
Antes de adentrarnos en el mundo de la salud digital, es
parezca anacrónica, sigue siendo profundamente
relevante: ¿qué tipo de Estado queremos? Las posibles
de políticas públicas capaces de impulsar y fortalecer lo que
hoy conocemos como salud digital, mientras que otros
podrían desvanecer cualquier esperanza de aprovechar
esta herramienta transformadora para integrar nuestro
preocupante que, en Argentina, no solo debatamos sobre
la implementación o no de políticas públicas en salud
digital, sino que aún estemos obligados a discutir un dilema
construir. Debate que aparece a lo largo de toda nuestra
historia y que buscaremos esquematizar para exponer las
país que pugnan por gobernar nuestra patria. Una vez
conveniente, posible y loable desarrollar políticas públicas
en salud digital en pos de desfragmentar nuestro sistema
de salud.
públicas cobra especial relevancia al analizar las
posibilidades de integrar un sistema sanitario. La capacidad
de garantizar un acceso universal, equitativo y de calidad
depende, en gran medida, del modelo de Estado que como
sociedad decidamos adoptar y construir.
En un contexto dominado por la fragmentación sanitaria, la
integración no es solo un ideal, sino una necesidad urgente.
Esta integración debe estar enmarcada en un proceso
la capacidad de respuesta, la inversión, la infraestructura,
los salarios de sus trabajadores, la inclusión y la justicia en
el acceso a los servicios. Cuestiones que deben estar
saldadas para no caer en un “fetichismo tecnológico”1 que
de por sí solo no va a resolver los problemas estructurales
de nuestro sistema. Sin embargo, para alcanzar este
queremos.
EL LIBRE MERCADO:
¿UNA SOLUCIÓN INSUFICIENTE?
El modelo de libre mercado, caracterizado por su
preferencia a la autorregulación y a la minimización del rol
del Estado, ha demostrado ser incapaz de resolver los
problemas estructurales de los sistemas sanitarios. Un
ejemplo es Estados Unidos, donde millones de personas
el Commonwealth Fund (Fondo de la Mancomunidad), que
compara el sistema de salud estadounidense con los
Francia, Alemania, Países Bajos, Nueva Zelanda, Suecia,
Suiza y Reino Unido), su sistema sanitario se encuentra
para un país desarrollado (1). O el caso de Chile, donde la
privatización ha profundizado desigualdades en la calidad y
el acceso a los servicios, arrojando un dato alarmante: el
61% de la población se siente insatisfecha con la
disponibilidad de servicios de salud de calidad (2). Estos
casos evidencian los límites de este enfoque, cuyo modelo
prioriza lo rentable, excluyendo a los sectores de la
inmediato. La salud, entendida como un derecho
fundamental, no puede quedar sujeta a las leyes del
mercado. En este paradigma, las decisiones normativas
rentables, relegando problemas colectivos que no generan
recompensas, es crucial entender que muchas necesidades
de la salud pública no son rentables y requieren una
intervención decidida del Estado. Cambiar esta matriz de
pensamiento es esencial para garantizar la equidad y
justicia en la atención sanitaria.
EL ESTADO ACTIVO: EL CAMINO HACIA
LA SOBERANÍA Y LA INTEGRACIÓN
Por el contrario, un Estado activo, que asuma un rol central
desarrollo (I+D), es fundamental para garantizar la soberanía
tecnológica y la capacidad de implementar políticas de salud
digital efectivas. Este modelo no solo debe regular y
supervisar, sino también producir y liderar el desarrollo
tecnológico necesario para integrar el sistema sanitario. Por
supuesto, en coordinación con el sector privado. Este
enfoque, característico de un Estado de bienestar, busca
garantizar derechos esenciales, como el acceso universal a la
salud. El Estado de bienestar no solo promueve la justicia
social, sino que también crea las condiciones económicas
tengan acceso a servicios sanitarios de calidad. Al ofrecer
atención médica oportuna y recursos adecuados, se mejora
la calidad de vida de la población y se refuerza la cohesión
Francia, Alemania, Países Bajos, Nueva Zelanda, Suecia,
Suiza y Reino Unido, que se han utilizado para comparar el
de Estados Unidos mencionado anteriormente en el estudio
de comparación del fondo de la mancomunidad
administrativa, equidad y resultados de salud. Arrojando
como resultado que los mejores sistemas de salud son los de
Australia (3), Países Bajos (4) y el Reino Unido (5), donde sus
Estados se destacan por los niveles de inversión.
Informe Especial IE
SALUD
REVISTA DEL MINISTERIO DE SALUD DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES
1
Salud Publica 2026 Feb; 5
Antes de adentrarnos en el mundo de la salud digital, es
parezca anacrónica, sigue siendo profundamente
relevante: ¿qué tipo de Estado queremos? Las posibles
de políticas públicas capaces de impulsar y fortalecer lo que
hoy conocemos como salud digital, mientras que otros
podrían desvanecer cualquier esperanza de aprovechar
esta herramienta transformadora para integrar nuestro
preocupante que, en Argentina, no solo debatamos sobre
la implementación o no de políticas públicas en salud
digital, sino que aún estemos obligados a discutir un dilema
construir. Debate que aparece a lo largo de toda nuestra
historia y que buscaremos esquematizar para exponer las
país que pugnan por gobernar nuestra patria. Una vez
conveniente, posible y loable desarrollar políticas públicas
en salud digital en pos de desfragmentar nuestro sistema
públicas cobra especial relevancia al analizar las
posibilidades de integrar un sistema sanitario. La capacidad
de garantizar un acceso universal, equitativo y de calidad
depende, en gran medida, del modelo de Estado que como
sociedad decidamos adoptar y construir.
En un contexto dominado por la fragmentación sanitaria, la
integración no es solo un ideal, sino una necesidad urgente.
Esta integración debe estar enmarcada en un proceso
la capacidad de respuesta, la inversión, la infraestructura,
los salarios de sus trabajadores, la inclusión y la justicia en
el acceso a los servicios. Cuestiones que deben estar
saldadas para no caer en un “fetichismo tecnológico”1 que
de por sí solo no va a resolver los problemas estructurales
de nuestro sistema. Sin embargo, para alcanzar este
EL LIBRE MERCADO:
¿UNA SOLUCIÓN INSUFICIENTE?
El modelo de libre mercado, caracterizado por su
preferencia a la autorregulación y a la minimización del rol
del Estado, ha demostrado ser incapaz de resolver los
problemas estructurales de los sistemas sanitarios. Un
ejemplo es Estados Unidos, donde millones de personas
el Commonwealth Fund (Fondo de la Mancomunidad), que
compara el sistema de salud estadounidense con los
Francia, Alemania, Países Bajos, Nueva Zelanda, Suecia,
Suiza y Reino Unido), su sistema sanitario se encuentra
para un país desarrollado (1). O el caso de Chile, donde la
privatización ha profundizado desigualdades en la calidad y
el acceso a los servicios, arrojando un dato alarmante: el
61% de la población se siente insatisfecha con la
disponibilidad de servicios de salud de calidad (2). Estos
casos evidencian los límites de este enfoque, cuyo modelo
prioriza lo rentable, excluyendo a los sectores de la
inmediato. La salud, entendida como un derecho
fundamental, no puede quedar sujeta a las leyes del
mercado. En este paradigma, las decisiones normativas
rentables, relegando problemas colectivos que no generan
recompensas, es crucial entender que muchas necesidades
de la salud pública no son rentables y requieren una
intervención decidida del Estado. Cambiar esta matriz de
pensamiento es esencial para garantizar la equidad y
justicia en la atención sanitaria.
EL ESTADO ACTIVO: EL CAMINO HACIA
LA SOBERANÍA Y LA INTEGRACIÓN
Por el contrario, un Estado activo, que asuma un rol central
desarrollo (I+D), es fundamental para garantizar la soberanía
tecnológica y la capacidad de implementar políticas de salud
digital efectivas. Este modelo no solo debe regular y
supervisar, sino también producir y liderar el desarrollo
tecnológico necesario para integrar el sistema sanitario. Por
supuesto, en coordinación con el sector privado. Este
enfoque, característico de un Estado de bienestar, busca
garantizar derechos esenciales, como el acceso universal a la
salud. El Estado de bienestar no solo promueve la justicia
social, sino que también crea las condiciones económicas
tengan acceso a servicios sanitarios de calidad. Al ofrecer
atención médica oportuna y recursos adecuados, se mejora
la calidad de vida de la población y se refuerza la cohesión
Francia, Alemania, Países Bajos, Nueva Zelanda, Suecia,
Suiza y Reino Unido, que se han utilizado para comparar el
de Estados Unidos mencionado anteriormente en el estudio
de comparación del fondo de la mancomunidad
administrativa, equidad y resultados de salud. Arrojando
como resultado que los mejores sistemas de salud son los de
Australia (3), Países Bajos (4) y el Reino Unido (5), donde sus
Estados se destacan por los niveles de inversión.
Antes de adentrarnos en el mundo de la salud digital, es
parezca anacrónica, sigue siendo profundamente
relevante: ¿qué tipo de Estado queremos? Las posibles
de políticas públicas capaces de impulsar y fortalecer lo que
hoy conocemos como salud digital, mientras que otros
podrían desvanecer cualquier esperanza de aprovechar
esta herramienta transformadora para integrar nuestro
preocupante que, en Argentina, no solo debatamos sobre
la implementación o no de políticas públicas en salud
digital, sino que aún estemos obligados a discutir un dilema
construir. Debate que aparece a lo largo de toda nuestra
historia y que buscaremos esquematizar para exponer las
país que pugnan por gobernar nuestra patria. Una vez
conveniente, posible y loable desarrollar políticas públicas
en salud digital en pos de desfragmentar nuestro sistema
públicas cobra especial relevancia al analizar las
posibilidades de integrar un sistema sanitario. La capacidad
de garantizar un acceso universal, equitativo y de calidad
depende, en gran medida, del modelo de Estado que como
En un contexto dominado por la fragmentación sanitaria, la
integración no es solo un ideal, sino una necesidad urgente.
Esta integración debe estar enmarcada en un proceso
la capacidad de respuesta, la inversión, la infraestructura,
los salarios de sus trabajadores, la inclusión y la justicia en
el acceso a los servicios. Cuestiones que deben estar
saldadas para no caer en un “fetichismo tecnológico”1 que
de por sí solo no va a resolver los problemas estructurales
de nuestro sistema. Sin embargo, para alcanzar este
¿UNA SOLUCIÓN INSUFICIENTE?
El modelo de libre mercado, caracterizado por su
preferencia a la autorregulación y a la minimización del rol
del Estado, ha demostrado ser incapaz de resolver los
problemas estructurales de los sistemas sanitarios. Un
ejemplo es Estados Unidos, donde millones de personas
el Commonwealth Fund (Fondo de la Mancomunidad), que
compara el sistema de salud estadounidense con los
Francia, Alemania, Países Bajos, Nueva Zelanda, Suecia,
Suiza y Reino Unido), su sistema sanitario se encuentra
para un país desarrollado (1). O el caso de Chile, donde la
privatización ha profundizado desigualdades en la calidad y
el acceso a los servicios, arrojando un dato alarmante: el
61% de la población se siente insatisfecha con la
disponibilidad de servicios de salud de calidad (2). Estos
casos evidencian los límites de este enfoque, cuyo modelo
prioriza lo rentable, excluyendo a los sectores de la
inmediato. La salud, entendida como un derecho
fundamental, no puede quedar sujeta a las leyes del
mercado. En este paradigma, las decisiones normativas
rentables, relegando problemas colectivos que no generan
recompensas, es crucial entender que muchas necesidades
de la salud pública no son rentables y requieren una
intervención decidida del Estado. Cambiar esta matriz de
pensamiento es esencial para garantizar la equidad y
justicia en la atención sanitaria.
EL ESTADO ACTIVO: EL CAMINO HACIA
LA SOBERANÍA Y LA INTEGRACIÓN
Por el contrario, un Estado activo, que asuma un rol central
desarrollo (I+D), es fundamental para garantizar la soberanía
tecnológica y la capacidad de implementar políticas de salud
digital efectivas. Este modelo no solo debe regular y
supervisar, sino también producir y liderar el desarrollo
tecnológico necesario para integrar el sistema sanitario. Por
supuesto, en coordinación con el sector privado. Este
enfoque, característico de un Estado de bienestar, busca
garantizar derechos esenciales, como el acceso universal a la
salud. El Estado de bienestar no solo promueve la justicia
social, sino que también crea las condiciones económicas
tengan acceso a servicios sanitarios de calidad. Al ofrecer
atención médica oportuna y recursos adecuados, se mejora
la calidad de vida de la población y se refuerza la cohesión
Francia, Alemania, Países Bajos, Nueva Zelanda, Suecia,
Suiza y Reino Unido, que se han utilizado para comparar el
de Estados Unidos mencionado anteriormente en el estudio
de comparación del fondo de la mancomunidad
administrativa, equidad y resultados de salud. Arrojando
como resultado que los mejores sistemas de salud son los de
Australia (3), Países Bajos (4) y el Reino Unido (5), donde sus
Estados se destacan por los niveles de inversión.
En este contexto, la salud digital puede ofrecer soluciones
concretas a los desafíos de la fragmentación. Ya que, a la
los problemas que afectan al conjunto de las mayorías que
conforman nuestra sociedad. Por lo tanto, si el primer paso
ampliamente representado.
El caso de la Historia de Salud Integrada (HSI), desarrollada
por el Instituto Pladema y la Universidad Nacional del
Centro, implementada con éxito por el Ministerio de Salud
de la provincia de Buenos Aires en la ciudad de Avellaneda,
puede transformar el sistema de salud. Este sistema, que
permite centralizar y compartir información clínica en tiempo
real, ha optimizado los recursos y mejorado la calidad de
atención. Demandas históricas de pacientes, profesionales y
trabajadores en general del propio sistema sanitario.
EXPERIENCIAS LOCALES: AVELLANEDA
Alineados bajo las ideas de un Estado presente, para
implementar la HSI en Avellaneda, se realizó un
relevamiento integral de los 37 centros de salud
municipales. Como señala Subirats (6), “se trata, en primera
instancia, de aprovechar toda la información acumulada
sobre el problema para transformarla en información sobre
las alternativas de acción posibles. Este trabajo de
consecuencias negativas de las acciones a emprender y
controlar el curso de la acción”. El relevamiento abarcó
infraestructura, conectividad, equipamiento, equipos de
salud, recursos y demandas postergadas. Este diagnóstico
entre el equipo implementador de la Provincia de Buenos
Aires (PBA) y el equipo local de salud digital, abordando
tanto el proceso de implementación como el traspaso de
tareas y soporte que actualmente lidera el municipio,
garantizando el piso técnico necesario en conectividad para
todos sus centros de salud. Esto último demandó una
de salud, funcionando como una mesa de ayuda tipo 1.
Estos grupos permitieron coordinar capacitaciones,
resolver consultas sobre el uso de la HSI, atender reclamos,
sugerencias y brindar soporte.
Tras completar la implementación en los primeros 10 centros
de salud (correspondientes a los grupos 1 y 2), se alcanzó una
mayor autonomía en el proceso, asumiendo la implementación
de los 27 efectores restantes (grupos 3, 4, 5 y 6).
El uso de la HSI ha conectado los 37 centros de salud
municipales, garantizando que la información del paciente
ARK CAICYT: https://id.caicyt.gov.ar/ark:/s30087074/h2lbrcojc