donde predominan y circulan en el discurso expresiones de
pertenencia, fomentando el deseo de querer habitar el
espacio en común. También, se presentan momentos de
resistencia que obturan la producción de nuevos sentidos.
Se percibe como estrategia grupal la necesidad de
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disminuir los momentos en los cuales se hace presente la
angustia como modo de dar cuenta de la pérdida real de un
miembro del cuerpo. Es en este contexto que se hace
evidente el conflicto de intereses entre quienes se
encuentran en condiciones de poder escuchar y acompañar
el padecimiento y aquellos que necesitan salir de la
situación, evitando compartir su realidad, minimizando
pesares y emociones de las/os otras/os o irrumpiendo
desde el humor la tensión grupal. En estas situaciones, la
coordinación aborda desde el respeto el momento singular
del proceso de duelo y la asimilación de la condición actual
que cada participante atraviesa.
A lo largo de los encuentros comienzan a circular los
motivos de amputación de las y los participantes, dando
cuenta de lo diverso y complejo de la realidad presente en
cada caso. En la variedad de discursos y experiencias es
donde comienza a aparecer un punto en común: la falta de
autocuidado previo a la amputación. Las/os participantes
ponen en palabras lo que circula en la coyuntura de lo no
dicho: “muchos somos responsables de lo que nos pasó”, es
una frase recurrente. Dicha intervención comienza a
entretejer una nueva trama grupal, el empezar a pensar las
responsabilidades de cada una/o en lo que concierne a su
salud, bienestar y cuidado del propio cuerpo. Desde la
coordinación, se propician nuevos modos de repensar a
partir de lo que se problematiza en el espacio, apostando a
la producción grupal de sentido en los encuentros y
desencuentros discursivos.
En algunos casos la amputación se vivencia de modo
sorpresivo, ya sea por desconocimiento de su patología y
presentar falencias en el autocuidado o por eventos
traumáticos asociados a accidentes de tránsito, laborales,
etc. En estas experiencias se destaca el orden de lo
inesperado, es decir el orden de lo abrupto que no puede
ser asimilado y simbolizado en un primer momento por el
sujeto. También están los casos en los que la amputación
es vivenciada como cancelación de dolor: llega luego de un
proceso, en la mayoría de los casos dolorosos, de úlceras,
infecciones, intervenciones de toilette3 y amputaciones
sucesivas en el mismo miembro. Algunas/os pacientes
solicitan ellas/os mismas/os que se les realice la amputación
del miembro.
El efecto que generó la amputación en cada participante es
una temática recurrente en ambos grupos. Se sitúan
algunas posiciones de resistencia, en donde todo sigue
igual, sin dar cuenta de la presencia de malestar a partir del
evento de salud: “no me cambió en nada, estoy como
antes”, suelen decir. Dicha perspectiva tiene efecto en
las/os participantes que no se perciben de ese modo,
generando intercambios que ponen en evidencia a quienes
no logran aceptar su condición actual, en quienes
predomina una actitud de indiferencia ante las nuevas
limitaciones. Otras/os integrantes pueden dar cuenta de las
dificultades reales en sus actividades de la vida diaria a
partir del evento de salud. También están aquellos sujetos
en donde la angustia, la incertidumbre y el enojo
predominan en su discurso.
Muchas personas con diagnóstico de amputación suponen
sus rutinas pausadas transitoriamente, considerando que
la prótesis permitirá el retorno al estado anterior,
cancelando de este modo el proceso de duelo necesario
para la elaboración de la pérdida real de una parte de su
propio cuerpo. En este contexto, el grupo funciona como
sostén imaginario para los distintos participantes, sus
singularidades y modos de tramitar su condición actual,
dando lugar a la trama grupal que propone Jasiner (4), ese
tejido colectivo que produce morada en el escuchar al otro
y donde aparece la coordinadora como una tejedora. Es
decir, se pasa de lo homogéneo a lo heterogéneo, condición
necesaria para que emerja lo singular. En este sentido, tejer
trama es necesario para el anudamiento de subjetividades,
además de bordear el malestar, la incertidumbre, hacer
más llevaderos los tiempos de espera y permitir producir
nuevos modos de sostener y sostenerse, no sólo en el
proceso de rehabilitación, sino también en la vida cotidiana.
Cada sujeto realiza su propio proceso de duelo frente a la
pérdida real de un miembro de su cuerpo. En algunas/os la
angustia y el enojo se hacen protagonistas de la situación,
como se mencionó anteriormente, mientras que en
otras/os predominan aspectos de índole renegatorio como
recurso defensivo. En este sentido, se entiende a la
renegación como modo de defensa consistente en que el
sujeto rehúsa reconocer la realidad de una percepción
traumatizante (8).
Durante el tiempo que transcurre desde el inicio de ambos
grupos, hay participantes que adquieren su prótesis y este
acontecimiento inaugura un nuevo abanico de
posibilidades, representaciones y mitos respecto al uso de
la misma. Emerge una narrativa vinculada al temor de esta
nueva configuración corporal y los miedos propios de esta
circunstancia. Aparece la desilusión de la tan esperada
prótesis, donde las y los participantes comienzan a asimilar
que el uso del equipamiento no es tarea sencilla, ya que hay
exposición a nuevos riesgos: caídas, dolores y heridas. Así
como también surge la esperanza de volver al estado
previo a la amputación recuperando la autonomía,
independencia y retorno a las rutinas previas. En
contraposición, se presentan algunas dificultades ligadas a
la internalización del nuevo patrón de marcha4 y de la
adaptación al equipamiento.
Es en esta coyuntura que la experiencia de quienes están
más avanzadas/os con los tiempos de la rehabilitación
repercute en las/os demás integrantes del grupo,
generando momentos de ansiedad y también de decepción
en quienes empiezan a escuchar relatos que no coinciden
con lo que anhelan en el proceso de rehabilitación.
Es recurrente que en los encuentros grupales se compartan
experiencias y estrategias que cada una/o fue encontrando
ante vicisitudes que se van presentando en la vida
cotidiana a partir de la amputación. Ejemplo de ello es el
abordaje de la sensación fantasma o dolor de miembro
fantasma en una amputación adquirida, es decir, la
percepción de que existe algún sentimiento desagradable o
dolor en la amputación (10). Esta temática en particular
está presente en los encuentros donde se comparten las
estrategias que cada una/o fue encontrando para hacer
más tolerable dicha percepción.
Encuentro tras encuentro aparece una multiplicidad de
voces que da lugar a la posibilidad de narrar en el grupo
aquello que en el círculo familiar no se puede decir. Porque
expresar el propio malestar produce dolor, culpa, angustia.
En muchos casos se presenta el temor de que dichas
sensaciones se extiendan a su círculo íntimo produciendo
una carga. También se encuentran situaciones en donde el
vínculo con su red de apoyo estaba resquebrajado
previamente, exacerbando aún más los conflictos y
tensiones a partir de la demanda de cuidado y atención,
causando sensación de ser una molestia para los demás.
Se escucha en estos casos en particular el rol de los
familiares y parejas en la toma de decisión de la
amputación, vivenciada en la mayoría de los casos como un
modo de resistencia, siendo la misma persona amputada
quien otorga sostén y contención a las/os demás. En el
grupo se reactualizan las relaciones externas y lo que ellas
producen a partir del evento. Cuando se ingresa a un
contexto terapéutico grupal, se brinda la oportunidad de
desarrollar nuevas y diferentes narraciones que permiten
una gama ampliada de mediación alternativa a la
disolución del problema (11).
Rol de las coordinadoras
Desde el lugar de profesionales de la salud en general, y
particularmente desde la psicología y el trabajo social, el
equipo apuesta a acompañar la convergencia de
singularidades, permitiendo encontrar modos alternativos
de entramar nuevos sentidos a la realidad actual de cada
participante desde un dispositivo grupal. De esta manera,
se habilita la posibilidad de cuestionar y reeditar maneras
de transitar la cotidianeidad, dando apertura a la
intersubjetividad. Se entiende aquí por intersubjetividad a
la relación establecida entre varios seres con el objetivo de
llegar al conocimiento, cuyas características principales se
reducen a la comparecencia actual de los interlocutores, a
la proximidad y a la permuta de opiniones entre los sujetos.
Lo intersubjetivo apela a la disposición del yo a los otros, a
la interacción mutua, donde la interdependencia gobierna
los lazos rectores de los hombres, de los grupos y de sus
actividades (3).
El equipo propicia la construcción de nuevos sentidos,
haciendo hincapié en las particularidades de cada
participante, entendiendo que cada proceso de
rehabilitación es único para esa persona y su contexto en
ese momento, habilitando la posibilidad de compartir
experiencias individuales y fomentando nuevas
interpretaciones a partir del acontecer grupal.
Desde la coordinación del espacio, se considera
fundamental problematizar lo que les está ocurriendo a las
y los participantes, evitar el cierre de sentidos y validar la
presencia de angustia como parte de un proceso de duelo
que están vivenciando, siendo necesaria la circulación de
esas manifestaciones dentro de la dinámica grupal.
Generar el espacio para que las personas participantes
puedan decidir sobre qué se trabaja en cada encuentro, es
central para que el propio grupo sea protagonista de la
producción de nuevos sentidos. Se considera a esta
característica como fundamental para implementar el
dispositivo como una buena práctica, siendo las/os
mismas/os usuarias/os quienes de un modo activo
fomentan y transmiten aquello que se gesta dentro de la
dinámica grupal.
Este tipo de abordaje se correlaciona con una orientación
no directiva, donde la/el profesional permite la expresión
libre y creativa del grupo, conduciendo a partir de los
fenómenos y contenidos que van surgiendo, para que
las/os participantes puedan expresar sus emociones y
comprender sus comportamientos y actitudes para
alcanzar sus objetivos (11).
REFLEXIONES FINALES
El abordaje grupal interdisciplinario para pacientes con
diagnóstico de amputación resulta propicio para habilitar
nuevos sentidos a la pérdida. Se considera que el
dispositivo facilita a quienes participan a partir de la
resignificación del evento de salud como un modo
compartido, desde el entrelazamiento de historias
singulares. Si bien el grupo se conforma a partir de una
trayectoria de salud común, el modo de transitar es
particular en cada caso. El intercambio de los avatares,
incertidumbres y también satisfacciones que cada
momento del proceso implica para quien se encuentra
inmersa/o en el mismo, se logra a partir del dispositivo
grupal, situación que en el abordaje individual no aparece
dado. De este modo, el poder encontrar un grupo de
pertenencia, en el cual confiar y compartir las
particularidades que la nueva condición de salud genera,
así como también nutrirse de la experiencia de pares y
constituirse en un espacio de reflexión común, resulta
beneficioso y facilita el proceso de rehabilitación de cada
sujeto.
Se considera que la posibilidad de replicar el dispositivo
puede resultar beneficiosa tanto para las/os usuarias/os,
como así también para los equipos de salud. Asimismo, se
apuesta a la reinvención de sentidos a partir del efecto que
la grupalidad genera en la subjetividad de cada integrante.
Poder repensar el posicionamiento y la presentación inicial
de cada una/o frente al evento de salud, habilitando nuevas
preguntas, nuevos modos de verse en situación, así como
también siendo más permeables a la posibilidad de permitir
ser ayudados, escuchados y acompañados en el proceso de
rehabilitación, es necesario para llevar adelante sus pesares
y traumas.
Este tipo de experiencias irrumpe lo instituido dentro las
dinámicas hospitalarias, rompiendo con la rutina y la
enajenación diaria, generando movimiento en pos de la
necesidad de apropiarse de espacios y conquistarlos y
favoreciendo el dinamismo en los abordajes. En este
sentido, aparece el encuentro que permite la mirada de
otras y otros, dando lugar a la empatía, a la solidaridad y,
sobre todo, a la escucha atenta.
RB
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Cómo citar este artículo:
Arabi M, García Sánchez MC. Abordaje grupal de pacientes con amputación de miembros inferiores: una mirada interdisciplinaria en una
institución de salud pública (2023-2024). Salud Publica [Internet]. 2026 Abr [fecha de consulta]; 5. Disponible en: URL del artículo.
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REVISTA DEL MINISTERIO DE SALUD DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES
Salud Publica 2026 Abr; 5